La ciencia avanza cada vez más en comprender los mecanismos detrás del cáncer de próstata, una de las patologías más frecuentes en los hombres. En ese contexto, la médica especialista en medicina funcional, Elina Meneo, explica que dos factores claves: l a inflamación crónica y el desequilibrio de la microbiota.
Señala que pueden desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de la enfermedad. “Primero, si hay inflamación, hay un cortisol elevado. De base. Y la inflamación crónica quiere decir que es una inflamación sostenida en el tiempo, y junto con la microbiota, juegan un papel crucial en cualquier patología”, señaló la profesional. Según Meneo, en el caso de la próstata, tanto el cáncer como la hiperplasia benigna prostática comparten un mismo terreno fértil: la persistencia de un proceso inflamatorio prolongado.
“Esta inflamación crónica y un desarrollo anómalo en la microbiota promueven o predisponen un ambiente para la progresión tumoral”, explicó. Ese desequilibrio microbiano —conocido como disbiosis— puede dañar el ADN celular y “crear un microambiente favorable para que la célula se adapte. Cuando digo se adapta, es que trata de sobrevivir, y cuando trata de sobrevivir empieza esa desestabilización del genoma que transforma la célula en una tumoral”.
Impacto del cáncer de próstata
Un informe de la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC), alertó sobre el escenario que plantea esta patología. En particular, puso en evidencia su alta incidencia: advirtió que 1 de cada 6 hombres desarrollará cáncer de próstata en algún momento de su vida.
Cáncer de próstata: 11.000 nuevos casos al año en Argentina
Cáncer de próstata: 12.000 nuevos casos al año en Argentina
“El cáncer de próstata es el tumor maligno más frecuente entre los hombres y la tercera causa de muerte por cáncer en varones en Argentina. Cada año se diagnostican más de 12.000 casos”, señaló el doctor Carlos Silva, director médico y coordinador del Área de Atención al Paciente de LALCEC. “En etapas iniciales suele no presentar síntomas, por lo que los controles urológicos anuales a partir de los 50 años —o antes en caso de antecedentes— son fundamentales. La combinación del tacto rectal y el análisis de PSA permite detectar a tiempo más del 90% de los casos”.
Por su parte, Martín Fleming, director ejecutivo de la entidad, señaló: “La detección temprana es la herramienta más poderosa que tenemos para salvar vidas. Este año queremos que toda la comunidad escuche con claridad un mensaje simple: no te cuides a medias. Con controles preventivos, el cáncer puede detectarse a tiempo. Y con el compromiso de todos, podemos seguir trabajando para llegar a cada vez más personas”.
Lo hizo en el marco de Noviembre Azul, la estrategia que durante este mes busca concientizar sobre la salud masculina y en particular sobre esta patología.
La relación entre la microbiota y la próstata
Meneo detalló que la microbiota intestinal y la del tracto urinario tienen efectos directos e indirectos en el organismo. La microbiota intestinal son los microorganismos que viven en el intestino, en una relación de simbiosis, de manera natural.
“Pueden inducir una inflamación prostática y luego desencadenar un proceso inflamatorio en cualquier órgano. En el caso de la próstata, esa inflamación crónica promueve tanto el crecimiento tumoral como la inflamación local del tejido”, afirmó.
Además, añadió que los metabolitos bacterianos —como los lipopolisacáridos— pueden ingresar al torrente sanguíneo y llegar a la próstata, generando inflamación. “Estas bacterias que son propias de nuestro cuerpo, y que normalmente no hacen nada, pueden empezar a generar andrógenos, que son hormonas masculinas, y promueven la progresión del cáncer de próstata”, señaló.
Factores de riesgo para el cáncer de próstata
La edad es el principal factor de riesgo: es más frecuente a partir de los 50 años y, sobre todo, tiene mayor incidencia a partir de los 65. Pero también tienen un peso importante los antecedentes familiares: el riesgo es mayor si padre o hermano tuvieron esta enfermedad.
Lalcec señala que cerca de un 10% de los casos de cáncer de próstata diagnosticados pueden darse como resultado de una predisposición genética o hereditaria.
Por eso, se recomienda que los chequeos comiencen a los 50 años, pero si algún familiar directo tuvo cáncer de próstata, deben comenzar a partir de los 45 años.
Cáncer de próstata: la inflamación crónica y el desequilibrio de la microbiota pueden desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de la enfermedad.
