La suba del precio del boleto de micros en Mendoza no debería sorprender, salvo por la magnitud y la oportunidad. Decimos que no debería sorprender porque desde la última modificación se sucedieron grandes aumentos en los combustibles y en los demás rubros que componen los costos empresarios, además de los aumentos salariales.
El año pasado, el gobierno nacional había decidido que los subsidios al transporte se abonaran asignando una suma fija, de la cual el 75% se destinaba a la Capital Federal y Gran Buenos Aires. Pero el mismo gobierno nacional debió producir un aumento en su jurisdicción, ya que elevó el boleto a $ 2,50 si se paga con la tarjeta SUBE y $ 5 si se abona en efectivo. Además, colocó molinetes en las estaciones de trenes para pagar pasajes con la tarjeta SUBE.
La magnitud del aumento sorprende pero deja entrever una realidad. La inflación desactualizó el monto fijo de los subsidios y había que aumentarlos o trasladarlos. Ni la Nación ni las provincias pueden seguir aumentando los subsidios y decidieron trasladarlos a los usuarios. Si se hubiera hecho de forma racional y gradual, cada aumento hubiera sido más leve pero, al dejar pasar el tiempo, se les vinieron todas las necesidades juntas, como era de prever.
El panorama no luce bien y el gobierno deberá estar muy atento a la evolución de los costos para no desactualizar la tarifa. Desde ya, el sector combustibles prepara nuevos incrementos, apañándose en la suba del valor del dólar oficial (pero también mirando el “blue”). Además, vienen paritarias (dicen que quieren un 35% de aumento).
Lo que sorprende es la oportunidad. Decimos esto porque era mucho más importante atacar los subsidios a la energía y el gas. El colectivo es usado por sectores trabajadores, principalmente, pero hay muchas residencias de alto precio que siguen gozando de subsidios energéticos.
El problema es que el gobierno nacional sintió la presión de los usuarios por los cortes de luz y sacar los subsidios implica un costo político para la Presidenta. En cambio, la suba del colectivo la tiene que enfrentar sólo el gobernador.
Además, el tema de la energía es más complejo. Si se sacan los subsidios, la gente pagará la tarifa pura, la que no se actualiza desde 2003, lo que ha provocado el colapso de generadoras y distribuidoras. O sea, si se sacan los subsidios, tendríamos una tarifa con 10 años de atraso.
Con este panorama, y con el discurso de estar en contra de los ajustes, el gobierno se enfrenta a problemas serios de caída de la recaudación por menor actividad económica y caída en las reservas por menor volumen de exportaciones.
Todo como consecuencia de las políticas inflacionarias que están asfixiando no sólo a sectores productivos sino a los mismos trabajadores a los que dice beneficiar.