17 de enero de 2026 - 12:25

El "hombre de la bolsa" existió: la historia real del primer asesino en serie argentino

Detrás del mito con el que se asusta a los niños, se esconde la historia de Cayetano Grossi, un hombre cuya crueldad familiar superó cualquier leyenda urbana.

Cayetano Domingo Grossi llegó a Argentina desde Italia buscando un futuro mejor, pero terminó protagonizando las crónicas más negras del país. En 1896, el hallazgo de restos de un bebé en una bolsa inició una investigación que reveló un horror doméstico inimaginable: el hombre asesinaba a sus propios hijos.

Un rastro de ceniza y anís en la quema

La historia de Grossi comenzó a escribirse con sangre el 29 de mayo de 1896, cuando empleados de una quema de basura en Buenos Aires encontraron el brazo de un recién nacido dentro de una bolsa de arpillera. El hallazgo dejó a la policía desorientada durante dos años, hasta que en mayo de 1898 apareció un segundo cuerpo mutilado en el mismo lugar. Esta vez, el cadáver estaba envuelto en un saco de hombre de casimir negro, desgastado y con numerosos remiendos.

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Fue ese saco la pieza clave para atrapar al culpable. Los investigadores notaron que el desgaste en las espalderas era típico de los vendedores ambulantes que cargaban canastas con correas. Además, en los bolsillos hallaron restos de tabaco y semillas de anís, un hábito muy común entre los inmigrantes calabreses para combatir el mal aliento. Siguiendo el recorrido del carro de basura, la policía llegó a una precaria vivienda en el barrio de Retiro, donde residía Grossi con su concubina y sus hijastras.

El peso de una traición familiar

Al allanar la casa, los agentes descubrieron una lata debajo de una de las camas que contenía el cadáver de otro bebé envuelto en trapos. La investigación reveló que Grossi sometía a sus hijastras, Clara y Catalina, a violaciones sistemáticas. De esos abusos nacieron al menos cinco criaturas, a quienes Grossi asesinaba inmediatamente después del parto, ya fuera estrangulándolos o arrojándolos al fuego mientras las madres observaban bajo un estado de sumisión absoluta.

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Grossi intentó defenderse con cinismo hasta el final, culpando a sus propios hijos legítimos y a supuestos amantes de las mujeres por los crímenes. Sin embargo, las pruebas fueron contundentes y se lo sentenció a la pena máxima. Su caso no sólo dio origen a la leyenda del "hombre de la bolsa", sino que también expuso a una justicia que revictimizó a las mujeres de la familia, condenándolas a tres años de prisión por encubrimiento.

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Finalmente, el 6 de abril de 1900, Grossi fue fusilado en la Penitenciaría Nacional. Minutos antes de morir, fumó un cigarrillo tras otro y mantuvo su declaración de inocencia frente al cura Macceo. Su muerte cerró un capítulo de horror real, pero dejó viva una leyenda que, durante décadas, sirvió para que los niños no salieran solos a la calle a la hora de la siesta.

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