Por fin tengo un aliado: es el gobernador de la provincia cuando habla en el mismo sentido refiriéndose a los quejosos que necesitan del sostenimiento del Estado por momentos y, por otro lado, cuando aumentan sus ingresos no aportan nada o casi nada a las soluciones.
Desde hace tiempo vengo sosteniendo la revisión del Plan Estratégico Vitivinícola PEVI, creado por Ley 25.849 hace más de una década y que a la postre los resultados no han sido los esperados a excepción del programa Proviar, financiado por el BID. Hoy la pregunta es si sirve o no la Coviar y para qué.
El precio del vino se ha visto tonificado exclusivamente por cuestiones climáticas ya que las dos últimas cosechas han sido las peores en los últimos 50 años, lo cual demuestra que la industria vitivinícola no tiene una política sustentable de crecimiento a través del tiempo.
Hemos realizado varias propuestas al respecto como la afectación del pago de fletes desde el lugar de origen al puerto de salida declarados por el exportador, al pago de contribuciones patronales o al pago de anticipos de ganancias. El reintegro del IVA a las exportaciones en el corto plazo o la aplicación de ese reintegro al pago automático de impuestos nacionales. Reducción de las retenciones o simplemente la eliminación de las mismas. Incorporación de un monto por litro a la exportación de caldos a Rusia para sacar excedentes vínicos.
Declaración de emergencia agropecuaria por razones climáticas con la consecuente prórroga en el pago de créditos e impuestos nacionales, sólo por citar algunas.
Existen situaciones que han sido determinantes a través del tiempo para la industria, como es la concentración de la actividad, el cierre en forma paulatina pero sostenida de bodegas y obviamente el abandono de plantaciones por parte de los productores con el consiguiente traslado a las zonas urbanizadas buscando nuevos horizontes.
Cuando en 2014 hicimos una advertencia de la situación a través de una solicitada desde el Partido Demócrata, fuimos seriamente criticados por Coviar y algunas otras que son sólo sellos de goma. Pero el tiempo nos dio la razón porque no se han producido cambios estructurales serios y en beneficio de la actividad.
Los resultados avalan lo que digo; lo demás es pura retórica. Por el contrario, se siguen cerrando bodegas y se abandonan viñedos según informaciones oficiales provenientes del INV e inclusive del Departamento General de Irrigación. Lo más preocupante, ahora, es el avance de las importaciones de caldos que a finales de julio acumulaban 62.000.000 de litros de vinos tintos según la Aduana Chilena que es fuente confiable, distribuidos en Mendoza el 70% y el resto en otras provincias, sin haber realizado nada o prácticamente nada las instituciones del sector que integran Coviar, con las excepciones del caso.
Pareciera que los bodegueros integrantes de las mismas se benefician con la importación de caldos en detrimento de mejorar sustancialmente los precios a nuestros productores alegando razones de quedar fuera del mercado por la elevación de precios.
Cuando desde el Congreso de la Nación logré la aprobación de la ley 27.227 para combatir la Polilla de la Vid lo tuve que hacer en una soledad absoluta excepto con honrosas excepciones como la del diputado Carmona, de privados y del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este. También solicité información por escrito de los ingresos y gastos de Coviar, de los cuales nunca recibí absolutamente nada.
Hoy han incrementado la tarifa por encima de la inflación y en esto estamos en consonancia con las declaraciones del Sr. Gobernador de la Provincia sin aportar solución alguna a la actividad.
Incluso, hacen terrorismo con insinuaciones de aplicaciones de impuestos nacionales al vino, que han tenido que ser desmentidos por el Gobierno provincial y por el propio presidente de la Nación.
El inconformismo es tan grande que ya el problema se ha trasladado al Gobierno nacional generando otro fracaso más de las autoridades y poniendo en tela de juicio si es válido el incremento en la tarifa cuando seis de las trece votaron en contra sabiendo que hay agrupaciones que sólo son, como decía, un sello de goma sin ninguna representatividad.