En los recientes festejos del Día del Amigo se pusieron en funcionamiento, desde el Ministerio de Seguridad, operativos muy loables para “cuidar” a los jóvenes de desmanes y protegerlos para evitar graves incidentes del tránsito por la mezcla de alcohol y alta velocidad cuando conducen.
En nuestra provincia, leyendo la crónica policial de los fines de semana y durante la semana, verificamos que está teñida de dolor por el fallecimiento de adolescentes y jóvenes adultos en el tránsito, por cometer graves infracciones a la Ley de Tránsito, por exceso de velocidad; no estaban en condiciones de manejar por el uso excesivo de alcohol mezclado con otras sustancias.
El dolor que generan estas muertes y discapacidades para toda la vida, en la familia, en los amigos y conocidos, es irreparable.
Desde la especialidad de la Psicología del Tránsito se vuelve a insistir y a recordar que estas medidas de “cuidado” de los jóvenes deberían ser a posteriori de una “buena evaluación psicofísica” como establece nuestra Ley de Tránsito Nº 6.082 en el capítulo II Art. 21 inc a) o en la Ley Nacional N º 24.449 Art. 14 inc a)-4, donde bien claro dice que para acceder a la licencia de conducir se debe efectuar una evaluación psicofísica, la cual es muy bien implementada en nuestra provincia para categorías profesionales pero no así para particulares, donde sólo se tiene en cuenta si la persona cometió infracciones y su declaración jurada, que no todas las veces es tan “jurada” ya que no se declaran todas las dificultades de salud que las personas presentan, porque el único objetivo es obtener la habilitación de la licencia de conducir.
Nos olvidamos de que este grupo etario de adolescentes y jóvenes adultos también van a formar parte en la red de tránsito y no todas las veces están en condiciones de ser habilitados a tanta responsabilidad como es la licencia de conducir.
Desde lo psicológico, para poder habilitar se necesita tener:
- Buen nivel de autoestima.
- Niveles de empatía: tener en cuenta al otro.
- Desarrollo del sentido común.
- Madurez neurofisiológica para adaptar una máquina al cuerpo.
- Buen nivel de atención y concentración.
- Una capacidad intelectual normal para la edad cronológica.
- Sin patología psíquica productiva.
- Lo más importante: control de los impulsos y el sentido de la responsabilidad desarrollado.
Si desde las autoridades se están haciendo controles para “cuidar” es una contradicción. Nos están diciendo que los jóvenes no poseen esa responsabilidad para cuidarse a sí mismos y a los otros, y el sentido común que es el menos común de los sentidos indicaría que no están habilitados para semejante responsabilidad: poseer licencia de conducir y desplazarse en la red del tránsito.
Como investigadora e integrante del Instituto de Investigaciones de la Universidad del Aconcagua, se está llevando a cabo una investigación en conjunto con la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires la cual ya está finalizando con el tema referido a cómo habilitar conductores seguros. El estudio será elevado a la Agencia Nacional de Seguridad Vial para implementar en todo el país cuáles serían las técnicas psicodiagnósticas a aplicar en estas evaluaciones para obtener la licencia de conducir.
La sugerencia desde este lugar de la ciencia psicológica es efectuar, en todos los lugares donde se expenden licencias de conducir, evaluaciones psicológicas integrales con profesionales psicólogos idóneos y con experiencia en la especialidad, empezando con las personas que vienen por primera vez a buscar su licencia.
Si se trata de adolescentes y jóvenes, compartir dicha responsabilidad con los padres que conocen y saben las limitaciones de sus hijos.
De esta manera habilitamos responsablemente y después controlamos y cuidamos.