7 de febrero de 2026 - 08:35

Mientras Elon Musk tomaba mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín

Vecino de San Martín y autodidacta en electrónica, mecánica y energía, José Carlos Abdala desarrolló vehículos eléctricos, sistemas solares y prototipos experimentales desde comienzos de los años 80, décadas antes de que la movilidad eléctrica se instalara como tendencia global. A los 73 años, continúa investigando, estudiando y compartiendo su experiencia desde su taller mendocino.

El portón del taller se abre hacia adentro y deja ver una escena que mezcla décadas. Hay estructuras metálicas apoyadas contra una pared, baterías alineadas como piezas de museo en uso permanente, herramientas gastadas por el trabajo diario y un torno que todavía gira cuando un proyecto lo necesita. José Carlos Abdala camina entre todo eso con la naturalidad de quien conoce cada rincón. Tiene 73 años, vive en San Martín y sigue pensando en lo mismo que cuando era chico: cómo hacer que algo funcione.

Mientras el mundo recién comenzaba a hablar de movilidad eléctrica y décadas antes de que empresas como Tesla popularizaran el concepto, Abdala ya había armado autos que se movían con baterías y sistemas solares. Lo hizo en Mendoza, con herramientas propias, conocimiento autodidacta y un método que mezcla electricidad, mecánica, electrónica y ensayo constante.

La historia empieza mucho antes de que aparecieran los vehículos eléctricos como tendencia global. Empieza en su casa, cuando José era niño y su padre fabricaba baterías. Ahí comenzó todo.

“Yo jugaba con las baterías”, cuenta. El recuerdo no aparece como una anécdota aislada sino como el punto de origen. Con una batería y un dínamo armó su primer autito. No era un juguete comprado ni un experimento escolar. Era una construcción propia. Desde ese momento, el proceso de inventar se transformó en rutina.

En su casa, dice, la figura del inventor tenía peso. Se hablaba de quienes creaban soluciones como personas que aportaban algo concreto. "En mi casa se hablaba del inventor como una persona importante”. Esa idea quedó instalada. Abdala creció entre cables, placas, motores y piezas sueltas que se convertían en mecanismos.

Su camino académico formal tuvo un recorrido parcial. Comenzó Ingeniería electrónica, pero no la terminó. En paralelo, fue radioaficionado y fabricó sus propios equipos de comunicación. Trabajó en metalurgia, fundió materiales y aprendió a construir piezas desde cero. Con el tiempo incorporó conocimientos en robótica, electrónica industrial, motores eléctricos, sistemas neumáticos y tableros de potencia.

“Me hice mis propios títulos”, dice. La frase no aparece como una provocación sino como una síntesis. En su taller hay torno, fresadora, herramientas manuales y equipos que le permiten fabricar ruedas, bobinas o estructuras completas. Si necesita una pieza, la construye.

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Mientras Elon Musk tomaba la mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín.

Mientras Elon Musk tomaba la mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín.

Abdala sostiene que, en su caso, no haber terminado la carrera universitaria lo llevó a recorrer distintos campos técnicos. Cree que ese cruce de saberes le permitió avanzar sin encasillarse en una sola especialidad. “Si hubiera trabajado en una empresa, tal vez me habría quedado en un área específica”, plantea.

A comienzos de los años 80 empezó a trabajar con energía solar. En ese momento el tema tenía escasa presencia en el país. Su primer desarrollo comercial fueron los calefones solares. La idea apareció a partir de un pedido concreto.

Un amigo que vendía productos metálicos en distintas provincias le preguntó si podía fabricarlos. Abdala respondió que sí. Construyó diez unidades y se vendieron en poco tiempo en San Luis. Ese fue el punto de partida de un sistema de comercialización que funcionaba por encargos. Entregaba un equipo por mes.

Los calefones solares le permitieron sostener su actividad y ordenar su vida económica. Con ese trabajo compró la casa donde vive actualmente y donde funciona su taller. También recuerda que, en ese período, se compró una coupé Fuego, uno de los autos más difundidos del mercado argentino de esos años.

El paso siguiente fue el desarrollo de vehículos eléctricos. Abdala y tres socios crearon la Compañía Argentina de Tecnología. El proyecto tenía un plan de trabajo de cuatro años. Él se concentró en la investigación y el desarrollo técnico.

El primer auto eléctrico lo armó sobre el chasis de un Renault Gordini. Después compraron un Fiat Uno cero kilómetro y lo transformaron. El sistema funcionaba con 16 baterías. La autonomía permitía viajar desde San Martín hasta la ciudad de Mendoza y regresar.

El problema, recuerda, era el peso. La mayor parte del vehículo estaba ocupada por las baterías. Esa limitación tecnológica condicionaba el rendimiento y el diseño.

En ese período, su trabajo fue incluido en listados internacionales de desarrolladores de autos eléctricos. Aparecía junto a fabricantes como General Motors, BMW y Fiat. La visibilidad mediática también creció. Su nombre comenzó a circular en medios nacionales.

El siguiente paso fue intentar que el proyecto se produjera en serie. Abdala presentó el auto en distintos ámbitos y gestionó reuniones con empresas automotrices. Una de esas instancias fue el encuentro con Franco Macri, entonces titular de SEVEL.

