6 de septiembre de 2019 - 00:00

Una raza en pronta extinción - Por Miguel Varoli Piazza

Como pequeño productor agropecuario, dedicado al rubro vitivinícola, no estoy exento de las consecuencias que se vienen anunciando en las numerosas notas aparecidas, sobre la triste realidad y profunda crisis por la que atraviesa esta actividad, con posibilidades ciertas de extenderse la próxima temporada.

Lo cierto es que si los ingresos son inferiores a los egresos, tarde o temprano cualquier iniciativa en esa situación fracasa, y el emprendedor se funde.

Lo grave es que esta reiterada crisis se venía anunciando hace tiempo ya, y no se tomaron las medidas necesarias para afrontarla.

Las bodegas están llenas de vino que no se puede vender en el mercado interno por falta de poder adquisitivo de la población y políticas de marketing equivocadas.

Ni exportar porque nuestros costos son demasiado altos respecto a la competencia internacional.

Ni que hablar de los costos de producción, que aumentan a la par de la inflación o más.

¿Y los precios de la uva ?, iguales o inferiores que hace dos años atrás... con pagos en seis meses o más.

Seguimos con medidas coyunturales, mientras la realidad de la actividad pasa por otro lado.

El productor siempre es el fusible que salta primero; somos algo así como “productores descartables”.

La industria se concentra cada vez más en menos actores que a su vez disponen de materia prima muy barata y financiada, ¿por qué deberían cambiar?

Lamentablemente, esta situación se repite en la mayoría de los rubros agropecuarios regionales.

En éstas condiciones y con estas reglas de juego el productor está en vías de extinción; sobran hoy muchas hectáreas plantadas .

En síntesis, si no cambiamos a conciencia la matriz productiva de la Provincia, con reglas claras a largo plazo, estamos de nuevo frente a una historia ya conocida y con muerte anunciada.

No prolonguemos esta agonía.

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