14 de julio de 2018 - 00:00

Términos y valores - Por María del Rosario Ramallo

Es lamentable que nuestros estudiantes ignoren el significado de muchos términos debido a la falta de lectura.

Más de una vez, a través de esta columna, hemos insistido en que la enseñanza de la lengua debe ser un gran eje que atraviese la totalidad de las asignaturas del diseño curricular. En efecto, si el niño y el joven dominan el instrumento con que se comunican, tanto en la oralidad como en la escritura, podrán encarar con éxito el estudio de cualquier carrera o alcanzarán una buena inserción laboral. Observamos, con tristeza, cómo nuestros estudiantes ignoran el significado de muchos términos debido a la falta de lectura, al abandono de la cultura del esfuerzo y a su sustitución por la cultura de lo instantáneo, de aquello que no demanda lentitud y sacrificio, sino que se satisface en el momento y se resuelve de modo urgente aunque sea superficial.

Una rápida búsqueda de vocablos cuyo valor hoy se desconoce corrobora este pensamiento: 'prohombre', 'prócer', 'preclaro', 'eminente', 'ilustre', 'excelencia', 'honestidad', 'veracidad', 'cordialidad', 'egregio', por nombrar solamente algunos términos, parecen aludir a conceptos hoy casi desconocidos ya que definen modos de vida y valores aparentemente  olvidados. Analicemos cada uno.

¿Qué significa 'prohombre' y de quién podemos afirmar que lo sea? En la formación de esta palabra, encontramos el prefijo 'pro-' que cuenta entre sus significados los de "hacia delante y "en favor de". Por ello, un 'prohombre' será un hombre de personalidad muy destacada, que gozará de gran consideración. En los gremios de los artesanos, el 'prohombre' era el veedor o maestro del mismo oficio que, por su probidad y conocimientos, se elegía para el gobierno del gremio. Además, en la vida actual y a lo largo de la historia, un 'prohombre' podía y puede, en virtud de sus cualidades, llegar a ser un 'prócer', término que recibimos desde el latín para nombrar a quien puede identificarse como una persona de alta calidad o dignidad.

Nuestros héroes nacionales, de la talla de San Martín y Belgrano, han sido prohombres, por sus personalidades insignes, y próceres como personas de gran dignidad.

¿Y 'egregio'? ¿Qué valor tiene este vocablo ya casi no usado? Claramente, en su formación, distinguimos la antigua preposición latina 'e', que significaba 'de, desde', y el viejo sustantivo, también latino, 'grex', que tenía el valor de "rebaño, grey". Por lo tanto, un ser 'egregio' es el que se destaca del grupo, que sobresale por sus virtudes, por su comportamiento, por su conducta positiva. El diccionario nos lo define como "insigne': "Seamos como nuestros grandes patriotas, seres egregios que dieron todo de sí para el crecimiento de la Argentina".

¿Y cuándo alguien se transforma en 'eminente' y 'preclaro'? Nuevamente,   la etimología resulta esclarecedora: en la formación de 'eminente' juega la mencionada preposición latina 'e, ex',  con el significado, como ya dijimos, "de, desde, entre", que forma el comienzo de la voz 'eminens', participio presente del verbo 'eminere'. Este verbo se traducía como "elevarse por encima de, sobresalir, adelantarse". No en vano se llamaba 'eminentes' a los hombres distinguidos, sobresalientes. Se vincula este vocablo, por su valor, con 'preclaro', adjetivo también proveniente del latín. En efecto, en la formación de este término hallamos la voz "clarus", que traducíamos como "famoso, ilustre", y el prefijo "prae-", que equivalía a "delante de" y que le confería al adjetivo un valor superlativo, esto es, "muy ilustre". Es por eso que el poeta Goldsack Guiñazú, autor de la letra del himno de nuestra Universidad Nacional de Cuyo, le atribuye a Cuyo la virtud de "preclaro", por ser, según las palabras del autor, "de patria, ardido crisol" y "cuna de bravos varones".

¿Y a quién podemos llamar 'ilustre' y 'excelente'? El adjetivo 'ilustre' hunde sus raíces en el verbo "illustrare", cuyo valor era "iluminar, aclarar, dar lustre, volver claro"; por ello, alguien ilustre es un ser claro, iluminado, intensamente bañado de luz, notable. Además, para ser 'excelente' una persona debe destacarse, sobresalir, de modo de cumplir con el valor encerrado en la etimología; en efecto, ella nos indica que proviene del participio presente de "excellere"; este verbo significaba "elevarse, levantarse, erguirse, enorgullecerse, ser superior, distinguirse". Así, entonces, alguien ilustre y excelente será notable e iluminado y se distinguirá por ser superior. Ambos términos nos remiten a 'excelso', adjetivo vinculado desde la etimología con 'excelente' y que, también, equivale a "insigne, distinguido, elevado".

Valores difíciles

En medio de la crisis actual de valores, nos cuesta encontrar a alguien que se caracterice por su 'honestidad', término que alude a las cualidades del decoro, de la honradez, de la decencia; también, nos parece adecuado señalar dos sustantivos abstractos que nos remiten a valores difíciles de hallar: la 'cordialidad' y la 'veracidad'. El primero de estos sustantivos encierra como núcleo sémico el sustantivo 'cor', que era el equivalente a "corazón"; por lo tanto, alguien cordial es aquel ser afectuoso, que tiene la virtud de fortalecer el corazón. Por su parte, la 'veracidad' es un valor moral positivo puesto que indica la búsqueda de la verdad; así, quien es 'veraz' se caracterizará por decir la verdad y, por ende, por ser honesto, franco, sincero, por tener buena fe…

Las palabras siguen existiendo: han llegado a nosotros desafiando el paso del tiempo y hoy figuran todavía impresas en los diccionarios y en los repertorios léxicos, aunque para muchos resulte difícil descifrar su significado; frente al desafío secular, nos preguntamos si también subsisten los valores que ellas representan o si ellos han sido desplazados por otros nuevos, equivalentes, lo cual sería digno de alabanza, o si han dejado una ausencia o hueco que, lamentablemente, resulta difícil de llenar.

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