Adiós a un viajero del arte

Falleció a los 73 años el prestigioso artista visual, escultor y documentalista que trazó un puente cultural entre Mendoza y la India.

La vida de Pepe Ozán Lavoisier bien podría inspirar una novela. El hombre de barba blanca y sombrero de trotamundos fue, alguna vez, abogado y navegante. Muy joven, zarpó de todo conformismo, cruzó la cordillera para convertirse en navegante y, en los agitados años ’70, puso rumbo a la aventura.

Sus viajes en velero por el Pacífico lo llevaron desde las islas del Sur a las costas San Francisco, esa metrópoli vanguardista que por aquellos años palpitaba por las calles la Contracultura.

Allí, el hombre encontró por un tiempo su lugar en el mundo. Se hizo parte de aquella cosmopolita comunidad de artistas y se destacó como escenógrafo y escultor. Paralelamente, llegó a su otra pasión: el cine.

En 2000, Pepe Ozán debutó como documentalista de India junto a una fotógrafa brasileña: Melita Tchaikovsky. “Filmamos ‘Gangama’, un largo que muestra el peregrinaje más elevado de los hindúes. Ese recorrido que va desde la boca del Ganges hasta su fuente, en el Himalaya”, contó a Estilo en una entrevista de 2009.

Allí, la cámara intentó transmitir lo real inefable: “Una vida religiosa rodeada de arte, cultura, mantras, música”.

Más largometrajes de no-ficción asoman en la carrera de Ozán y una larga trayectoria como escultor que lo conecta con eventos fascinantes como el “Burning Man”. Incluso su nombre y sus obras (al margen de que sus esculturas adornan las plazas de San Francisco) ya son leyenda en ese magnífico festival que cada año se realiza en el desierto Black Rock, de Nevada.

Él mismo presentó a los mendocinos parte de ese gran trabajo efímero en una de las Pecha Kucha Night, demostrando cómo la apertura mental ha sido en su carrera la principal constante.

Por temporadas, Pepe regresaba a Mendoza (su tierra natal) para instalarse en la casa de La Crucesita, donde se reunía con su hermano Julio, a pensar viajes y filmaciones sobre la India, el destino que más los cautivó.

¿Por qué India?, le preguntamos a Pepe en una ocasión, cuando apenas se lanzaban los Ozán a proyectar el documental sobre ese país. “Vino a mí a través de la música, a través del sonido del bansuri, la flauta hindú”. Ahí nomás, acerca una cajita en cuya tapa aparece esa caña sin nudos; en la imagen, se ve al instrumentista. “Es Chaurasia, una leyenda de la música hindú”.

Como documentalista tenía un objetivo claro: “dar a conocer la verdadera espiritualidad de la India, una cultura compleja, antiquísima, poco comprendida en Occidente”. Ese afán los llevó a realizar juntos varios viajes al mundo de los brahamanes. De hecho, José regresó recientemente de un larga travesía (esta vez en solitario) de la que regresó con más de 16 horas de filmación.

Una versión acotada del material recopilado durante años se presentó en el pasado festival local Mendoc, bajo el título “Los hindúes”. Pero el proyecto merecía continuar y a eso se dedicó en los ùltimos meses.

Ahora, su hermano Julio buscará el modo de concluir semejante hazaña en la que se embarcaron. Su legado está presente.

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