Hace más de cinco años que Jonatan Lara, oriundo de Malargüe, dejó atrás su vida en Argentina para instalarse en San José, la capital de Costa Rica. La decisión fue repentina, pero no improvisada: luego de una década en Buenos Aires y con la idea de emigrar ya rondándole la cabeza, unas vacaciones causales en tierras centroamericanas lo impulsaron a cambiar su vida por completo.
“Yo ya me quería ir del país. Me iba a ir a España, pero vine de vacaciones a Costa Rica, me gustó y la gente me recibió muy bien. Ahí evalué muchas cosas, principalmente la economía, la estabilidad y el presente de Argentina”, cuenta en diálogo con Los Andes.
La fecha quedó marcada en el almanaque: el 17 de enero de 2020, poco antes de que comenzara una pandemia mundial derivada de la enfermedad llamada COVID-19. El encierro lo encontró recién llegado, pero por suerte pudo contar con el apoyo de una familia amiga que lo hospedó durante ese primer año difícil e impensado.
Jonatan Lara
Jonatan Lara, el mendocino que vive su sueño en Costa Rica a sus 37 años.
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“Al llegar me quedé encerrado y estuve un año sin salir. Por suerte no tuve que correr con gastos de alquiler y eso me ayudó mucho. Fue muy duro al principio, pero salí adelante”, recuerda Jonatan.
Ser barbero, la vocación que lo impulsó a emigrar
En Argentina trabajaba en un empleo público, pero su verdadera vocación era otra: la barbería. Lo sabía desde hacía tiempo, sin embargo, recién al salir del país decidió apostar por completo a esa vocación. “En redes sociales empecé a hacer contactos y me dieron la posibilidad de cortar el pelo en la casa donde vivía. Así surgieron mis primeros clientes”, relata.
El gusto por las tijeras, sin embargo, venía de mucho antes: “Mi abuelastro era barbero y me cortaba de chico. Siempre me llamó la atención. Y en un cumpleaños un amigo me regaló un kit y me dijo: ‘Ahora vas a empezar a cobrar’. Así empezó todo”.
A sus 37 años, Jonatan no solo trabaja en una barbería, sino que además la administra y ya piensa en abrir su propio local. Vive en San José, donde encontró un ritmo de vida que lo acomoda: gimnasio, café -se hizo fanático de él desde que llegó- y tijeras.
“Trabajo con un argentino de San Luis que está en proceso de adaptación, igual que yo cuando llegué. Le digo siempre: el éxito no llega de un día para el otro. Hay que remarla”, reflexiona.
Jonatan Lara
Jonatan Lara trabajando de barbero en Costa Rica.
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Ahora, en su mejor momento, Jonatan llegó a cortar hasta 30 cabezas por días, pero el promedio ronda entre ocho y quince cortes habituales. Consultado por las particularidades de su trabajo en el país centroamericano, él tiene una mirada alentadora: “Yo lo veo como un barbero entranjero, y el costarricense es muy consumidor de lo de afuera. Eso me abrió mucho las puertas”.
“Que Argentina saliera campeón del mundo también ayudó un montón”, agrega con fuerza.
Altibajos y decepciones: “¿Me voy o no?”
Sin embargo, no todo fue fácil. Hubo momentos duros, en los que pensó en volver a Argentina. “Muchas veces dije: ‘Mañana me tomo un vuelo y me voy’. Pero después pasaba la noche y pensaba: ‘Todavía no es el momento, hay metas que cumplir’”, dice en diálogo con Los Andes.
Aún así, hasta el día de hoy tiene un pilar fundamental en su vida que siempre lo apoyó y apoyará. Su mamá, desde Mendoza, siempre lo alentó a perseguir sus sueños y encontrar la cuota de felicidad. “Me dijo: ‘Vos siempre fuiste un soñador y sé que vas detrás de tus sueños. Así que soñá’. Además, ella ya estaba acostumbrada a que yo me fuera”.
Por otro lado, la relación con su padre fue más compleja. Si bien lograron tener un vínculo cercano, Jonatan se enteró de su fallecimiento por una publicación en redes sociales: “Vi una foto que decía ‘a un mes de tu partida’ y me quedé helado. Me costó procesarlo y fue muy chocante”.
“Yo desde hacía tiempo tenía ganas de volver a ver a mi papá, sentía esa necesidad. Fue un golpe duro”.
Jonatan Lara
El mendocino Jonatan Lara junto a su mejor amigo, quien lo sacó de la depresión y lo ayudó a salir adelante.
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A pesar de todo, logró adaptarse a su nuevo país sin grandes dificultades. “Nunca me costó adaptarme a Costa Rica ni a su cultura. Obvio que no cambio un asado por un gallo pinto, pero si uno quiere que las cosas fluyan, tiene que aceptar. Si vas al choque, no te va bien”, asegura. Incluso, hasta hace poco era el único argentino en su rubro dentro de la ciudad, por lo que influyó en un recibimiento confortable.
Su vida actual en Costa Rica y su futuro
Hoy disfruta de una vida más estable, pero aprovechó para remarcar los cambios recientes en el país y que lo tocan de cerca. “La inseguridad creció mucho. Costa Rica es un país de tránsito, sobre todo por el tema de las drogas, y hay bandas enfrentadas. Eso generó un clima más tenso”. Sin embargo, lleva una vida tranquila en su casa, en su trabajo y en sus tiempos libres.
Desde la distancia, asegura que lo que más extraña de Mendoza es la sensación de hogar. “Extraño el olor, caminar por ahí, sentir que estás en casa”. Sin embargo, siente que con el tiempo el apego familiar se va transformando, especialmente gracias a las redes sociales que hoy lo mantienen más conectado.
“La familia se extraña siempre”.
Las costumbres que conserva y su vuelta a Argentina
Pese al tiempo que lleva fuera del país, aún continúa manteniendo muchas de sus costumbres. “Las tortas fritas. Me encantan”, asume. En ese hilo, sorprendió al contar que consume mucho mate y gente de su entorno también, además de recordar que los mates de su madre “se toman con azúcar o amargo, y eso nadie lo recrimina”. También nunca pierde la oportunidad de comer una buena milanesa, a pesar de que cueste casi el triple que la comida típica de Costa Rica.
Según cuenta Jonatan con Los Andes, él no descarta sumar otro emprendimiento mientras avanza con su sueño personal. Junto a su colega argentino están pensando en vender milanesas al vacío, algo que no es común allá. “Acá no se consigue. No es como en Argentina, que vas a la carnicería y te llevás un kilo. Eso no existe”, dice entre risas.
Jonatan resume su experiencia con gratitud: “Yo siempre dije que el día que saliera de Argentina quería vivir de lo que me gusta. Hoy lo estoy haciendo. No hay nada más lindo que eso”.
“¿Si tengo pensado volver a vivir en Argentina en algún momento? Muy probablemente sí. En algunos años, pero todavía no. Siempre he dicho: ‘Quiero terminar mi vida en Argentina’. No veo terminar mi vida en otro lugar”, concluye Lara.