El bolsillo se impone a la salud al momento de comprar los alimentos

Un informe de la UCA, a dos años de la ley de etiquetado, indica que un tercio de los hogares ha cambiado sus hábitos de consumo. Los testimonios son variados, pero el cuidado del bolsillo aún puede más.

Los mendocinos consideran más los precios que los octógonos a la hora de comprar alimentos.
Los mendocinos consideran más los precios que los octógonos a la hora de comprar alimentos.

Leche, jugo, café, yerba, edulcorante, azúcar, galletas, mermelada, dulce de leche, arroz, fideos, harina, lentejas, garbanzos, polenta, aceite, salsa... La compra de la lista de productos alimenticios industrializados es todo un desafío. Dos factores son los que condicionan la acción de consumidoras y consumidores frente a las góndolas.

En primer lugar, en este contexto de tener que hacer rendir el sueldo, la evaluación de precios está a la orden del día. Con calculadora en mano, es una práctica habitual ir de compras el día de la “promo” y de más ofertas para ahorrar unos pesos.

El segundo condicionante tiene que ver con los octógonos -formalmente denominado Etiquetado Frontal de Alimentos (EFA)- que desde hace dos años deben exhibir los paquetes de alimentos industrializados.

Los sellos “exceso en azúcares”, “exceso en sodio”, “exceso en grasas saturadas”, “exceso en grasas totales”, “exceso en calorías” dividen las aguas, aunque en menor medida que los precios. De hecho, desde los supermercados y algunos pequeños comercios advierten que es muy poca la gente que se detiene a ver en detalle los productos.

“Lo primero que mira la gente es el precio y si está en oferta o no. Una vez que ve eso, empieza a comparar si alguno es más saludable que otro. Es muy poquita la gente, lamentablemente, que hoy puede darse el lujo de comprar algo que tenga menos sellos, más caro. A igualdad de precio, por supuesto, que se lleva el más saludable”, observa Rubén David.

Algo similar ve Eugenia en su quiosco: “la mayoría” de sus clientes se guía por los precios. A ello se suma que, salvo una marca de galletas, el resto de los productos que ofrece tienen los diferentes sellos.

Según información relevada por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA junto al Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea) y la carrera de Licenciatura en Nutrición de la UCA, un tercio de los hogares reconoce haber modificado sus hábitos de consumo a partir del etiquetado. Vale recordar que los sellos fueron incorporados en 2022, a partir de la ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable de fines del 2021.

Si bien el estudio realizado es exploratorio y no alcanza representatividad estadística, también se pudo establecer que “la visibilidad y lectura del EFA es moderadamente alta en la población encuestada, aunque las dimensiones de uso efectivo de las advertencias al momento de comprar, percepción de su utilidad para orientar cambios saludables y cambios efectivamente realizados muestran un comportamiento mayoritariamente concentrado en las opciones menos positivas (’de vez en cuando’, ‘muy pocas veces’, ‘nunca’ o ‘lo compro igual’), en particular en las personas que declaran mayor frecuencia de consumo de alimentos poco nutritivos”.

Los octógonos negros vigentes en el Etiquetado Frontal de Alimentos.
Los octógonos negros vigentes en el Etiquetado Frontal de Alimentos.

“Creemos que el impacto que ha tenido es que a la población, en general, le ha llamado la atención leer los sellos, ver que tienen más calorías, más sodio. Consideramos que muy pocas personas han realizado el cambio en la adquisición de estos productos más aún teniendo en cuenta que los sellos se refieren a los productos industrializados, dejando de lado la carne, el pan, las facturas, las tortitas, las frutas, las verduras”, explica la decana de la facultad de Nutrición en la UMaza, Cecilia Llaver.

La licenciada en Nutrición -que también formó parte de este análisis al trabajar con Sergio Britos de Cepea- coincide en que los octógonos solos podrían generar pequeños cambios. “No los deseables”, remarca a la vez que hace hincapié en una deuda pendiente: “Cuando surgió la ley de sellos y la de alimentación saludable, el compromiso era que fuera acompañado por educación nutricional. Creo que es la gran pata que está faltando”.

Distintas experiencias

Uno de los cuatro estudios que componen el informe de la UCA -al que accedió Los Andes- precisa que el 39% de las personas siempre lee el EFA y las mujeres tienden a darle más importancia que los varones. “Las personas con menor frecuencia de consumo de alimentos poco nutritivos tienden a leerlos y a usarlos (’a veces’) en mayor medida al momento de realizar cambios saludables, al contrario de aquellos con alta frecuencia de consumo de esos productos”, detalla.

Los testimonios son variados y reflejan, de algún modo, lo observado en el estudio “Etiquetado Frontal y decisión de compra de alimentos con exceso de nutrientes críticos en hogares con niños, niñas y adolescentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Licenciatura en Nutrición, UCA”, dirigido por Sergio Britos (junto a Bugallo O, Pinto M, Seré A) el año pasado.

