Un joven mendocino se quedó sin trabajo, se puso a fabricar antenas de comunicación y ahora sueña con exportarlas

Tomás realiza la prueba de un equipo que terminó de armar hace unas horas. Durante este año se especializó en perfeccionar estos aparatos para radioaficionados. / Archivo.
Tomás realiza la prueba de un equipo que terminó de armar hace unas horas. Durante este año se especializó en perfeccionar estos aparatos para radioaficionados. / Archivo.

Cursa ingeniería y es radioaficionado, durante la pandemia volcó ideas y ahorros en optimizar antenas direccionales. Las vende y hoy ya recibe consultas para venderlas a Europa desde su Rama Caída natal.

Cuando perdió su empleo en el kiosco de una escuela de su pueblo, en Rama Caída (San Rafael) debido a la pandemia, Tomás Chmit, que tiene 23 años y es estudiante de ingeniería electromecánica se puso de inmediato en pensar en nuevas ideas.

Nunca imaginó que el confinamiento iba a brindarle la gran oportunidad de dedicarse a algo que siempre lo apasionó: las antenas para radioaficionados.

Siempre se había mostrado intrigado por esta tarea y de hecho tenía su handy -de escaso alcance- ya que se lo exigían cada vez que hacía alta montaña. Pero ahora quería ir por más: optimizar antenas y brindarles más alcance y calidad.

“Necesitaba crear más sofisticación, pero nadie se dedicaba a esto en el país. Estas antenas no existían y así empecé a trabajar”, relata y agrega: “Probé con materiales que tenía en casa hasta que hice funcionar la primera antena hecha en un palo de madera con alambres, precaria pero eficiente y que todavía conservo”.

Después de probarla unos días y ver que funcionaba perfectamente, con algunos ahorros hizo un pedido de aluminio a Buenos Aires y la rediseñó por completo hasta convertirla en desarmable y portátil.

Con eso pudo fabricar tres antenas más que vendió de inmediato. Ese dinero volvió a reinvertirlo en materiales y herramientas para lograr cada vez más prolijidad y precisión en el resultado.

“De eso saqué ocho más que también vendí rápidamente. Otra vez invertí en nuevos materiales”, evoca.

Así fue que se incorporó su papá al proyecto, también radioaficionado, que quería probar con otro tipo de antenas.

“Trabajando codo a codo compramos un equipo digital para verificar el ajuste de las antenas y eso nos ahorró mucho tiempo y, además, empezaban a quedar mucho mejor ajustadas en cuanto a la frecuencia”, recuerda.

Hasta ese momento, cuenta, no habían obtenido ganancias económicas, pero sí la satisfacción personal y el acopio de mucho material como cables, conectores y herramientas para poder seguir con el negocio.

“Si bien bajó un poco la venta de antenas portátiles, empecé a fabricar muchas específicas a pedido, ya que las fábricas de antenas que hay en la Argentina ya casi no se dedican a las radios, sino a comunicaciones wi-fi, telefónicas y cosas por el estilo”, relata.

Tomás dice sentirse sorprendido por el auge de su emprendimiento y ya concretó su cuenta de Instagram para la difusión de su trabajo.

“Me suelo cruzar con radioaficionados de todo el mundo y me preguntan si exporto a Europa, algo que ya estoy pensando hacer”, se entusiasma.

Agrega que esta iniciativa que surgió a partir del confinamiento y en el que volcó todos sus ahorros le dio “felicidad y satisfacción”.

“Increíble, pero sin la pandemia esto no hubiese sucedido”, concluye.

Enamorados del pequeño pueblo de San Rafael

Tomás, que vive con sus padres y su hermana en Rama Caída, nació en Buenos Aires pero se mudó a Mendoza cuando tenía cinco años. Hijo de un electricista y una docente, desde muy pequeño se sintió atraído por la electrónica y las máquinas mecánicas.

“Observaba a mi viejo y a mi abuelo trabajando en esas cosas y cuando me anoté en la secundaria, obviamente, lo hice en una técnica”, recuerda.

Egresó como técnico en Electromecánica de la ENET N 1 de San Rafael y hoy estudia en la sede de la UTN de la misma ciudad.

“Hasta el momento trato de llevar estudio y trabajo sin que una cosa me quite tiempo para la otra”, cuenta.

Desde finales de la secundaria Tomás trabaja como servicio técnico de PC, alarmas para autos, instalaciones eléctricas, planos en computadora, reparación de máquinas. Si bien en un principio lo tomaba como un pasatiempo, hoy es consciente de lo mucho que lo ayudó a tener experiencia.

“¿Objetivos? Terminar mi carrera y consolidar mi proyecto sobre antenas, que estoy seguro funcionará. De lo contrario tendré mi título y eso es algo que nadie podrá quitarme”.

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