El agua tiene sus ciclos naturales que funcionan dentro del equilibrio natural de los ecosistemas originales. No obstante, el hombre, especialmente en el último siglo, ha ido alterando ese equilibrio natural y con ello el funcionamiento de todos los ecosistemas que espontáneamente tienden a restablecer ese equilibrio perdido de otras formas y en otros niveles. Así, tenemos cambios permanentes en el ciclo natural del agua que vienen ocurriendo año tras año a consecuencia de lo que acabamos de explicar, cuyos efectos se notan por regiones diferentes de la Tierra.
En los mares la energía solar es la que provoca la evaporación del agua por calentamiento según las zonas, así como también en los ríos y los reservorios de agua, es decir, lagos, lagunas y humedales. También, y en menor medida, se produce evaporación de agua en las plantas y animales por transpiración.
En general y de acuerdo a su grado de desarrollo los países han tomado conciencia de la importancia del agua dulce principalmente por su escasez, pero su preocupación no termina allí sino que pasa también por su pureza, su distribución y la dificultad que con frecuencia presentan sus fuentes de abastecimiento.
Hay que recordar que 97,5% del agua del mundo es salada y que solo 2,5% es dulce, que es la que sirve para la vida. También debemos saber que de este 2,5%, 77,2% es agua en estado sólido existente en los polos y montañas bajo la forma de hielos eternos y glaciares, y por lo tanto no está disponible para el consumo humano masivo.
El agua líquida a nuestra disposición, sin contar el volumen contaminado, es 22,4% de aquel 2,5% sabiendo que está aprisionada en el subsuelo terrestre y 0,36% que es conformada por lagos, ríos y pantanos, sobrando solo 0,04% que está en flotación en la atmósfera y que, por esa razón, no está disponible para nuestro consumo aunque sí para contribuir a la definición del clima. Esto quiere decir que el problema del agua es real, al menos, mientras no descubramos cómo podemos usar el agua de los océanos para desarrollar la vida terrestre o encontrar nuevos métodos para poner más agua potable disponible para el consumo humano que el porcentaje que hemos explicado como disponible, aunque, como dijimos, en su mayor parte contaminado.
En ese marco, hay países, y no es por casualidad que son los más desarrollados económica y socialmente, que están consiguiendo procesar el agua y brindar a sus poblaciones un elemento de alta calidad merced al cuidado de sus fuentes, al tratado de residuales, a la educación necesaria para evitar la polución, al mantenimiento eficiente y permanente de sus redes de distribución y a su ahorro y uso con moderación.
El resto del mundo debe lidiar con la escasez, el sobreuso, el desperdicio o la contaminación y a pesar de que algunos países, incluyendo a los Estados Unidos, invierten muchos recursos en la conservación y purificación del agua, no han conseguido todavía un estado al menos satisfactorio en cuanto a la calidad y cantidad del elemento que ofrecen a sus pueblos. Las fuentes de contaminación son muchas y afectan la calidad del agua de variadas formas, algunas de ellas de manera irreversible y el desperdicio más importante es medido por las deficiencias en las redes, básicamente por falta del debido mantenimiento y por las cuales se pierde entre 30 y 40% del recurso distribuido.
Pesticidas y fertilizantes contaminan las napas freáticas a través de la propia penetración o facilitada por las lluvias, y cuando éstas son muy violentas los contaminantes suelen llegar hasta ríos, arroyos y lagos. También los gases emitidos por las industrias y por los medios de transporte contaminan el aire y en consecuencia a las aguas cuando llueve, ya que arrastran el colchón de gases tóxicos acumulados en la atmósfera.
Las aguas servidas y las de residuos orgánicos sin tratamiento que se descargan en pozos ciegos o en cursos de agua son el contaminante por excelencia: en un caso contaminan las napas freáticas y en otros los cursos o los espejos de agua. Los residuos sólidos que se tiran desaprensivamente a los cursos de agua o espejos son del género de los contaminantes más comunes, como botellas plásticas y envases en general, y finalmente los basureros a cielo abierto, muy comunes cerca de las grandes ciudades, son también altos contaminantes de las napas.
El mayor derretimiento de glaciares está permitiendo la formación de más lagos de agua dulce en altura o también nuevos cauces de ríos que bajan hacia los valles o llanos. Este fenómeno llamado moulins coloca en peligro grandes cantidades de agua dulce que pueden perderse al ritmo del calentamiento global. Nuevos estudios aparecidos al promediar el 2008 y publicados en la revista Science dan cuenta de estos fenómenos, relativamente nuevos, que ahora están siendo estudiados en las más importantes universidades del mundo.
Los niveles de contaminación están directamente relacionados con la cantidad de población en cada región; en China, 80% de los mayores ríos están degradados y, consecuentemente, ya no proporcionan alimentos a sus habitantes. En los últimos años, toneladas de desechos industriales tóxicos y cloacales han inutilizado el agua potable a la población para consumo y también para irrigación. La India, que es el segundo país del mundo en población, no es la excepción. Su capital, Delhi, arroja al río Yamuna sus desechos que alcanzan a 200 millones de litros por día de aguas cloacales no tratadas.
En Mendoza bastaría con que sus habitantes o visitantes no usaran las acequias como su basurero personal.