23 de octubre de 2026 - 08:30

"No quería la mirada de 'pobrecita, está enferma'": la historia de Romina Terranova sobre el cáncer de mama y el uso de cascos de frío

En la primera emisión de Sesiones, conducido por Laura Rez Masud, la periodista gastronómica relata cómo enfrentó el diagnóstico y el impacto del tratamiento.

En la primera emisión de Sesiones para vivir mejor, conducido por Laura Rez Masud, la periodista gastronómica, Romina Terranova, relata cómo enfrentó el diagnóstico de cáncer de mama y el impacto del tratamiento, tanto en lo físico como en lo personal.

El impacto de recibir el diagnóstico de cáncer de mama

¿Qué significa para una mujer recibir un diagnóstico de cáncer de mama?

Sara Echegaray: La verdad que no deja de ser una palabra que tiene una connotación muy negativa. Es un quiebre en la vida de la mujer cuando le damos el diagnóstico, pero es importante acompañar y también hacerle saber que hoy en día es una enfermedad que tiene tratamiento, muchas chances de curación y que no están solas en este proceso. Creo que es lo fundamental de esta parte de dar el diagnóstico: acompañar.

¿Es diferente afrontar ese momento cuando la paciente es joven?

Sara Echegaray: Siempre es difícil porque una empatiza como mujer, como madre, como hija, como amiga. En las mujeres más jóvenes, obviamente, este quiebre es más fuerte porque nos enfrentamos a otros aspectos de la vida.

Muchas chicas jóvenes, algo que cada vez vemos con mayor frecuencia, todavía no han sido mamás o están desarrollando su carrera profesional. Entonces tenemos que abordar otros aspectos que quizás en una mujer de 60 o 65 años no tenemos que abordar, como la preservación de la fertilidad, el asesoramiento genético y cómo comunicarles esto a sus hijos. Pero no deja de ser siempre una noticia difícil de dar.

Romina, ¿cómo fue cuando te comunicaron el diagnóstico?

Dijo “cáncer” y después dijo “quimio”. Y ahí, eso fue lo último que yo escuché. Obviamente salí llorando. Menos mal que estaba mi marido al lado para después pasarme en limpio todo lo que la doctora me había dicho. Es difícil. El trayecto desde el consultorio a mi casa fue gritando, llorando, desconsolada. Pero después volví al poquito tiempo porque me tenía que decir cuál era el esquema, qué íbamos a hacer, y ahí estuve mucho más tranquila. Me sentí súper contenida.

Tenías 38 años y tres hijas pequeñas. ¿Cómo atravesaste ese momento?

Romina Terranova: Fue un tema cómo se los decía a mis nenas. Cada uno hace lo que puede en ese momento. A mi familia no fue tan difícil decírselo porque somos muy unidos y hablamos un montón.

Para mis hijas tampoco fue tan difícil. Sé que hay personas que eligen no contárselo a los hijos porque sufren. Yo nunca había ido a un psicólogo en toda mi vida y con esto empecé. Empecé con una psicóloga especialista en oncología. Ya no voy más porque me dio el alta, pero sí lo necesité y creo que fue clave en mi tratamiento.

¿Todos los cánceres de mama son iguales?

Sara Echegaray: Hay muchos tipos. A veces uno dice “cáncer de mama” y cree que es una enfermedad, pero en realidad es un grupo de enfermedades. Cuando pedimos la biopsia tratamos de identificar los puntos débiles que tiene un tumor y que nos permiten personalizar el tratamiento.

Más allá de detectarlo en un estado temprano, cuando todavía no se ha extendido a ninguna parte, que es fundamental para las chances de cura, cada tipo de tumor lleva un tratamiento específico. Hay pacientes que hacen quimioterapia, otras reciben anticuerpos, inmunoterapia u hormonoterapia. Esto es muy individual: cada tipo de tumor tiene su tratamiento, su duración y su pronóstico.

¿Por qué es tan importante el diagnóstico precoz?

Sara Echegaray: En cáncer de mama no tenemos lo que existe en otras enfermedades, que es la prevención primaria, es decir, evitar que aparezca la enfermedad.

El cáncer de mama no podemos evitarlo, pero sí podemos llegar temprano, y eso impacta directamente en las tasas de sobrevida y en la agresividad de los tratamientos. Por eso se insiste tanto con el diagnóstico precoz.

En tu caso Romina, ¿cómo empezó todo?

