8 de junio de 2014 - 00:00

¿Por qué los pulpos no se enredan?

La piel de los octópodos produce un químico que detiene las ventosas de sus brazos cuando se trata de tomar partes de su propio cuerpo. Esta capacidad se demuestra incluso cuando sus miembros han sido cercenados.

Los brazos de un octopus vulgaris reconocen como propio el resto del cuerpo aún después de haber sido cortados.

Los cientos de ventosas de un pulpo de ocho brazos succionan reflexivamente casi cualquier cosa que entre en contacto con ellas pero nunca sujetan al propio animal, a pesar de que un pulpo no siempre sabe lo que sus brazos están haciendo. Hoy en día, los investigadores revelan que la piel del animal produce un químico que detiene a las ventosas del pulpo antes de agarrar las propias partes de su cuerpo y enredarse.

“Los brazos del pulpo tienen un mecanismo incorporado que evita que las ventosas aferren la piel del pulpo”, dice el neurocientífico Guy Levy, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor principal del trabajo, aparecido en la revista Current Biology. Se trata de la primera demostración de un mecanismo de auto-reconocimiento químico en el control psicomotor, y podría ayudar a los científicos a construir mejores robots blandos bioinspirados.

Para saber cómo un pulpo evita engancharse a sí mismo, Levy y sus colegas cortaron el brazo de uno y lo sometieron a una serie de pruebas (el procedimiento no se considera traumático, dice Levy, porque los pulpos en ocasiones pierden un brazo en la naturaleza y tienen un comportamiento normal, mientras la extremidad se regenera).

Los brazos cercenados se mantuvieron activos durante más de una hora después de la amputación, agarrando firmemente casi cualquier objeto, con tres excepciones: el cuerpo anfitrión, cualquier otro pulpo vivo, y otros brazos amputados. “Pero cuando quitamos la piel de un brazo amputado y fue sometido al tacto de otro brazo amputado, se sorprendieron al ver que agarró al brazo sin piel como cualquier otro objeto”, dice el coautor Nir Nesher, quien también es un neurocientífico de la Universidad Hebrea.

Y cuando los investigadores presentaron los miembros amputados a sus antiguos dueños, los pulpos a menudo se comportaron de una manera inusual, bailando a su alrededor y rozando el miembro amputado pero sin succionarlo con las ventosas (los pulpos intactos también muestran este comportamiento hacia los brazos amputados). Cuando un pulpo detectaba la carne expuesta de la extremidad seccionada, a veces tomaba la carne, pero luego lo sostenía sólo con su pico y sólo por la carne expuesta, como si estuviera lamiendo sus heridas. El resto de la extremidad colgaba libremente, sin ser tocado por los otros brazos.

Reconocimiento de identidad

La investigación también muestra que los pulpos son capaces de identificar sus propios brazos, incluso después de la amputación, dice Binyamin Hochner, otro neuro-científico de la Universidad Hebrea, e investigador principal del estudio de cómo “ellos tomaban los brazos amputados de otros pulpos como alimento, significativamente más a menudo que sus propios brazos”. En muchos de estos casos, incluso comieron el miembro amputado. Los pulpos de esta especie, octopus vulgaris, son conocidos por ser caníbales.

El cerebro de los pulpos no monitorea constantemente la posición exacta y el movimiento de sus brazos; esto sería muy difícil porque cada brazo tiene casi infinitos grados de libertad. En lugar de ello, cada brazo tiene su propio ‘control psicomotor’, un conjunto de neuronas que pueden controlar su movimiento independientemente del resto del cuerpo.

Pero a veces el cerebro interviene. El hecho de que los pulpos finalmente tomaran un brazo amputado pero que un brazo cercenado nunca tomara a un pulpo, sugiere un conflicto entre lo que el brazo está “programado” a hacer y lo que el cerebro decide hacer a veces. “Creemos que las decisiones del cerebro son mucho más complejas y tal vez incluso implica cognición de alto nivel”, dice Levy.

Los resultados también demuestran que la visión no es el sentido dominante del pulpo, y que la sensación química y el tacto son vitales, dice la psicóloga Jennifer Mather, de la Universidad de Lethbridge, en Alberta, Canadá, quien no participó en el estudio. “Esto nos da una ventana a la coordinación centroperiférica que forma el control motor de un pulpo”, dice Mather.

Pero el estudio es “solo un comienzo”, agrega. “Las pruebas son bastante crudas. No sabemos nada acerca de los químicos mismos... Tampoco entendemos el tipo o la ubicación de las interacciones entre el control central y periférico. Pero podemos ver dónde debemos buscar”.

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