22 de noviembre de 2015 - 00:00

“Por favor, roben solo un poquito”

Cuando de honestidad se trata, los políticos kenianos no suelen ganar muchos premios. Pero incluso para los ellos la corrupción que está saliendo a la luz es demasiado escandalosa para creerlo.

Esta semana se entregó un documento a un comité parlamentario detallando millones de dólares que desaparecieron a través de algunos gastos gubernamentales muy curiosos. Incluían miles de dólares por meros dispensadores de condones y, al parecer, 85 dólares por bolígrafos; esto es, 85 dólares por cada uno.

“¿Una pluma?”, dijo John Githongo, prominente activista en contra de la corrupción. “¿Más de 80 dólares por una sola pluma? Vamos, esta es la bolsa de ladrones más grande que haya encabezado un gobierno alguna vez en esta parte de África. Esto es literalmente la violación del país todo, desde la cacería furtiva de nuestra vida silvestre hasta la acumulación de deuda a un nivel extraordinario”.

“Es escándalo tras escándalo”, dijo Githongo, quien fue en otra época un prominente funcionario gubernamental de combate a la corrupción pero tuvo que huir de Kenia debido a amenazas de muerte (regresó a los pocos años). “No tenemos un gobierno. Tenemos un escándalo”.

Los precios de artículos de la canasta básica están subiendo. La divisa se está desplomando. Kenia, considerada históricamente una de las naciones más estables y de mayor importancia estratégica en África, se está endeudando cada vez profundamente.

Apenas unos cuantos meses atrás, el gobierno se negó a concederles a los maestros de escuelas públicas un aumento salarial ordenado judicialmente, aduciendo que no tenía dinero, lo cual dio como resultado una amarga huelga que terminó con niños sin clases durante semanas.

Al mismo tiempo, los periódicos de publicación diaria están llenos de alegatos en contra de ministros y oficiales de alto rango acusados de todo, desde intentar robar tierra del campo de juegos de una escuela primaria hasta la malversación de millones de dólares del contrato para un oleoducto.

Kenia reunió, hace poco, 2.000 millones de dólares de un Eurobono que supuestamente se usaría para nueva infraestructura. No está en claro qué ocurrió con todo ese dinero. “¿Puede imaginarlo? Nosotros pagamos impuestos, a duras penas puedo pagar la harina ¿y ahora esto?”, dijo Boniface Wanyama Wekesa, guardia de seguridad, viendo un artículo de primera plana publicado este miércoles sobre los bolígrafos de 85 dólares.

“Si van a robar...”, dijo, haciendo eco de las famosas palabras de Mobutu Sese Seko, el ex dictador de Zaire (actualmente la República Democrática del Congo), “por favor, roben solo poquito”.

Los funcionarios implicados han negado cualquier fechoría. Manoah Esipisu, portavoz gubernamental, dijo en un texto que “se están investigando alegatos (...) En Kenia creemos en nuestras instituciones. La Comisión de Ética y Combate a la Corrupción; el director de fiscalización pública, el poder judicial, etcétera”.

Kenia es un vital aliado de Occidente, sede de una gran comunidad de los servicios de inteligencia occidentales y de varias bases militares de Occidente, tanto abiertamente como de manera encubierta. Es vista como confiable baluarte en el combate al extremismo islamista que aqueja a vecinos como Somalia.

Estados Unidos debe andar por una cuerda floja aquí. Si bien necesita de la cooperación del gobierno keniano para operaciones de contraterrorismo, no quiere guardar silencio con respecto a la corrupción descontrolada.

En julio, el presidente Obama habló con firmeza sobre la corrupción durante una visita a Kenia, diciendo que ésta “retiene cada aspecto de la vida económica y civil”.

Estados Unidos anunció un compromiso conjunto de combate a la corrupción con Kenia y prometió hace poco más de un millón de dólares para crear una unidad de investigación especializada, enfocada a descubrir corrupción pública vinculada con la delincuencia transnacional. El embajador estadounidense ante Kenia, Robert F. Godec, dijo este miércoles: “Estados Unidos está profundamente preocupado por alegatos recientes de corrupción y el mal uso de fondos públicos”.

Sin embargo, es como si Occidente se estuviera golpeando la cabeza contra la pared. Algunos activistas dicen que la corrupción de Kenia solo está empeorando y que Occidente necesita decir menos y hacer más, como negar la visa a cualquier oficial keniano acusado de robar recursos públicos. Después de todo, Kenia sigue siendo un país pobre en el que mucha gente no tiene agua potable para beber o acceso a electricidad. No es una exageración afirmar que muchas vidas se tornan mucho más duras -o incluso se pierden- debido a todo el dinero robado.

Incluso se citaron las palabras de Robert Mugabe, por largo tiempo el gobernante de Zimbabue, difícilmente conocido por su buen gobierno, cuando dijo el fin de semana pasado: “Esas personas en África Oriental me impactan con su brujería para robar”. Agregó: “Incluso se puede creer que hay una materia en sus universidades llamada Licenciatura en Robo”.

Mugabe les dijo a sus paisanos que estuvieran "muy alerta" en caso que ellos visitaran Kenia. "Pudieran contagiarles esa enfermedad".
Kenia es calificada a menudo como una de las naciones más corrupta del África. Debido a que no tiene una gran industria petrolera o reservas de diamantes u oro, el desfalco público aquí suele hacerse mediante ardides astutos y opacos. Los grandes escándalos han involucrado a un enredo de empresas o complicados tratos de divisas.

Sin embargo, la presente ola de saqueos a todas luces parece más flagrante y desesperada y pudiera haber unas pocas razones. De hecho, dijeron analistas, políticos kenianos están intentando armar cofres de guerra para las elecciones nacionales de 2017. La economía también está creciendo rápidamente, haciendo que los bienes raíces en Nairobi, la capital, repentinamente adquieran un valor increíble, dando origen a tomas ilegales de tierra por parte de aquellos en el poder.

Sin embargo, Githongo dijo que la situación era más profunda. Destacó que los dos dirigentes principales de Kenia habían llegado a sus cargos en 2013 bajo una nube, habiendo sido acusados por la Corte Penal Internacional bajo cargos de crímenes en contra de la humanidad vinculados con la violencia que estalló tras la disputada elección de 2007. Más tarde, el presidente Uhuru Kenyatta fue absuelto, aunque el caso en contra del vicepresidente, William Ruto, continúa.

“Esto tiene un importante impacto existencial”, dijo Githongo. “Crea una atmósfera bohemia y permisiva desde la cumbre hasta los niveles más bajos. La gente en todos los niveles del gobierno está diciendo: ‘Si nuestros líderes pueden salirse con la suya, ¿por qué nosotros no?’”.

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