14 de septiembre de 2013 - 21:46

De actor de reparto a extra en el tablero global

Debido al efecto que tuvieron las primarias en la relación argentina con el mundo, Estados Unidos nos retiró el apoyo en la disputa judicial contra los fondos buitre; en las últimas semanas se endureció la presión de la Unión Europea por las políticas com

Irse del poder es un ejercicio solitario, cruel. La voz que despertaba temores se diluye en la indiferencia; al mago que deslumbraba con sus trucos cualquiera le señala la carta en la manga.

Cristina Kirchner empieza a transitar ese destino después de la derrota electoral que nunca admitió. Sus candidatos se independizan de ella con propuestas tabú, los funcionarios admiten la existencia de los males que la propaganda oficial niega, los empresarios concurren a la enésima mesa de diálogo convocada en épocas de fragilidad, pero ya no esconden el escepticismo ni abusan del aplauso. Pero esas repentinas expresiones de libertad apenas se equiparan al efecto que tuvieron las primarias en la relación argentina con el mundo.

Estados Unidos le retiró el apoyo en la disputa judicial contra los fondos buitre que podría empujar al país al impensado abismo de otro default. Cristina Kirchner no pudo ocultar su bronca cuando sus diplomáticos le confirmaron que Barack Obama no pensaba revertir esa posición. La Casa Blanca advirtió sin vueltas que no intervendrá para ayudar a salir del laberinto a un gobierno al que percibe hostil justo cuando comienza a cristalizarse su declive electoral.

En España cambió la dinámica en el conflicto por la expropiación de las acciones de Repsol en YPF: hasta junio, Cristina Kirchner promovía la caída del presidente de la compañía, Antonio Brufau, para forzar un acuerdo que destrabara inversiones en el yacimiento de Vaca Muerta. Ahora es Brufau el que espera que se vaya ella y envía emisarios a la oposición. La Moncloa advierte que “no hay solución en el corto plazo”, a tal punto que Mariano Rajoy ni le pidió una reunión a la Presidenta en su reciente visita a Buenos Aires.

En esa disputa se involucró el gobierno de México, a través de la petrolera estatal Pemex, accionista minoritaria de Repsol. Aunque Pemex anunció su interés en Vaca Muerta, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, dio garantías a Rajoy de que no iba a avanzar si la Argentina no indemniza primero a Repsol.

En su viaje a Rusia, la Presidenta exhibió gran sintonía con el anfitrión Vladimir Putin. Pero no lo tentó con la idea de que las grandes energéticas rusas inviertan en el país, aun cuando le ofreció negocios para compensar la derrota de las empresas moscovitas que compitieron por construir las megarrepresas de Santa Cruz.

En las últimas semanas se endureció la presión de la Unión Europea por las políticas comerciales argentinas, a tal punto que Bruselas paralizó la negociación de un acuerdo con el Mercosur. Alarmada, la brasileña Dilma Rousseff amenaza ahora con avanzar sola. El eje bolivariano pierde su carácter chillón.

¿Qué habrá sentido Cristina al ver a Evo Morales abrazado al rey de España y a Rajoy en Madrid después del conflicto con el avión de la presidencia de Bolivia que hace dos meses agitó olas de indignación antieuropea?

Tal vez el ajuste de la diplomacia sea un próximo paso en el plan de moderación que ejecuta la Presidenta desde que asimiló la derrota, ahora que se anima a verbalizar el deseo de “llegar tranquila a 2015” . Tiene una ventaja: en el mundo no perciben interlocutores de peso fuera del kirchnerismo a la hora de pensar en un país que dejó de ser un actor de reparto para convertirse en un extra en el tablero de las potencias.

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