La belleza de las paradisiacas playas caribeñas se ha visto opacada por un visitante indeseado. El exceso de algas marinas ha causado que las aguas, normalmente cristalinas, parezcan un río barroso con olor a podrido.
La belleza de las paradisiacas playas caribeñas se ha visto opacada por un visitante indeseado. El exceso de algas marinas ha causado que las aguas, normalmente cristalinas, parezcan un río barroso con olor a podrido.
Se trata del sargazo que están invadiendo las costas de las playas más frecuentadas por los turistas del mundo entero. Debido a la gran cantidad acumulada, las lanchas de pescadores no consiguen arrancar. Los peces mueren porque las algas absorben el oxígeno. Las tortugas no pueden anidar y si lo logran, sus crías no alcanzan el mar.

En las Islas Vírgenes británicas la acumulación del alga alcanza los dos metros de espesor. El agua turquesa de Punta Cana se ha vuelto marrón y Barbados ha declarado emergencia nacional.
México, por otro lado, ha recurrido a la Marina para remover el alga en un intento por recuperar la belleza de Cancún. Esto sin contar los daños económicos que ha producido en la pesca y el turismo, que aún no han sido cuantificados.
Expertos estadounidenses aseguran que si Brasil no detiene la deforestación del Amazonas, los turistas deberán "acostumbrarse" a este nuevo panorama.
El mayor temor es que el problema se convierta en algo permanente y las paradisiacas postales de esas playas se conviertan en solo un recuerdo.
"El principal problema es el río Amazonas. El segundo, el calentamiento global. Mientras más caliente esté el agua, más se reproduce", explicó Steve Leatherman, experto en medio ambiente de la Universidad Internacional de Florida (FIU).
Según los científicos, en 2011 aumentó la agricultura en la región brasileña del río Amazonas. Esto derivó en un mayor uso de fertilizantes, porque, para sembrar más, los cultivadores que deforestan la selva obtienen a cambio un suelo muy pobre de barro rojo.

Estos fertilizantes son arrastrados al río Amazonas y terminan vertiéndose en el océano Atlántico, donde fertilizan exageradamente a las algas. El resultado es que "hay 20, 30, 50 veces más, 100 veces más sargazo del que hubo nunca antes", dijo Leatherman.
"Creemos a partir de ahora las cosas serán de esta manera y habrá que buscar soluciones", advierte el experto mientras camina entre las algas que invaden Miami Beach.
"Lo que ocurre en el océano Atlántico está bien. Pero esto ahora es un desastre económico y medioambiental", agregó.

Un estudio de la Universidad del Sur de Florida (USF) publicado en julio por la revista Science dice que probablemente este problema, que comenzó en 2011 con picos de hipertrofia en 2015 y 2018, ha llegado para quedarse.
Los investigadores lo bautizaron "El Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico (GCSA)". En 2015 y 2018, se extendió más de 8.850 Km. En junio del último año, su biomasa alcanzó más 20 millones de toneladas.