Los malos resultados que presenta nuestro sistema educativo exigen que seamos intolerantes a las opiniones infundadas, a la soberbia y a esa frecuente falta del sentido de oportunidad e improvisación que nos caracteriza en muchos ámbitos.
Los malos resultados que presenta nuestro sistema educativo exigen que seamos intolerantes a las opiniones infundadas, a la soberbia y a esa frecuente falta del sentido de oportunidad e improvisación que nos caracteriza en muchos ámbitos.
Cuando el fin justifica los medios y los actos políticos desatienden aquellas evidencias que la pedagogía ofrece a los responsables de la gestión, seguramente cualquier medida presentada como necesaria e innovadora no tardará en demostrar su inutilidad.
Si los días y horas en la escuela se desarrollan en el marco de un proyecto estratégico e incluyen todos aquellos otros factores asociados a calidad de comprobado impacto en los aprendizajes (presupuesto, infraestructura, capacitación, organización, remuneración, clima de convivencia y bienestar, etc.), el tiempo de encuentro educativo tendrá sentido y buenos resultados. Cualquier otro anuncio sólo será “mermelada con moscas”.