“Se estima que más del 40% de los diagnósticos de cáncer de próstata se hacen tarde, cuando ya hay metástasis. Esto último implica que las células cancerosas se desprenden de donde se originaron (el tumor primario) y se desplazan a través del sistema linfático o de la sangre. Detectar a tiempo cualquier alteración no solo mejora el pronóstico, sino también la calidad de vida. Es por eso que es importante realizarse los chequeos de acuerdo a la indicación médica y teniendo en cuenta los factores de riesgos”, explicó Silva.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, contempla algunos factores con un efecto menos claro en el riesgo del cáncer de próstata, y sobre los que la investigación ha hecho diversos abordajes.. Menciona la alimentación. “ Los hombres que consumen muchos productos lácteos pueden tener una probabilidad levemente mayor de padecer cáncer de próstata”, expresa. También se ha estudiado el consumo de verduras, productos de soya, café y complejos multivitamínicos. Sin embargo, ninguno de estos factores se ha relacionado de manera sistemática con el riesgo de cáncer de próstata.
Además, señala que las investigaciones han sugerido que la exposición a ciertas sustancias químicas podría aumentar el riesgo de tener cáncer de próstata, como es el caso del arsénico.
¿Puede evadirse la predisposición genética a desarrollar cáncer?
Los antes señalados, son factores de riesgo que no pueden controlarse. Pero el asunto es si algo en la forma y calidad de vida puede favorecer o atenuar estos factores de riesgo. En ese sentido, Meneo remarcó que la inflamación sostenida, acompañada de niveles elevados de cortisol, altera los procesos celulares. “Uno puede tener una predisposición genética, pero lo que determina si esa predisposición se expresa o no es el ambiente”, dijo. En ese sentido, destacó la importancia de la alimentación saludable, el ejercicio, el manejo del estrés y el acompañamiento psicológico. “Todo influye en la inflamación y la microbiota. Si tenemos un buen estado general, no vamos a desencadenar una inflamación ni una disbiosis”, afirmó.
Noviembre, mes de prevención del cáncer de próstata
“Si nosotros tenemos un buen estado general, no vamos a desencadenar una inflamación y no vamos a desencadenar que nuestra microbiota se altere, sino va a seguir funcionando como corresponde”, agregó.
Sin embargo, advirtió que muchas veces se opta por paliativos —como el uso prolongado de protectores gástricos para tratar la acidez— que sólo agravan el problema de fondo. “Con esa mala medicación empeoramos el microambiente del paciente, lo que puede predisponer a patologías como el cáncer de próstata o la hiperplasia benigna prostática”, explicó.
Las causas cotidianas de la inflamación crónica
Consultada sobre los factores de la vida moderna que favorecen la inflamación, Meneo fue tajante: “Una de las cosas más importantes es el sueño no reparador, el no dormir bien.”
La especialista explicó que el insomnio, el sueño interrumpido o la respiración bucal afectan la calidad del descanso y perpetúan el estado inflamatorio. “La higiene del sueño es fundamental. La falta de actividad física, la escasa exposición solar y las deficiencias de vitaminas D, B12 o B6 también hacen que nuestro cuerpo funcione mal, y eso nadie lo chequea”, advirtió.
En cuanto a la alimentación, Meneo señaló que, si bien se observa una tendencia hacia opciones más saludables, aún predominan los hábitos que deterioran el equilibrio interno. “Hoy comemos mal, y lo que antes no nos hacía daño, ahora sí, porque tenemos un nivel de inflamación crónica altísimo.”, sostuvo.
La médica también destacó la incidencia del estrés social y emocional, incluso en los niños y adolescentes, que favorecen la inflamación. “En los adultos, las malas formas de resolver los problemas emocionales agravan el cuadro”, apuntó.
En el caso de los hombres, explicó, el impacto puede ser aún mayor. “En ellos sigue siendo tabú decir lo que sienten. Es muy difícil que hablen de sus emociones; a veces necesito tres o cuatro consultas para que se abran totalmente”, relató.
Meneo agregó que los varones también enfrentan cambios hormonales que suelen pasar inadvertidos. “Ellos empiezan con la perimenopausia, la famosa crisis de los cuarenta, y luego con la andropausia, la de los cincuenta. Son alteraciones hormonales que juegan un papel importante en la sintomatología de los pacientes, que muchas veces se confunden con depresión o irritabilidad”, concluyó.