La cena realizada por Fecovita, que contó con una masiva participación de cooperativistas de todo el país, constituyó un momento propicio para conocer la opinión de gran parte de la industria sobre el presente y el futuro de la vitivinicultura.
La cena realizada por Fecovita, que contó con una masiva participación de cooperativistas de todo el país, constituyó un momento propicio para conocer la opinión de gran parte de la industria sobre el presente y el futuro de la vitivinicultura.
Hay coincidencias en señalar que el precio del mosto es interesante y que se va a exportar este año todo lo elaborado, pero también se coincidió en destacar que es mucho más seguro depender de un mercado, interno y externo de vinos embotellados, por los riesgos que puede acarrear un cambio en los commodities.
No se trató de declaraciones de determinado dirigente, sino de conversaciones mantenidas con los distintos sectores de la industria que también asistieron a la importante reunión de los cooperativistas.
A modo de conclusión, podría señalarse que persiste el optimismo dentro de la industria, pero sostienen que hay que seguir trabajando porque “es el momento de consolidar lo ganado”.
Para algunos de los dirigentes, hay que tener cuidado con lo que algunos denominan “la acechanza de los mercados externos” y aseguran que el objetivo a futuro, inmediato y mediato, debe pasar por producir vinos con valor agregado, en razón de que generan mercados que tienen mayor estabilidad.
“Cualquier otra situación trae siempre una acechanza”, dijo uno de los asistentes, poniendo como ejemplo lo sucedido con los vinos a granel, que pasan de negocios fantásticos a caer sorpresivamente en las exportaciones. Sostienen entonces que en ese tipo de productos el único atributo es el precio y, cuando se presentan competidores que también necesitan “sacar” sus vinos, como sucedió con los países europeos, la Argentina suele quedar afuera de los negocios.
En ese marco, se indica que es riesgosa la política de San Juan, de fundamentarse en el mosto como única salida. “Derivar a mosto el 50 ó el 60 por ciento de la producción es un riesgo”, se indicó, agregando que “si bien la salida es inmediata, se está descuidando el fraccionamiento en el lugar, la defensa de la zona, incluyendo en ellos los vinos de mesa”, recordando aquella publicidad que hablaba del “vino blanco sanjuanino”.
Siempre haciendo alusión al mosto, se indica que la industria se ha acostumbrado en los últimos tiempos a manejar precios “excepcionales” para el producto, al llegar a los 2.000 ó 2.200 dólares la tonelada, siendo que años atrás los precios “históricos” rondaban los 1.600 ó 1.700 dólares.
También señalan que China ha pasado a jugar en las grandes ligas de la economía mundial. Ese país -dicen- es un gran productor de manzanas y el jugo de manzanas es utilizado como sustituto del mosto. “No es que vaya a pasar ahora, porque los mercados no cambiarán en lo inmediato, pero a futuro y con miras al año que viene, deberemos tener cuidado en seguir insistiendo con el mosto como un gran aliado en el control de los stocks, pero cuidarse con respecto a los precios”, se indicó.
Uno de los dirigentes aseguró que es inteligente la política desarrollada por Mendoza, de incentivar las exportaciones de productos que tengan mercados más estables, aún con las dificultades existentes en la actualidad. “Debemos poner los pies en los mercados interno y externo de los fraccionados, que constituyen los lugares más firmes donde podemos apoyarnos”, indicó.
Respecto de la situación en que se encuentra el mercado externo, las fuentes coincidieron en señalar que en el caso del vino embotellado, si bien hubo un crecimiento en el último mes, se encuentra en una meseta. Lo que también es preocupante, porque la Argentina venía creciendo a dos dígitos por año hasta 2010 y con una diferencia: las mejoras se han observado en los segmentos más altos de precios, que son los de menor consumo en la pirámide.
Debe señalarse que, a nivel mundial, el mercado del vino ha crecido, pero se plantean situaciones especiales, como es el caso de España, que se encuentra con una fuerte caída en el consumo interno -está en 16 litros per cápita- y el excedente lo tiene que exportar.
Frente a esa situación y consultados sobre los motivos por los cuales la Argentina no modifica las medidas para evitar la caída en las exportaciones, uno de los industriales respondió que “lo que sucede es que hemos caído en lo que se denomina el síndrome de Holanda. En nuestro caso, la soja es la que está determinando el tipo de cambio, porque con eso alcanza. Pero todo lo que no sean commodities, o sea los productos industrializados, con ese tipo de cambios resultan afectados. Eso le pasó a Holanda, que le iba muy bien con las exportaciones de gas y dejó de lado al resto de la industria, la que sufrió fuertemente los efectos”.
Llevada esa situación a la vitivinicultura local, se indicó que “hay que cuidarnos para no desindustrializarnos. El año pasado había optimismo porque las salidas de vino habían crecido gracias a los graneles. Pero hoy nos estamos preocupando porque las exportaciones de vino a granel han caído. Esos altibajos deben evitarse y recordar que los fraccionados siguen estando en las góndolas externas, aunque golpeados en el caso de los segmentos más bajos”.
En el caso del mercado interno, se indicó que “hay que cuidarlo, porque este año deberá ser superior, en razón de que habrá que derivar hacia allí el vino a granel que no se pueda exportar”.
De todos modos, cabría aclarar que hay voces disidentes que no coinciden con el planteo y aseguran que la caída en las exportaciones de vinos a granel respondieron esencialmente a la carencia de stocks.
“No se vendió más vino porque no había", dijo una fuente consultada, la que agregó que “cuando se liberen los vinos nuevos, es seguro que las exportaciones a granel vuelvan a aumentar”. Será el tiempo, entonces, el que dirá cuál de las dos posiciones tiene la razón.
Todos los aspectos señalados es factible que comiencen a discutirse en el seno de las entidades y lleguen a los organismos, como la Coviar, a los efectos de establecer posibles soluciones. De momento, es lo que ha surgido de las conversaciones mantenidas con distintos representantes del sector vitivinícola.
De todos modos, vale aclarar que en todos los casos se trató, a futuro, de mirar el vaso lleno y pensar con optimismo respecto del futuro.
“Estamos preocupados porque hemos dejado de crecer en el mercado internacional y debemos trabajar para recuperar aquellos dos dígitos de crecimiento”, se indicó, agregando que “nuestras metas deben ser consolidar lo ganado y recuperar los mercados en los que nos hemos debilitado. En un mundo inestable, debemos trabajar sobre las bases firmes y esa base firme está dada por los vinos embotellados que también arrastran a los graneles”.