A diferencia de lo que suele verse y leerse en los manuales de historia de primaria, el 25 de mayo de 1810 no fue un grito unánime ni una fiesta inmediata en todo el territorio argentino. Y ni hablar de Mendoza, ubicada a 1.000 kilómetros del epicentro del nacimiento de la Primera Junta. Mientras en Buenos Aires comenzaba el proceso revolucionario aquel 25 de mayo -y que terminaría en 1816 con la independencia-, en Mendoza el panorama estaba atravesado y dominado por las dudas, las disputas de poder y una fuerte tensión política que pudo haber cambiado la historia regional.
Y es que aquella imagen romántica de una revolución abrazada por todos desde el primer momento poco se condice con lo que realmente ocurrió a lo largo y ancho de todo el país. Porque, aunque todo transcurrió aquel 25 de mayo de 1810, a Mendoza las noticias llegaron tarde. No solo ello, sino que las autoridades españolas instaladas en estas tierras intentaron resistir y buena parte de la elite local dudó antes de tomar posición.
Durante semanas, Mendoza quedó atrapada entre la fidelidad a la Corona y la incertidumbre de un nuevo orden político que todavía parecía lejano.
El miedo, los intereses económicos y los conflictos sociales marcaron la transición en Mendoza en 1810, donde -finalmente- fue el pueblo quien terminó empujando hacia la decisión final.
Revolución de mayo: una noticia que tardó casi 20 días en llegar a Mendoza
En plena era de redes sociales, mensajería instantánea, diarios digitales infinidad de vuelos de avión y constantes avances tecnológicos, la información viaja por todo el mundo en cuestión de segundos. Pero hace 216 años no existía WhatsApp para avisar que el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros había sido destituido por la Primera Junta y se había constituido el primer gobierno patrio en Buenos Aires.
Muy por el contrario, en 1810 el aislamiento geográfico convertía la circulación de información en una travesía lenta y precaria.
"Cabildo abierto del 22 de Mayo", obra de Pedro Subercaseaux.
"Cabildo abierto del 22 de Mayo", obra de Pedro Subercaseaux.
La noticia sobre la creación de la Primera Junta llegó a Mendoza recién en junio de 1810, casi veinte días después de los acontecimientos ocurridos en Buenos Aires. Según registros históricos, el primer aviso arribó el 6 de junio, aunque las autoridades locales decidieron esperar confirmaciones oficiales antes de pronunciarse.
Mendoza dependía políticamente de la gobernación de Córdoba, uno de los principales focos contrarrevolucionarios de la época. Y eso condicionaba cada movimiento.
Por entonces, el poder local en Mendoza estaba encabezado por funcionarios españoles vinculados directamente a la Corona. Entre ellos aparecía el subdelegado de Real Hacienda y Guerra, Faustino Ansay, una de las figuras más importantes del gobierno mendocino. La prioridad de ese sector era evitar que las ideas revolucionarias avanzaran sobre la región.
Mendoza, "amotinada" contra la revolución
Este combate contra la Revolución de Mayo en Mendoza encontró al español Ansay a la cabeza, junto a Domingo de Torres y Joaquín Gómez de Liaño. Los gobernantes se resistían a reconocer al nuevo gobierno porteño, ajustándose a la influencia política de Córdoba.
El conflicto comenzó a hacerse evidente el 13 de junio de 1810, cuando el oficial Manuel Corvalán llegó al Cabildo mendocino con la noticia de la destitución del virrey Cisneros y la creación de la Junta en Buenos Aires. Mientras gran parte del pueblo celebró el acontecimiento, las autoridades locales prefirieron demorar una definición.
La Revolución de Mayo de 1810: ¿Cómo se vivió en Mendoza?
La Revolución de Mayo de 1810: ¿Cómo se vivió en Mendoza?
Las tensiones crecieron durante los cabildos abiertos posteriores. Mientras desde Buenos Aires exigían apoyo político y militar para consolidar la Junta revolucionaria, Ansay y sus aliados defendían la postura contrarrevolucionaria. Había motivos ideológicos, pero también económicos.
Y es que, para muchos comerciantes y dirigentes locales, alinearse con Buenos Aires implicaba romper relaciones con un sistema colonial que todavía sostenía privilegios y estructuras de poder muy fuertes. A ello se sumaba que, mientras tanto y desde Córdoba, llegaban pedidos para reunir tropas y enfrentar a la Junta de Buenos Aires. El riesgo de un enfrentamiento armado comenzaba a crecer.
El pueblo, clave para inclinar la balanza
En medio de la incertidumbre política, las tensiones y el riesgo latente de un alzamiento armado en contra de la revolución, el pueblo adoptó un rol decisivo. Y la presión social empezó a modificar el escenario.
En contrapartida con las intenciones de los gobernantes locales, los sectores criollos más jóvenes comenzaban a mirar con simpatía la posibilidad de construir un gobierno propio y abrir el comercio. Ello derivó en que muchos vecinos presionaran para apoyar las ideas revolucionarias de Buenos Aires. Las noticias que llegaban desde Buenos Aires despertaban expectativas nuevas entre criollos, comerciantes y milicianos locales.
Ante este panorama, la situación derivó en una fuerte movilización popular que terminó imponiendo representantes afines a la Junta y obligó a las autoridades a entregar armas.
Archivo Histórico General de la provincia de Mendoza. Documentos patrimoniales de la revolución de mayo de 1810. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Archivo Histórico General de la provincia de Mendoza. Documentos patrimoniales de la revolución de mayo de 1810. Foto: Archivo Los Andes
El momento más crítico llegó el 28 de junio de 1810, cuando Ansay y sus seguidores intentaron organizar una rebelión armada tomando el cuartel local. Aunque hubo enfrentamientos, la mediación del presbítero Domingo García evitó un derramamiento de sangre.
Finalmente, el 10 de julio de ese año, con la llegada del coronel Bruno Morón para reclutar tropas, Mendoza confirmó su apoyo definitivo a Buenos Aires. Ansay y Torres fueron encarcelados y Gómez de Liaño enviado a España. Así, la Revolución de Mayo triunfó también en Mendoza.
Mendoza, de las dudas a ser el corazón de la independencia
La decisión de Medoza referida a adherir a la Revolución de Mayo no fue menor. Porque ese respaldo, años después, terminaría siendo clave: Mendoza se transformó en el corazón político y militar del proyecto sanmartiniano.
Ya sin rastros de aquellas dudas frente a la revolución, Mendoza terminaría por convertirse en uno de los territorios más importantes del proceso independentista sudamericano.
La Nación elige San Juan y no Mendoza para el acto central por José de San Martín
A partir de 1813, la provincia ganó relevancia política con la creación de la Gobernación Intendencia de Cuyo. Poco tiempo después llegarían figuras fundamentales como Marcos Balcarce y, sobre todo, el general José de San Martín.
Con San Martín, Mendoza dejó de ser un territorio periférico para convertirse en el centro neurálgico del Ejército de los Andes. Aquí se organizaron fábricas, se entrenaron soldados y se movilizó prácticamente toda la sociedad para preparar el histórico cruce cordillerano. Mujeres, esclavos liberados, artesanos y comerciantes participaron de una maquinaria colectiva que transformó por completo la provincia.
Y es que el propio San Martín entendía que la independencia argentina no podía sostenerse sin liberar también Chile y Perú. Toda esa estrategia comenzó a construirse desde Mendoza.