Profesionales sin trabajo
Dado que en su país, como en Argentina, la educación es gratuita, la mayoría de quienes llegan son profesionales. Carlos se arriesgó a estimar que 7 de cada 10 tienen un título universitario. Sin embargo, les cuesta validar sus títulos y hacer trámites ya que en Mendoza no hay consulado y deben viajar a Buenos Aires. Aun lográndolo, por el deterioro económico aseguran que no consiguen trabajo y si lo consiguen, el salario ya no es suficiente.
Es que la mayoría de quienes emigraron dejaron en su tierra familiares a quienes ayudan con sus ingresos y con la devaluación del peso argentino, los ingresos ya no alcanzan para enviar ese soporte. Incluso para muchos hasta es difícil llegar a fin de mes.
“Soy ingeniero en Informática y en este momento no tengo empleo, hago trabajos particulares”, contó este profesional que, para colmo, tiene una de las formaciones con más demanda en la actualidad. Pero dice que la oferta de trabajadores es mucha y en general, coinciden en que se suele preferir a los argentinos.
Pese a tener estudios, por las dificultades para conseguir empleo o por el papelerío inconcluso, muchos terminan desempeñándose en la informalidad o generando su propio trabajo.
La alternativa de montar emprendimientos gastronómicos ha sido la más usual: han proliferado restaurantes y servicios a su cargo que además han implicado expresar su propia cultura en un plato ya que suelen ofrecer recetas propias.
Andrea atraviesa por algo similar: es profesora de Geografía y Ciencias de la Tierra pero nunca ha podido incorporarse de manera formal por lo que ha trabajado en comercios. “Complica mucho hacer trámites porque hay que ir a la embajada en Buenos Aires”, explicó la joven de 30 años. Tiene su documentación pero para validar su título le exigen estudiar 4 años más. Relató que ha entregado currículums en colegios privados, donde podría acceder, pero es difícil, sobre todo para los extranjeros.
“Está complicado en Argentina pero aún no es como Venezuela en cuanto a inseguridad y tema económico, la inflación anual de 50% que hay acá, allá se veía en una semana”, argumentó Carlos.
“Desde que yo llegué ha cambiado la calidad de vida -continuó- en 2017 yo tenía un sueldo de 15 mil pesos y eran 800 dólares, hoy con un sueldo de 100 mil pesos tienes 400 dólares”.
El éxodo
Lo que está sucediendo es que tras el deterioro de las condiciones a nivel local, una buena proporción de venezolanos está optando por irse del país. Según relataron, son pocos los que deciden volver a Venezuela, sino que la mayoría se afinca en Chile, Brasil y Bolivia, algunos pocos se van a Europa. Depende de sus recursos, ya sea el acceso a visa y la disponibilidad de dinero.
Carlos explicó que como la mayoría tiene que ayudar a su familia allá, ya no pueden sostenerlo y esa es una de las principales causas por las que se van.
Aunque no hay datos exactos, se estima que la comunidad es de alrededor de 6.500 personas.
Las esperanzas
Cuando eligieron Mendoza, había un mejor escenario, pero aun así para muchos, sigue siendo una buena opción.
Argentina es uno de los pocos países de América Latina que no exige visa para ingresar y aseguran que demanda menos requisitos. El acceso a servicios de salud y educación gratuitos es para ellos una razón de peso para quedarse, mientras que destacan que, a diferencia de su país, aquí aún hay garantías políticas.
Andrea llegó antes del ingreso masivo, hace 11 años, para hacer un doctorado. Sus padres le enviaban dinero para solventarse hasta que su gobierno impuso restricciones al envío de divisas, debió abandonarlo y salir a trabajar. Decidió quedarse, era mejor opción que volver y hoy está casada con un mendocino.
En aquel entonces “la comunidad venezolana era chica, ha crecido mucho los últimos años, vienen buscando tranquilidad, y es algo que ofrece Mendoza, si conseguís un trabajo y te va bien, creo que no te vas más, es muy receptiva”, aseguró.
“Ahora ha cambiado, pero en aquel momento podía salir a las dos de la mañana: era increíble que pudieras salir a esa hora y que no te pase nada, en Venezuela huíamos de eso, que no pudieras sacar el celular en la calle, un sufrimiento porque aparecía una moto y te mataban por robarte, acá era seguro”, relató.
Sin embargo dijo que ahora tiene más temor: “Hace mucho que no me subo al micro porque me da miedo, en la calle ya no es lo mismo que hace 5 años”.
Contó que hay venezolanos de Argentina que están regresando a Venezuela, “porque acá es como un ‘déjà vu ’, de estar viviendo en la Venezuela del 2013 y el 2014, ante podían enviar dinero a sus familias, ya no, y les cuesta llegar a fin de mes, al menos allí tienen su casa”.
Dijo que ven políticas que aplicaron en su país y fracasaron.
“Quizás la diferencia, y es lo que hace que se queden, es que todavía Argentina tiene algo de democracia, tu derecho al voto se escucha, está presente, entonces eso da un dejo de esperanza de que las cosas puedan cambiar, y que no pase lo que pasa en mi país en que hay una ley mordaza, no hay derecho a protestar, a dar opinión como pueblo, acá todavía tenés voz”, opinó.
Y luego agregó: “Si tengo que comparar algunas fechas, me recuerda mucho a la Venezuela del 2014 por el tema seguridad, económico, cuesta llegar a fin de mes”.