9 de septiembre de 2018 - 00:00

Vivir en un país “crisista” - Por Jorge Sosa

En el Preámbulo de la Constitución debería decir: “Nos, los representantes de la crisis de la Nación Argentina...”

Voy a decir una perogrullada: estamos en crisis. Perogrullada porque este país siempre ha estado de crisis. En el preámbulo de la Constitución debería decir: “Nos, los representantes de la crisis de la Nación Argentina...”. Acá la crisis es más antigua que el país, ya en el Virreynato ocurrieron situaciones económicas más delicadas que paragolpe de porcelana.

Por lo tanto una crisis nueva no altera nuestro modo de vida, porque nuestro modo de vida es “crisista”. Ya sea por la inflación, por el dólar, por los mercados, por la situación internacional o por las dudas no logramos salir de esta situación que nos afecta directamente. Nuestros gobernantes, por diversas discapacidades, no han sabido combatir este estado de cosas y hacer prosperar a un país que tiene todas las condiciones para hacerlo.

Uno se compara con algunos países que no tienen recursos propios, por ejemplo Japón y no logra entender cómo ellos viven una condición placentera mientras nosotros nos comemos los codos.

Ante una crisis se sale con una acertada política económica y eso en nuestro país aparece más difícil que tomar la sopa en una montaña rusa, pero también se sale con ingenio. Si no tenemos plata busquemos la forma de tenerla.

Vamos a los ejemplos, la yerba mate se está imponiendo en el mundo entero, lentamente está ganando mercados y no va a pasar mucho tiempo en que gran parte del mundo ande como los uruguayos, con un termo bajo el brazo. Extendamos el chupón que provoca la yerba mate.

De la misma manera podríamos imponer el asado criollo, para que se extienda de una manera universal y empecemos a exportar carne, parrillas, leña y chimichurri. Esto nos permitiría cobrarles monotributo a las vacas, cosa que abultaría considerablemente las arcas oficiales.

Podríamos sino vender (alquilar, por lo menos), algunas maravillas de nuestros paisajes, como las Cataratas del Iguazú, o los lagos del Sur, aunque hay algunos lagos del sur que ya no son de nuestra propiedad. Eso sí, con la condición de que no modiquen nada y  no transformen la garganta del diablo en la garganta de Dios, ni pesquen al Nahuelito.

También sería una opción dar clases en el mundo entero de la famosa viveza criolla, que tantos resultados nos ha dado. Puede que el mundo empiece a parecerse a nosotros y así emparejaríamos la cosa.

Otra opción sería que  todo el país siembre soja, que en Mendoza hagamos la Vendimia de la Soja y se usen todos los espacios verdes para cultivar esta plantita que tanto rédito ha procurado en nuestras exportaciones. Ya sea en jardines, parques, banquinas, campos, montañas, que todo esté alfombrado de soja.

Podría también hacer exportaciones no tradicionales, como, por ejemplo, ministros de Economía. Si aquí no dan pie con bola que se vayan a no dar pie con bola a otros países, así saben los habitantes de esos países lo que cuesta ser argentino.

El petróleo sería una variante. Sé que todavía no alcanzamos el autoabastecimiento y que Vaca Muerta puede ser una solución, aunque todavía no sepamos quién mató a la vaca. El petróleo es producto de la degradación de los fósiles: pues comencemos a plantar fósiles por todos lados, así tenemos nuevos yacimientos.

Es cuestión de ingeniárselas de alguna forma para atravesar esta crisis y caer en la crisis que nos espera. Porque ya está visto que no nos da ningún resultado llorar. Me decía un amigo: hay otra forma de obtener ventajas económicas: comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por o cree valer. Haríamos una buena diferencia.

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