Abdala recuerda ese viaje a Buenos Aires como una escena precisa. Compró un traje para la reunión y llevó el vehículo para mostrarlo. La respuesta fue negativa. La empresa no contemplaba modificaciones en sus modelos. El proyecto no avanzó en ese sentido.

Lejos de detenerse, Abdala siguió desarrollando vehículos. Construyó autos urbanos, minibuses, triciclos eléctricos, unidades para transporte interno y prototipos con sistemas combinados de energía solar. En total, estima que desarrolló alrededor de veinte vehículos.

Además de la movilidad eléctrica, trabajó en sistemas solares para iluminación de espacios públicos y en mecanismos hidráulicos que alimentaban juegos de agua en canales de riego. Su actividad se mantuvo siempre ligada a la experimentación aplicada.

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Mientras Elon Musk tomaba la mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín.

Mientras Elon Musk tomaba la mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín.

Durante ese recorrido, también enfrentó obstáculos regulatorios. Recuerda que en una ocasión fue detenido por circular con un auto eléctrico y debió presentar una autorización policial. El marco normativo para ese tipo de vehículos era inexistente.

Comparando esa experiencia con lo que observó en Estados Unidos, señala diferencias en la tolerancia hacia prototipos experimentales. También remarca el rol del financiamiento. Según Abdala, en otros países existen inversores dispuestos a apostar a proyectos tecnológicos sin exigir resultados inmediatos.

“Acá, si el proyecto no funciona rápido, se deja”, explica. Considera que esa lógica condiciona el desarrollo tecnológico local.

A pesar de esas dificultades, Abdala nunca evaluó radicarse en otro país. Dice que su objetivo no fue económico. Plantea que buscó desarrollar ideas y sostener un modo de vida que le permitiera trabajar en lo que le interesa.

Reconoce, sin embargo, que muchas veces abandona proyectos antes de su comercialización. Se define como desarrollador y no como empresario. Cuando una idea funciona, suele avanzar hacia otra.

Hoy identifica un punto central en el desarrollo de la movilidad eléctrica: las baterías. Sostiene que el litio representa el eje estratégico de la industria. Señala que Argentina exporta el mineral y luego importa baterías terminadas a costos más altos.

“El futuro no está en fabricar autos, está en fabricar baterías”, plantea. Según su análisis, el avance tecnológico actual permite resolver los problemas de peso y autonomía que limitaban a los primeros prototipos. Las baterías de litio ofrecen mayor rendimiento y menor volumen.

Observa que grandes fabricantes internacionales concentran la producción y el desarrollo de esa tecnología. Menciona a Tesla y Toyota entre las empresas con mayor avance en el sector.

Mientras tanto, Abdala continúa trabajando. En paralelo a su actividad en el taller, decidió retomar el estudio formal. Actualmente cursa una maestría en Energía en la Universidad Nacional de Cuyo. El programa tiene una duración de dos años.

También sumó una nueva dimensión a su actividad: la difusión en redes sociales. Tiene alrededor de 300 mil seguidores en Youtube y sus videos muestran proyectos, explicaciones técnicas y registros de sus desarrollos. Uno de sus últimos contenidos superó el millón de reproducciones sumando distintas plataformas.

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Mientras Elon Musk tomaba la mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín. (Enrique Pfaab - Los Andes)

Mientras Elon Musk tomaba la mamadera, José Abdala construía autos eléctricos en San Martín. (Enrique Pfaab - Los Andes)

La visibilidad digital generó un efecto inesperado. Parte de su trabajo histórico volvió a circular entre nuevas generaciones interesadas en energías renovables y movilidad eléctrica.

Abdala mantiene contacto con emprendedores que están comenzando en el rubro. Comparte experiencias y relata los obstáculos que enfrentó. “El futuro de ellos es mi pasado”, dice, marcando una continuidad entre distintas etapas del desarrollo tecnológico local.

En su taller, los proyectos conviven sin orden cronológico. Hay estructuras que recuerdan prototipos de los años 80 y equipos que responden a investigaciones actuales. La dinámica de trabajo se mantiene igual que siempre: probar, ajustar, volver a armar.

Cuando se le pregunta si hubo un momento en el que sintió haber llegado a su objetivo, responde que no. Dice que la pasión estuvo siempre, pero que los resultados fueron parciales. Recuerda frustraciones, intentos fallidos y proyectos que no avanzaron por falta de financiamiento o respaldo industrial.

Sin embargo, no aparece la idea de balance final. Abdala sigue trabajando, estudiando y diseñando. Dice que su impulso no cambió con el tiempo.

En una época en la que la movilidad eléctrica se convirtió en una tendencia global y en la que nombres como Elon Musk ocupan el centro de la escena tecnológica, Abdala mira su recorrido desde otra escala. Sus desarrollos nacieron en un taller de San Martín, sin estructuras empresariales ni inversión externa.

Mientras el debate sobre el futuro energético se instala en la agenda internacional, Abdala continúa moviéndose entre cables, baterías y piezas metálicas. Lo hace con el mismo método que cuando era chico: probar hasta que algo funcione.

A los 73 años, sigue entrando todos los días a su taller. Entre herramientas, motores y proyectos en proceso, repite una frase que resume su trayectoria. Dice que nunca dejó de inventar. Y que, mientras pueda, seguirá haciéndolo.

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