Logró capturar su amor por Mendoza en videos. Atesoró los VHS (formato de videocasete analógico, para los jóvenes) por años en un viejo baúl que a veces abría cuando la melancolía lo invadía en la insensible Nueva York, donde reside hace 32 años.
Guardó durante años viejas cintas VHS en un baúl y hoy, desde Nueva York, revive una Mendoza noventosa hecha de picadas, noches interminables y adolescencias sin filtros. La historia de Sergio Larrañaga y los videos que emocionan en redes.
Logró capturar su amor por Mendoza en videos. Atesoró los VHS (formato de videocasete analógico, para los jóvenes) por años en un viejo baúl que a veces abría cuando la melancolía lo invadía en la insensible Nueva York, donde reside hace 32 años.
Sergio Larrañaga es el ojo detrás de los videos noventosos que “actualizaron” su formato y han impacto en las redes sociales. Las picadas en el parque San Martín en 1998, paseos de adolescentes en el Cerro de la Gloria a fines de los 90 e incluso la movida nocturna de esa época muestran una Mendoza que solo vivía en los relatos de quienes fueron adolescentes en la agitada década del 90.
Sergio hoy tiene 58 años y es el coordinador de las salas de reuniones y eventos de la prestigiosa casa estadounidense de joyería de lujo Tiffany & Co. El ‘mendorquino’ pasa 40 horas semanales en la opulenta Quinta Avenida, esquina 23 ST, edificio donde nacen los diseños de joyas que luego vemos en los cuellos de estrellas de cine o en urnas de cristales celosamente custodiadas.
SiN embargo, luego de su jornada laboral, Sergio regresa a su domicilio en Queens para volver por un rato a su Mendoza querida. “Tengo muchísimo material en video, me propuse subir dos por semana y los voy “digitalizando” de manera artesanal: pongo el VHS en la casetera y, con un trípode apunto mi IPhone a la pantalla y los grabo con el celu para luego editarlos y subirlos a mis redes. Ahora voy a subir videos inéditos de la vendimia del 96’”, anticipa el fotógrafo que nació en Capital, pero vivió muchos años en Las Heras.
Cuando Sergio tenía dos años sus padres, el fallecido escultor y pintor Juan Carlos Larrañaga y la enfermera Ana María Larrañaga, decidieron emigrar a Nueva York. Eran fines de la década del 70.
Ya para 1983 la familia regresó a tierras cuyanas, pero de visita. Sergio, quien ya había incursionado en la fotografía cuando ayudaba a su padre a capturar sus obras, sintió el “abrazo de su provincia”. “Me enamoré de Mendoza. De la montaña, de la gente”, sentenció.
Sergio tenía 13 años y decidió quedarse con unas tías en Las Heras y sus padres regresaron a Norteamérica. Por eso, su adolescencia la pasó en la tierra del Malbec. “Vivía con la cámara al hombro, empecé con una Súper 8, pero luego mi papá me regaló para un cumpleaños una cámara con casette y esa fue mi fiel compañera”, recordó.
El ahora “influencer del recuerdo” trabajó cuatro años en el hotel Aconcagua, “mi buen inglés me abrió las puertas para ese trabajo”, confesó. Pero, además, su cámara le permitió entrar al negocia de las filmaciones de eventos sociales.
En 1994, cuando ya llevaba 11 años viviendo con sus tías en Mendoza, recibió un llamado de su padre: “Venite acá (a Nueva York) para que te hagas la ciudadanía”. Sergio accedió pese a que no tenía pensado abandonar la provincia y fue al reencuentro con sus padres.
“Allá empecé a trabajar y a ganar mucho mejor que en Mendoza, eso me fue atando a Estados Unidos y me quedé para siempre”, resumió. Sin embargo, regresaba a Mendoza todos los años para las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Esto fue entre 1994 y los 2000, aquí nacieron los videos que hoy explotan en el Instagram de Sergio.
“Yo venía con la cámara y grababa todo, porque mis amigos de allá me preguntaban cómo era la noche y la vida en Mendoza. Cuando les mostraba las imágenes no lo podían creer, se querían tomar el primer avión”, se ríe.
Hoy es algo natural filmar y fotografiar todo, pero en esa época no existía el registro audiovisual. Y, sin proponérselo, Sergio grabó imágenes que hoy adquieren un gran valor. “Se nota como ha mutado hasta la forma de hablar, o amigas mías que salen en los videos se sorprenden de cómo salían a bailar, poco maquillaje. Hoy las chicas se producen muchos más. Ha cambiado mucho todo”, dice el documentalista.
Sergio había subido algunos de sus videos en Mendoza a YouTube pero las vistas eran casi nulas. Cuando comenzó usar Instagram solo empezó a compartir material de sus trabajos como fotógrafos en Nueva York, pero nada extraordinario pasó.
Luego vio que muchos compartían videos de los 80 y 90' en las redes y que lograban muy buenos números. Allí volvió a pensar en sus noches en Mendoza: “Primero subí las picadas en el Parque. Habían pasado dos horas y pensé: ‘mejor lo borro’, pero cuando entré algo estaba pasando, rápidamente superó las 100 mil visitas”, enumeró.
A las picadas en la rotonda del San Martín, lo siguieron los videos del boliche Omero y del Cerro de la Gloria. “Ahí me di cuenta que era un éxito y decidí seguir publicando”, aseguró.
Sergio recuerda que llevaba su cámara a todos lados, pudo entrar a los boliches como Omero y Al Diablo gracias a la insistencia de sus amigos a los ‘patovicas’: “Les decían que venía de Estados Unidos a filmar para mostrar la noche de Mendoza y como tenía pasaporte americano me dejaban pasar”.
“La verdad no puede creer lo que ha pasado con los videos, estoy muy sorprendido”, confesó Sergio quien hoy está en Mendoza por el cumpleaños número 15 de la hija de una expareja, que es “su hija del corazón”.
El mendocino radicado en Nueva York asegura que tiene mucho material de los 90 en Mendoza y anticipó que irá subiendo dos contenidos por semana. “Tengo imágenes increíbles, no las van a poder creer”, finalizó.