La meta de la unidad nacional, la reconciliación entre los argentinos y el diálogo maduro de la dirigencia aparecen como una utopía en el actual contexto eleccionario del país. Pero son, precisamente, esas utopías por las que el papa Francisco viene bregando para que la Argentina vaya hacia adelante.
Un proceso que, al entender del Pontífice, es lento y arduo requiere no perder de vista lo que une más allá de las pertenencias partidarias o sectoriales y exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar “una cultura del encuentro en una pluriforme armonía”.
El cardenal Mario Poli, sucesor de Jorge Bergoglio en Buenos Aires, fue quien esbozó en forma cristalina cuál debería ser el “modelo” a seguir, sustentado en valores y sobre la base de los cuatro pilares del legado sanmartiniano: pacificación, reconciliación, justicia y progreso.
El mensaje quedó flotando en el aire, pero con claridad, en cada una de las reflexiones patrias por el 25 de Mayo. Evidentemente, los obispos se pusieron de acuerdo y bajaron línea durante los tedéum, iluminados por la prédica política y social de su compatriota el Papa.
Las homilías de los obispos se transformaron así en un llamado coincidente a la concordia, a desterrar odios y peleas, y a bajarle los decibeles al clima de confrontación que caracteriza la puja electoral.
Fueron también el marco para denostar una campaña que la Iglesia percibe "farandulizada", en la que según los obispos "las tonterías y la frivolidad" contrastan con el reclamo ciudadano de iniciativas concretas para atender las realidades más complejas, profundas y urgentes.
Los prelados aprovecharon esas ceremonias cívico-religiosas para exigirles a los candidatos presidenciales un debate sobre ideas y proyectos en pos del bien común. Debate que el Episcopado advirtió en su último documento es “inaceptable” evadir. Y que, al parecer, los postulantes estarían dispuestos a acceder tras las PASO.
Para la Iglesia, el punto es clave en una contienda electoral escasa de definiciones de los candidatos, que se vende más por la imagen mediática y las estrategias de marketing que por sus plataformas electorales.
En marzo, el Papa ya había apelado a una entrevista en la revista “villera” La Cárcova, que dirige el padre “Pepe” Di Paola, para formular dos preguntas a los candidatos presidenciales: ¿Cuál es la plataforma? ¿Cómo se financia la campaña?
La primera, más lógica y tendiente a poder certificar que los postulantes cumplan sus promesas electorales. La segunda, para despejar dudas sobre eventuales condicionamientos, inclusive sospechas de lavado de dinero del narcotráfico, y sobre “pase de facturas” lógicos que según el Pontífice suelen derivar del financiamiento por parte de privados.
Las respuestas, no llegaron. Y los obispos volvieron a cargar las tintas sobre esa idea, al advertir que la ciudadanía quiere saber de qué se trata y conocer las plataformas de gobierno.
Por eso, la Pastoral Social de Córdoba difundió una carta abierta en la que interpeló a los aspirantes a la Casa Rosada sobre sus programas y acciones de gobierno, entre ellas cómo harán para enfrentar la problemática de las adicciones y el narcotráfico y qué harán para hacer frente a las desigualdades sociales graves que se dan en el país.
Asimismo, los interrogó sobre su posición frente a una ley de aborto, el desarrollo de políticas para cuidar la familia como célula vital de la sociedad, la protección del medioambiente, la educación, el trabajo “en negro” y la trata de personas, entre otros puntos. Agencia DyN