28 de noviembre de 2016 - 00:00

Tiempo de gitanos

La Emir Kusturika & The No Smoking Orchestra, once potencias balcánicas, hizo bailar al público arriba y abajo del escenario montado en el Espacio Le Parc. Con un concierto dedicado a Fidel Castro, la banda dio inicio a su gira por América Latina.

Primero fue la decepción: al parecer, Kusturica llegó cansado y con poco humor después de 36 horas de vuelo y no dio entrevistas. Venía directo de Drvengrad, el pueblo cinematográfico donde vive.

Ese “pueblo de madera” que fue creado como decorado para la película “La vida es un milagro” y que él convirtió en un centro habitable donde, de hecho, se fue a vivir.

Como sea, llegó directo al show. Y se hizo esperar bastante. Nos hubiera gustado preguntarle sobre Fidel, sobre ese paralelismo que trazaba cuando el pensador cubano decía “los países de América Latina están balcanizados”. Sobre el documental que rodó en Uruguay, en el que postula que el presidente Mujica es “El último héroe” de la política. Y mil cosas más.

Luego de la presentación de la Strudel Klezmer Orkestra los cuerpos ya estaban en modo baile. Durante la espera, y enterados de que Emir acababa de celebrar su natalicio, unos niños de la escuela “Risas de mi tierra” se acercaron a pedir micrófono para cantarle el carnavalito del “cumpleaños feliz”.

No hubo forma: la producción de Kusturica y su banda era estricta. Nadie más podía entrar. Sin embargo, al tercer tema de la TNSO, buscaron a pequeños grupos de chicas en el costado del escenario y las hicieron subir para seguir los caprichosos movimientos de Kusta. Un grupo de jovencitas, pues, corrió en círculos un buen rato a las órdenes de ese juguetón y aparatoso líder de orquesta.

Tratamos de ver en él las cosas que sabíamos: que una vez había construido un barco al que llamó Titanic, que de niño le habían influenciado las películas de Chaplin y la tragedia del trasatlántico. Que era tímido. Que venía de una tierra desangrada, a la que había logrado narrar en tono de comedia oscura y alevosa farsa. Que en esa música decantaba el “había una vez un país” en clave de corso negro y colorinche a la vez.

El público, bailando, coreaba el estribillo de “Fuck you MTV”, saltaba las canciones de “Gato negro, gato blanco”, soltaba una alegría balcanizada que se sabe similar a la nuestra. Y la banda, subida al barco de ese mítico capitán descoronado, sonó histriónica y tremenda.

Al inicio, Kusturica dedicó el concierto del Le Parc a Castro.

Así, con esa colorinche y sentida despedida a Fidel, inició la gira por el continente.

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