Vitivinicultura: en medio de cambios profundos, mira el futuro con incertidumbre y pide políticas acordes

La vitivinicultura mira la próxima cosecha con recelo. El impacto de la incertidumbre, los cambios y la inexistencia de políticas según las diferentes miradas.

La vitivinicultura ha ingresado en una fuerte etapa desregulatoria que si bien es celebrada en general también ha dejado una serie de cabos sueltos que generan más dudas que certezas. Luego de la cosecha y en el inicio de las etapas de poda, cura y “mantenimiento” de los viñedos, el sector mira el futuro con incertidumbre debido a la suba de costos, precios desactualizados y sin financiamiento accesible.

La semana pasada la Justicia ordenó restituir los aportes obligatorios a la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en una medida cautelar hasta que se resuelva la cuestión de fondo. El organismo (o la obligatoriedad de aportar al Plan Estratégico Vitivinícola) marca una gran línea divisoria dentro de la vitivinicultura argentina que busca posicionarse y crecer de manera genuina. Cómo llegar, quiénes o cuántos podrán hacerlo y qué pasará en el medio son algunas de las preguntas que surgen.

Entre las diferencias de miradas, no obstante, existen muchas coincidencias y, entre otras, se destaca la urgencia por modernizar y eficientizar al sector. No es la única, el pedido de políticas acordes más allá de las desregulatorias también se hace sentir. No será la última crisis del sector, pero la política nacional parece priorizar otros sectores por encima de la agroindustria y las economías regionales.

“Hay una indiferencia hacia el sector que ya no está en la consideración política de nadie”, expresó Mauro Sosa, gerente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este. Desde Bodegas de Argentina (BA), su presidenta Patricia Ortiz observó que la agenda actual pasa por la competitividad, la apertura de mercados, la innovación, la sostenibilidad, la simplificación regulatoria y la generación de valor.

Viñedo vitivinicultura

En tanto, Fabián Ruggeri, presidente de Coviar, sumó que modernizar al sector implica hoy reducir la presión impositiva, mejorar el acceso al financiamiento y fortalecer el acompañamiento estatal en procesos de exportación. Desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (Foeva), Daniel Romero advirtió que la incertidumbre es la principal característica de la actividad.

Desigualdad entre actividades

El presidente de la Coviar, hay que establecer políticas de Estado y reglas claras que acompañen a la actividad. “La presión impositiva y la falta de crédito la deja en desventaja en comparación con los proyectos que entran en el RIGI”, advirtió Ruggeri que agregó que la Corporación gestiona diversas acciones para toda la vitivinicultura que –como otras economías regionales- aparecen dejadas de lado y en condiciones muy difíciles.

En consonancia, Mauro Sosa observó que “todos miran la energía y la minería”. También dijo que nunca han estado en desacuerdo con la diversificación de la matriz productiva con los debates y consensos necesarios, pero que todo lo relacionado con la vitivinicultura es respondido de la misma manera y desde la lejanía. “Dicen que es un problema entre particulares y que los gobiernos no deben intervenir; algo que no hace ningún país del mundo”, ahondó el referente del Centro de Viñateros y Bodegueros.

Con respecto a la situación actual, Ruggeri apuntó que el mercado externo ha mejorado, pero solo el vino en botella debido a que Argentina puede competir en precios. Desde su punto de vista, sería clave que todos los segmentos pudieran mejorar en especial el granel en un contexto en el que el mercado interno hoy está en baja.

Los acuerdos comerciales podrían redundar en mejores condiciones, pero sin costos acordes la pelea parece desigual. “Los dos mercados tienen que funcionar bien para complementarse y poder crecer. Para ello hacen falta políticas”, comentó el presidente de la Coviar.

Por otra parte, para Sosa, las mejores señales de las exportaciones son espasmódicas pero no alcanzan a reflejar los costos de la producción argentina. “Con un atraso cambiario en el medio se pierde doblemente terreno frente a otros competidores”, observó el dirigente del Este.

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En tanto, desde el punto de vista de Foeva el sector se encuentra con: uvas en bodega sin precio, menor circulación de trabajadores, salarios rezagados, caída del consumo y dificultades para. “Todo esto configura un escenario de fuerte incertidumbre para toda la cadena productiva”, detalló Romero.

Coyuntura y largo plazo

Con respecto a la bisagra actual de la vitivinicultura, Mauro Sosa expresó que en la actualidad hay una notable tensión financiera y económica en toda la cadena. “Con precios de traslado desactualizados y que no cubren los costos, no tenemos una buena perspectiva ya que la cadena de pago está rota, estirada y hay uva que todavía no ha sido cobrada por lo que se va a licuar su precio real”, subrayó Sosa.

Frente a este panorama desfasado entre precios y costos, Fabián Ruggeri admitió que hay muchos productores que no van a podar, verán qué hacen con los fertilizantes y prenderán el riego lo mínimo indispensable. En este marco, la próxima cosecha será menor y aunque esto podría servir para equilibrar los stocks, es probable que muchos se queden en el camino sin posibilidades de cambio de rumbo o apuestas sin financiamiento en líneas generales.

Desde Bodegas de Argentina, su presidenta Patricia Ortiz expresó que la discusión actual ya no pasa por cómo administrar la vitivinicultura que tenemos sino por cómo construir la vitivinicultura que necesitamos para competir en los próximos veinte años. La referente agregó que cambiaron los hábitos de consumo, aumentó la competencia internacional, aparecen nuevas categorías de bebidas y el contexto económico exige mayor competitividad.

“Creemos que el sector necesita discutir cómo adaptarse a esa realidad, revisar herramientas, instituciones y políticas que acompañen los desafíos actuales y futuros”, apuntó la presidenta de BA. Para esta entidad ya no se trata de reconversión sino de revisar modelos productivos, estrategias comerciales y formas de promoción con el objetivo de fortalecer a la vitivinicultura argentina y generar mejores oportunidades para productores y bodegas.

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