El suspenso por el momento en que España decidirá pedir un rescate a Europa, después de que todo el mundo lo da por sentado, y la eventual flexibilización de las políticas de austeridad, planean sobre la cumbre de mandatarios europeos en Bruselas.
El suspenso por el momento en que España decidirá pedir un rescate a Europa, después de que todo el mundo lo da por sentado, y la eventual flexibilización de las políticas de austeridad, planean sobre la cumbre de mandatarios europeos en Bruselas.
Aunque este asunto no está en la agenda oficial de esta cumbre, es indudable que el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, aprovechará para tratar de conseguir unas condiciones favorables antes de hacer el anuncio en los próximos días o las próximas semanas, como mercados, analistas y funcionarios europeos vaticinan.
La solicitud oficial de ayuda abrirá la puerta a que el BCE pueda comprar deuda de España en el mercado secundario y reducir los altos intereses que paga para refinanciarse. Esta es la primera vez desde mayo de 2010, que los mandatarios de los 27 países miembros de la Unión Europa llegan a Bruselas sin las urgencias que imponía el agravamiento de la crisis de la deuda que entonces detonó Grecia y que se propagó a Irlanda, Portugal, España o Italia, socavando el crecimiento de la región en su conjunto.
Oficialmente, el objetivo, en esta cumbre de dos días, es colocar nuevos contrafuertes para hacer el edificio europeo más sólido y avanzar en la integración de la Eurozona. El más importante es el Mecanismo Único de Supervisión financiera, que será ejercido por el Banco Central Europeo para controlar las cuentas de 6.000 bancos, y que encuentra las resistencias de Alemania.
La Comisión espera que esté listo para 1 de enero del próximo año, para acelerar la puesta en marcha del proyecto de Unión Bancaria, pero el presidente del BCE, Mario Draghi, ya anunció la semana pasada que aunque esté listo para esa fecha, la supervisión de la institución que preside no será efectiva antes del 2014.