Hay quienes, ante la igualdad de precio, ponen en el carrito aquel producto que tiene menos octógonos o no tiene. Otras familias han empezado a prestar más atención a la información nutricional y han reducido la compra, por ejemplo, de galletas para las meriendas de sus hijos.

La mayoría de los consumidores tiene en cuenta los precios antes que la cantidad de sellos de los alimentos envasados. / Los Andes
La mayoría de los consumidores tiene en cuenta los precios antes que la cantidad de sellos de los alimentos envasados. / Los Andes

Mientras la mayoría “lamentablemente” debe priorizar los costos a los sellos, algunos admiten que “para darse un gustito” no miran las etiquetas. “Yo directamente he dejado de ir a comprar; sólo compro lo estrictamente necesario. Me parece que exageran con los precios. No miro los sellos, si lo mismo lo tengo que comprar o si me doy un gustito”, cuenta Daniela en coincidencia con Stella.

Jimena, por su parte, reconoce que hace un tiempo se fijaba en la información nutricional, pero ahora prioriza los precios al igual que Mariana. “Galletas dulces y gaseosas casi no compro porque es lo más caro y tienen octógonos. Pero los fines de semana, no miro los sellos; son permitidos para compartir con familia y amigos”, apunta Jimena.

En la otra vereda están Claudia y Andrea que tratan, en la medida de lo posible, de acceder a alimentos saludables. Buscan marcas que tengan la menor cantidad de sellos posible. “Presto mucha atención y casi no compro en los super, sino en dietéticas”, menciona Claudia que ha modificado en el plan nutricional de la familia “aprendiendo a comer más natural”.

“Yo me fijo en los sellos y en la información nutricional porque trato de cuidarme por las enfermedades que han existido en mi familia y para poder hacer deporte”, completa Andrea.

Quioscos, niños y educación

“El 75% de los niños/as y adolescentes residen en hogares que no se han visto desalentados en sus consumos a partir del etiquetado frontal, y dicha situación es más prevalente en los hogares pobres, estratos bajos, y ciudades del interior del país”, describe el estudio “Alimentación, etiquetado frontal y autoproducción. Sistemas de protección y desigualdad social en la infancia argentina. Barómetro de la Deuda Social de la Infancia y Fundación Alimentaris″ que también forma parte del documento de la UCA.

De aquí que la educación y los quioscos saludables sean una alternativa para contribuir en el cambio de hábitos. “Acá en Mendoza, falta que se implemente la ley de Quiosco saludable que salió en el 2009; por tanto, en las escuelas se siguen vendiendo productos con sellos”, lamenta Cecilia Llaver que conoce algunas experiencias positivas en colegios privados que promueven que los estudiantes lleven meriendas saludables.

La licenciada en Nutrición insiste en que la educación no debe demonizar tanto los malos alimentos, sino favorecer el consumo de buenos alimentos. “Por ejemplo, una Coca tiene un sello de exceso de azúcar y un yogur tiene un sello. Cuando sabemos que la Coca no aporta ningún nutriente y el yogur aporta proteínas de buena calidad, calcio y nutrientes. Ahí, la gente se confunde”, grafica.

Desde el punto de vista de Llaver, si no hay educación para poder elegir, no va a tener buenos resultados “como ha pasado ya en Chile que han empezado a rever este etiquetado frontal”.

Ficha técnica del informe

El informe al que tuvo acceso Los Andes del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA junto al Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) y la carrera de Licenciatura en Nutrición de la UCA fue desarrollado a partir de cuatro estudios:

  • Tuñón, I; Maljar M., Robert N., Bauso N. (2024). Alimentación, etiquetado frontal y autoproducción. Sistemas de protección y desigualdad social en la infancia argentina. Barómetro de la Deuda Social de la Infancia y Fundación Alimentaris. Serie Agenda para la Equidad (2017- 2023). 1ª ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Educa, 2024.
  • Dirección Nacional de Abordaje Integral de Enfermedades No Transmisibles. Ministerio de Salud Argentina (2023). Estudio de opinión pública sobre la implementación de la ley 17.642 de promoción de la alimentación saludable.
  • Mariana Albornoz y Sergio Britos (2023). Composición nutricional de alimentos envasados en categorías de consumo recomendado por las guías alimentarias y el caso emergente de los productos a base de plantas, antes y después de la Ley N° 27.642.
  • Bugallo O, Pinto M, Seré A - (director) Britos S. (2023). Etiquetado Frontal y decisión de compra de alimentos con exceso de nutrientes críticos en hogares con niños, niñas y adolescentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Licenciatura en Nutrición, UCA.

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