27 de octubre de 2012 - 22:05

1898: Argentina y Chile, en pie de guerra

Un inminente enfrentamiento entre ambos países, por problemas limítrofes, llenó la frontera de uniformes azules.

Pocos saben que en 1898 nuestra provincia vivió horas de gran preocupación al conocerse el inminente  conflicto entre Chile y Argentina.

Al encontrarse en un punto estratégico con respecto al país trasandino, el gobierno nacional reforzó la frontera mendocina, envió hombres y armamento y se realizaron maniobras militares.

La ciudad estaba en pie de guerra.

Tiempos turbulentos

Desde tiempo atrás,  se venía tratando el diferendo por la delimitación entre ambos países, pero las negociaciones habían quedado estancadas. Ninguna de las dos naciones hacía mérito por ceder posesiones sobre lo que se reclamaba.

A fines del XIX, Chile estaba en la lista como la sexta armada más poderosa del mundo, de modo que  le convenía entrar en un conflicto bélico. En cambio, el gobierno nacional -que en ese momento, era presidido por el general Julio A. Roca- observó que los chilenos  aventajaban militarmente y que podían emprender una ofensiva. Inmediatamente, Argentina adquirió en Italia una flota de poderosos buques de guerra y gran cantidad de armamento. También reclutó miles de personas en el ejército y la marina.

Todo hacía pensar que una invasión desde el país trasandino era posible y que Mendoza sería una de las provincias más expuestas.

Falsa alarma

Alerta estaba en nuestra provincia el gobernador Emilio Civit, quien hacía muy poco había asumido el mando.

A pesar de todo, la ciudad parecía tranquila. Pero una mañana de agosto de 1898, repentinamente, la banda del ejército comenzó a tocar generala. Muchos civiles salieron desesperados del trabajo y se agolparon en las esquinas de la calle San Martín.

Había llegado una noticia: los chilenos estaban cruzando la cordillera y las tropas argentinas destacadas en Uspallata peleaban para defender el territorio. El pánico cundió rápidamente a toda la población; muchos encerraron en sus casas a mujeres y niños. Otros, en cambio, estaban listos para ir a luchar. Pero, por suerte, todo fue una falsa alarma.

Más tropas

La tensión seguía en el aire. Al poco tiempo, llegaron más tropas que se distribuyeron en diferentes cuarteles. Otras, directamente, viajaron en tren hacia la cordillera. Allí, en el camino a Chile, se formaron varios destacamentos. Punta de Vacas fue uno de ellos. Picheuta y por supuesto el valle de Uspallata, en donde se posicionó la mayoría del ejército, también fueron postas.

Mientras tanto, muy cerca de la ciudad se fortificaron distintos puntos y,  en El Challao, la Guardia Nacional se dispuso a ejecutar una vez por semana, ejercicios de combate.  Era común ver por las calle a cientos de militares que partían desde los cuarteles con mulas y equipos hacia algunos lugares de la precordillera.

Al mando de esta división se encontraba el comandante general Ignacio Fotheringham, que había nacido en Gran Bretaña y llegado a nuestro país en 1863, por recomendación de Manuelita de Rosas (sic). Era un líder inquieto, que peleó en la Guerra del Paraguay y en otras campañas. Este militar había estado en Mendoza unos años antes y volvió para defenderla.

Reclutamiento provincial

Ante esta delicada situación, el gobierno provincial dictó la ley N° 73  a través de la cual se estableció donar un terreno a la Sociedad Tiro Nacional Club Mendoza que se creó ese mismo año. El motivo de la misma fue que esta asociación se ofreció para la instrucción de las milicias y de los ciudadanos que quisieran ejercitarse en el manejo de las armas.

También los mendocinos de todos los departamentos fueron convocados para enrolarse en las milicias de la Guardia Nacional. Para ese momento, se habían enrolado más de 6.000 hombres. Además, muchos inmigrantes de origen italiano formaron la “legión italiana”.

Listos para defender a Mendoza

Las autoridades coordinaron junto a las fuerzas militares un simulacro de defensa de la ciudad. Allí, se desarrollaron diferentes actividades operativas conjuntamente con la población.

Pero cuando la guerra parecía inevitable, comenzó una serie de negociaciones que puso fin a la tensión bélica entre Chile y Argentina. Y como era de esperar, ambos países hermanos volvieron a restablecer  la paz.

En poco tiempo, las tropas iniciaron paulatinamente la desmovilización en nuestra provincia y el fantasma de la guerra desapareció de la población mendocina, volviendo todo a la normalidad.

Varios años después, los argentinos y chilenos se encontraron, en la frontera, pero no para pelear, sino para inaugurar el monumento del Cristo Redentor como símbolo de paz entre ambos países.

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