Después de algunos años, nuevamente el aborto está sobre el tapete de la sociedad y, sobre todo, en la agenda de las comisiones correspondientes del Congreso Nacional.
Después de algunos años, nuevamente el aborto está sobre el tapete de la sociedad y, sobre todo, en la agenda de las comisiones correspondientes del Congreso Nacional.
Como en anteriores ocasiones y en otros asuntos de interés público, deseo compartir mis reflexiones sobre tan importante asunto. Mi sincero deseo es que el tratamiento de tan trascendente tema se enmarque en un debate serio, respetuoso, responsable y alejado del afán de convertirlo en un "ganadores-perdedores".
Puntualizaciones
* Estoy totalmente a favor de la vida humana en todas sus etapas y circunstancias; de una vida humana que sea digna y en condiciones que posibiliten el gozo y el deseo de vivirla. Más: entiendo que no hay persona alguna que esté a favor de la muerte y de quitar la vida, haciendo gala de la banalidad que envuelve su propia vida.
* Estoy en contra del aborto o interrupción del embarazo, de esa vida concebida -de modo natural o posibilitada con técnicas genéticas- en el seno de una mujer. Como estoy en contra de toda guerra, de toda injusticia, de toda violencia, de la pobreza y de la exclusión social. Modos, todos, de quitar la vida con todo lo que ella conlleva.
* Es del caso denunciar la hipocresía social que conlleva el hecho de que el aborto ha estado, y continúa estando, "despenalizado" desde siempre -burlando la Constitución y las leyes- para aquellas personas que tienen dinero o pueden conseguirlo para realizar una práctica abortiva de forma clandestina, segura y sin consecuencias, en tantas clínicas, sanatorios y consultorios. Hechos que no son desconocidos por los responsables de los tres poderes gubernamentales.
* Como consecuencia, es imperioso decir que las únicas "penalizadas" desde siempre han sido, y son, las mujeres y las parejas pobres, que no pueden solventar una práctica abortiva privada segura, además de no ser recibidas en los efectores públicos para realizarla.
* A estas alturas, se torna urgente una pregunta: ¿por qué en este tema no "entran en cuestión" los varones? Sin ellos y su participación no habría posibilidad de concebir una nueva vida ni, por ende, existiría el aborto.
* De manera alguna comparto la afirmación de aquellas/os que sostienen que toda mujer tiene derecho a decidir libremente sobre su cuerpo en lo que se refiere a la interrupción voluntaria de un embarazo. Porque está dicho -sin duda alguna por parte de las disciplinas biológicas y genéticas- que, desde el momento en que se unen espermatozoide y óvulo, lo resultante "es singular y distinto del padre y de la madre", con base en su ADN. Por lo que el nuevo ser "está" en el cuerpo de la madre, pero "no es parte" de su cuerpo.
* Como en otras ocasiones, debo insistir en que "no son sinónimos" (no significan lo mismo) las palabras despenalizar y legalizar. "Despenalizar" es "no imponer pena alguna" por una falta o delito cometido. Mientras que "legalizar" comporta el hecho jurídico de conceder a las mujeres -y a quienes ocasionalmente colaboran con ellas en un aborto- "el derecho a ejercerlo libremente", más allá de los casos permitidos por la ley y convalidados por la Suprema Corte de Justicia.
Buceando en el drama
Quien alguna vez ha visto, escuchado o conversado con una mujer a las puertas de un aborto o ya realizado el mismo, no puede ignorar que es un cuadro de verdadero drama, una encrucijada que deja marcas que duran toda la vida. Y cuando hay un problema y un drama humano, se hace necesario indagar en las causas que lo motivan, para intentar, por lo menos, aliviarlo.
¿Hemos reflexionado suficientemente sobre ello?
-¿Qué siente una pareja con varios hijos, o con problemas con ellos, cuando se le anuncia un nuevo embarazo?
-¿Qué conlleva ser una pareja o una mujer que siempre ha vivido, y vive, tapada por la pobreza?
-¿Y las carencias psicológicas que cada persona y cada pareja cargan sobre sí, acrecentadas aquellas por la actual configuración economicista de la vida?
-¿Qué significa, para una mujer, depender económicamente de su ocasional compañero que poco piensa en la posibilidad de un embarazo cada vez que la visita?
- Pero, una cosa es comprender la angustia que puede vivir una mujer o pareja ante un embarazo no deseado y buscar los caminos para darle una mano. Y otra cosa es que la sociedad decida crear un instrumento legal para facilitar "una decisión que afecta a un ser humano", a ese pequeño ser humano que posee nuestra misma dignidad y no tiene modo de defenderse.
- ¿Hasta cuándo los gobiernos, nacional y provincial, seguirán manteniendo una ley de adopciones claramente retrógrada que cierra el paso a tantas y tantos que desean adoptar un niño/a?
Hacia delante
* Para legalizar el aborto hay que "reformar la Constitución Nacional", ya que cualquier ley que lo autorizara sería claramente inconstitucional. En efecto, el artículo 75, inciso 22 de la Constitución Nacional "ha incorporado" a la misma la Convención Americana de Derechos Humanos, la que, en consecuencia, tiene rango constitucional y es superior a las leyes
*¿Por qué la vida humana inocente debería ser siempre defendida en cualquier momento de su desarrollo? Porque si en algún momento existiese una posible excusa para decidir sobre ella, entonces "siempre tendremos excusas" para arrogarnos un enorme poder. La defensa de la vida -principal derecho humano-, y en especial de los más débiles, requiere fundamentos muy sólidos y no sujetos a discusión.
* La penalización del aborto, ¿soluciona el flagelo? No. Y está claramente comprobado. No podemos manejar de cualquier manera lo que implica este drama, ni podemos asimilarlo a un homicidio que se comete con premeditación y alevosía.
* Por lo dicho, ¿tiene sentido continuar "penalizando" (en vez de ayudar) a las personas que practican un aborto o estén a punto de realizarlo? No. Es consecuente sacar del Código Penal el tema del aborto para ponerlo en la perspectiva de la conciencia bien formada e informada de las personas.
* Además, en la perspectiva del deber del Estado de garantizar, proteger y dignificar la vida humana, poniendo a su disposición los medios sicológicos, médicos, estructurales e institucionales que los más débiles y pobres necesitan (como casas o sitios para las embarazadas que lo necesiten o se encuentren en la disyuntiva del aborto). Se impone, y seriamente, sacar al aborto de la clandestinidad obligada.
* Y recordar la perspectiva sanadora del Evangelio: "Jesús no vino a condenar, sino a salvar".