21 de octubre de 2026 - 22:14

Gustavo Oriozabala nadará 44 kilómetros en Río de Janeiro por la Travesía Rosa

El nadador mendocino afrontará este sábado una travesía de 44 kilómetros en aguas abiertas frente a las costas de Brasil. Tras completar la histórica vuelta a la isla de Manhattan, en Nueva York, irá por un nuevo desafío deportivo, esta vez con un fin solidario: recaudar fondos para financiar mamografías y promover la prevención del cáncer de mama.

El nadador mendocino, de 55 años, se prepara para completar más de 40 kilómetros en el mar brasileño, en una travesía que lleva el nombre de Travesía Rosa y que tiene como objetivo promover la prevención del cáncer de mama y colaborar con el acceso a estudios de detección temprana.

Será su tercer gran desafío del año, en una carrera deportiva que parece encontrar siempre una nueva frontera por superar. Después de completar la histórica vuelta a la isla de Manhattan en Nueva York, Oriozabala vuelve a ponerse a prueba en un escenario diferente, con la particularidad de que esta vez el calendario le impuso una dificultad adicional y deberá afrontar el desafío con muy poco tiempo de descanso.

El nadador mendocino junto a sus hijas luego de nadar durante más de 7 horas en las aguas de Manhattan

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Un cambio de planes que suma dificultad

La travesía estaba prevista inicialmente para el lunes, pero las condiciones meteorológicas obligaron a adelantarla. La presencia de tormentas y la inestabilidad del tiempo en la zona modificaron los planes y llevaron a la organización a buscar una nueva ventana para realizar el recorrido.

El denominado "Nadador del Fin del Mundo", viajará este viernes y se lanzará al agua a las 00.30 del sábado 24 de octubre. El margen para descansar y recuperar energías será mínimo antes de comenzar una prueba que demandará muchas horas de esfuerzo sostenido. «Viajo este viernes y me lanzo al agua a las 00.30 del día sábado 24, por lo que no voy a tener ni tiempo de descansar», contó Oriozabala en diálogo con Los Andes, antes de emprender el viaje a Brasil.

El propio nadador reconoció que las condiciones previstas anticipan una travesía complicada. «Se adelantó la fecha, debido al súper niño y todo eso, y será una travesía complicada, pero, a decir verdad, cada desafío que he emprendido lo ha sido», explicó.

La decisión de adelantar el cruce respondió a la necesidad de aprovechar la primera oportunidad favorable. «Me llamó la persona que tiene a cargo la embarcación y me dijo que, si no lo hacíamos la primera noche, después sería imposible, porque estamos teniendo tormentas todos los días», relató.

Así, a la exigencia habitual de nadar durante decenas de kilómetros se sumará el desafío de adaptarse a un cronograma imprevisto. La travesía será nocturna, como otras que el mendocino ya realizó, y contará con el acompañamiento de un equipo de apoyo. Aun con esa asistencia, el recorrido representa una prueba de máxima exigencia.

Una marca más Gustavo Oriozabala, el hombre récord: el mejor nadador de aguas abiertas cruzó a nado el Nahuel Huapi

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De Manhattan a las aguas de Río de Janeiro

La trayectoria de Oriozabala está marcada por las experiencias de larga distancia. En sus comienzos fue fondista de pista, con participación en pruebas de 800 y 1.500 metros, hasta que dejó atrás la competencia en la pileta para dedicarse a las aguas abiertas, una disciplina en la que la resistencia física debe ir de la mano de la fortaleza mental.

Con el paso de los años, el mendocino construyó una trayectoria que lo llevó a escenarios emblemáticos de la natación internacional. Ganó la tradicional travesía del lago Saint-Jean, en Canadá, y completó más de 70 cruces históricos alrededor del mundo.

Su reciente vuelta a la isla de Manhattan representó otro capítulo destacado de una carrera ligada a la superación de límites. Ahora, el mar de Río de Janeiro le presenta una nueva prueba, con un recorrido previsto de aproximadamente 44 kilómetros y un componente solidario que le da un significado especial.

El trazado pasará frente a algunas de las playas más conocidas de la ciudad brasileña, como Copacabana, Ipanema, Leblon y Recreio. Sin embargo, no se tratará de una competencia junto a la costa: Oriozabala nadará en mar abierto, a varios kilómetros de distancia de las playas.

La preparación, las horas acumuladas en el agua y la experiencia en pruebas extremas serán fundamentales para afrontar un recorrido que exigirá administrar el esfuerzo durante toda la noche.

Nadar para ayudar, el corazón de la Travesía Rosa

Más allá de la exigencia deportiva, el objetivo solidario ocupa un lugar central en esta iniciativa. La Travesía Rosa busca transformar el esfuerzo de los nadadores en recursos para facilitar el acceso a mamografías y promover la detección temprana del cáncer de mama.

Oriozabala señaló que la organización ya había conseguido financiar unas 3.000 mamografías y que, con esta nueva travesía, esperaba reunir fondos para sumar otras 2.000. Se trata de cifras estimadas y vinculadas a los resultados que alcance la campaña.

El propósito es ampliar las posibilidades de acceso a un estudio fundamental para la detección temprana de la enfermedad, especialmente para aquellas mujeres que necesitan asistencia económica para realizarlo.

La convocatoria llegó a través de Julieta O’Connor, nadadora de aguas abiertas y presidenta de Travesía Rosa. Oriozabala contó que conocía el proyecto desde comienzos de año y que la iniciativa solidaria se convirtió en una nueva motivación para afrontar un desafío de estas características.

En esta oportunidad, cada kilómetro tendrá un significado que excede el rendimiento individual. El esfuerzo, la preparación y las horas en el mar estarán vinculados a una causa que busca generar conciencia y contribuir a que más mujeres puedan acceder a controles médicos.

Un desafío que se mide más allá de la distancia

A los 55 años, Gustavo Oriozabala continúa encontrando en las aguas abiertas un espacio para poner a prueba sus propios límites. Su trayectoria está construida sobre la perseverancia, la experiencia y la búsqueda de desafíos que exigen tanto del cuerpo como de la mente.

La travesía de Río de Janeiro será otra prueba de esa capacidad, pero también una oportunidad para darle visibilidad a una causa que necesita difusión y compromiso colectivo.

El mendocino viajará con poco tiempo de descanso, un cambio de planes de último momento y la incertidumbre que siempre acompaña a una prueba en mar abierto. Frente a él habrá 44 kilómetros de agua, una noche de esfuerzo y un recorrido que pondrá a prueba todo lo aprendido durante años de preparación.

Esta vez, sin embargo, la meta no será solamente completar la distancia. Detrás de cada brazada estará también el objetivo de ayudar a financiar mamografías y recordar la importancia de la prevención.

Porque para Oriozabala, como en tantos otros desafíos de su carrera, el verdadero sentido de la travesía estará en llegar al final. Pero esta vez, además, en hacerlo por una causa muy noble y solidaria.

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