Me toqué un bultito que estaba bastante alto. Al otro día me hice una mamografía y una ecografía, y me dijeron que no tenía nada, que me volviera a mi casa y que en seis meses me lo hacían de nuevo. Pero escuché mi cuerpo y dije: “No, esto algo es”. Me fui a otro lugar ese mismo día y me hice otra mamografía y otra ecografía mamaria. En ese momento me dijeron que me quedara, que me iban a hacer una biopsia. Ahí empezó la historia.

Cáncer de mama y los cascos fríos: una alternativa para cuidar el pelo

La quimioterapia se asocia a la caída del cabello. ¿Cómo llegaste a los cascos fríos?

Romina Terranova: En ese momento no había mucho en Mendoza. Había una o dos pacientes antes que yo. Empecé a investigar y justo conocí a una chica que estaba atravesando un tratamiento similar al mío y había conservado su pelo. Decidí probar. Si lo conservaba, buenísimo; y si no, siempre había un plan B, una peluca o un pañuelo.

En ese momento no era fácil escuchar la palabra cáncer, la palabra quimio y pensar que me iba a quedar pelada. Primero, por mis nenas: no quería que me miraran y no reconocieran a su mamá. Y segundo, porque no quería la mirada del otro, el “pobrecita, está enferma”. Prefería vivirlo en la tranquilidad de mi casa y con mi familia.

¿Cómo funcionan y qué implica utilizarlos durante el tratamiento?

Romina Terranova: Algo que quiero decir, que es importante, es que los cascos fríos no se pueden usar en todos los casos ni en todos los tipos de cáncer. Hay tumores, como la leucemia, en los que no están sugeridos. Lo que hace el casco es causarte como una hipotermia en la cabeza para que no pase toda la medicación y no afloje el folículo piloso.

No es fácil aguantárselos. Los cascos se arman con geles que van al freezer y hay que preparar varios, porque te los tenés que ir cambiando cada media hora durante el tratamiento. Se hacen a la medida de la cabeza y tienen que estar muy bien ajustados al cuero cabelludo mojado. Es duro, pero se puede.

En mi caso, mi marido me los cambiaba. La teoría dice que el pelo se empieza a perder a los veinte días, más o menos. Cuando vi que ya llevaba treinta días y el pelo seguía ahí, dije: “Bueno, funciona”. Cada vez iba más contenta y me animaba más.

¿Qué resultado obtuviste y qué hacés hoy con esa experiencia?

Romina Terranova: Me funcionó. Hoy ayudo a muchísimas chicas, no solamente con la logística, explicándoles cómo se usan, sino también tratando de conseguírselos. Hay gente que puede comprarlos y hay personas que no, y no quiero que eso sea un impedimento para que los usen. En lo que pueda ayudar con el tema de los cascos, lo sigo haciendo hasta el día de hoy.

Durante el tratamiento, ¿pudiste continuar con tu vida cotidiana?

Romina Terranova: Seguí trabajando. Nunca frené de hacer deportes. Después de la cirugía tenía una competencia de patín artístico y yo quería seguir haciendo lo que me hace bien, lo que me hace feliz. Así pasé todo mi tratamiento, nunca dejando de trabajar. Por lo menos yo lo viví así. No digo que todo el mundo lo vive igual, y está bien también permitirse estar mal cuando uno lo siente necesario.

¿Qué avances hubo en los tratamientos contra el cáncer de mama?

Sara Echegaray: Hay mucho avance en cáncer de mama. Es impresionante cómo cambiaron los tratamientos de las pacientes de hace cinco años a ahora. Hemos tenido avances incluso en contextos que antes se consideraban una enfermedad incurable y hoy hablamos, en muchos casos, de una enfermedad “cronificable”.

Cuando la enfermedad está diseminada a otros órganos, antes sabíamos que esa paciente no se curaba. Hoy, si bien no se cura, se puede “cronificar” y seguir a lo largo del tiempo. No en todos los casos se cura, pero en una gran mayoría sí. Y en los casos que no son curables, podemos acompañar y tratar durante muchísimo tiempo, con una excelente calidad de vida. Eso también es importante destacar: aunque no se haya encontrado a tiempo o esté en otra parte del cuerpo, hay tratamientos y no significa que no haya nada para hacer.

¿Cuál es el mensaje para una mujer que acaba de recibir el diagnóstico?

Romina Terranova: Primero y principal, cuando uno recibe ese diagnóstico se ve sola, y no está sola. Los controles son hoy, no mañana. No tiene sentido dejarse estar. Hay que cuidarse, escucharse, tocarse y hacerse el autoexamen. Y si te toca, apretar los dientes, cerrar los ojos y seguir para adelante con toda la fuerza del mundo.

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