23 de diciembre de 2014 - 00:00

¿Qué se discute para 2015?

Hay tres candidatos presidenciales con marcado mejor posicionamiento Scioli, Macri y Massa y otros varios que aún no parecen estar cerca, lo que obviamente puede variar.

Mirar el bosque, el mundo

El panorama mundial, por cierto complejo, no nos es totalmente adverso. Por el contrario. Desde el punto de vista económico, nuestros granos, si bien con baja en sus valores, mantienen una demanda que permite pensar que seguirán siendo uno de los motores de nuestro crecimiento.

Esto si conseguimos un equilibrio interno en el tipo de cambio y eficiencia que permita a la actividad ser rentable, incluyendo, claro, las producciones regionales.

Hay también un exceso de dinero barato que sin lugar a dudas estaría dispuesto a venir a la Argentina, en un primer momento a las inversiones en el campo del gas y el petróleo, pero también en otros rubros, en tanto y en cuanto mejoremos algunas variantes macro que generen esa cuota de confianza que hoy falta.

Las contradicciones, los conflictos

Desde lo político estamos en la región del mundo que hoy más posibilidades tiene de ofrecer alternativas distintas a las de la cansada Europa, al mismo EEUU, y qué decir Oriente, quienes se debaten en una mal resuelta contradicción entre libre mercado y democracia. En tanto nosotros, con Brasil a la cabeza, seguidos por Bolivia, Uruguay, Ecuador, Perú y por supuesto Chile ofrecemos con sus más y con sus menos, con aciertos y fracasos, una alternativa de conjugar con más éxito que otras regiones del mundo la difícil convivencia entre la economía de mercado, o el capitalismo atenuado (si es que esta categoría existe) y la democracia republicana.

Buena parte de los conflictos del llamado primer mundo radican en esa contradicción, en tanto el crecimiento económico marcha de la mano de una mayor concentración de riqueza y las protestas de los excluidos. Basta mirar los conflictos de España o de Francia, y ver cómo los partidos tradicionales no aciertan a encontrar el rumbo, lo que genera nuevos movimientos tanto de izquierda como de derecha más radicalizados.

Ni qué decir de los problemas migratorios de Europa y del propio EEUU. Raro mundo éste en que se reclama y se obtiene total libertad para que los capitales deambulen sin frontera y los países supuestamente más avanzados viven planeando cómo frenar el libre tránsito de personas.

El centro de nuestra discusión

Ahora bien, ¿cómo se manejará esta contradicción entre democracia y libertad de mercado? ¿Cómo será la resolución de la puja distributiva? ¿Quién pagará el ajuste que sin lugar a dudas hay que hacer? Cuando digo ajuste me refiero a una adecuación entre la riqueza que efectivamente el país genera y la que hoy estamos repartiendo vía gasto público, que excede nuestras existencias, siendo éste uno de los motores de la inflación.

¿Serán de nuevo los jubilados, los asalariados, los pequeños emprendedores, como ocurrió siempre que los economistas “liberales” resolvieron la cuestión, o buscaremos nuevos rumbos como lo están intentando nuestros vecinos de la región que enumeré anteriormente? El sector financiero, que sigue obteniendo ganancias espectaculares, ¿contribuirá disminuyendo éstas para recobrar el equilibrio? Las tres o cuatro cadenas extranjeras de supermercados, ¿se seguirán quedando con el esfuerzo de producción de un gran espectro de argentinos que llenan las góndolas pero no los bolsillos, mientras estas cadenas obtienen ganancias que no logran en ningún otro país?

¿Dónde irá y quién resolverá sobre el destino de la “renta petrolera” que se estima será uno de los pilares sustanciales del crecimiento que necesitamos y ansiamos? ¿Tendremos otro De Vido, afín al nuevo presidente o un sistema federal de administración de este estratégico recurso? ¿Cuáles serán las normas con las que se administren nuestros ingentes recursos naturales (agua, suelo, minerales) y quién y dónde las resolverán?

Aprendamos a confrontar en paz

La democracia no es un juego de señoritas de las de antes, ni un minué de buenos modales. Es una dura puja de intereses en la que no da lo mismo una política que otra. En esa puja, los ciudadanos nos jugamos en buena medida la vida, porque en la misma se decide quién se apropia de la renta y de las libertades. Es dura sí, pero nunca violenta. La máxima violencia es votar distinto, recurrir a la Justicia o la huelga o protesta callejera en el marco de la ley.

Confrontar propuestas de distribución de riqueza no implica ni destruir ni descalificar al contrincante, implica el reconocimiento de la existencia del otro y de la necesaria complementación, porque sin el otro no existen ni hay riqueza.

Productores primarios versus industriales; inversores versus emprendedores; empleados públicos versus ciudadanos contribuyentes; productores versus comerciantes; obreros versus empleadores, etc., etc. Cuando uno de éstos crece de forma tal que atenta contra la subsistencia del otro se rompe la paz social, lo que se expresa, entre otros fenómenos, en lo que llamamos inseguridad.

El que equilibra debe ser el Estado, con sus tres poderes

El problema es que pocos creen que ese Estado, cuyo poder ejercen políticos y jueces, sea un árbitro imparcial, porque cada vez ganan más los que más tienen, y aquéllos se ubican entre éstos. Ese es el fenómeno de la concentración de riqueza. Esa es la corrupción que escandaliza. Que unos tengan tanto y otros tan poco (Nordelta y las villas) siendo que ambos son indispensables en la generación de esa riqueza, injustamente distribuida.

Los candidatos

Sería bueno ver a los candidatos y sus seguidores discutir en público sobre estos temas. Sería bueno que las militancias políticas de uno u otro signo hablaran sobre esto y saliéramos del estéril antagonismo de acusaciones recíprocas de quién fue más malo.
Sin inflación, sin robar, con respeto a la ley discutamos fuerte cómo queremos que sea la Argentina a partir de 2015.

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