11 de julio de 2020 - 23:55

Crónicas de Di Benedetto: Un mano a mano con el dramaturgo Ionesco

El 13 de agosto de 1961, se publicó la entrevista que el mendocino le hizo al dramaturgo en Brasil

Con Eugene Ionesco ha sido posible una especie de reportaje neto –limpiamente, preguntas y respuestas-, sin necesidad de glosa, descripción o detalles circunstanciales.

Éste es el famoso autor de “La cantante calva”, “La lección”, “Jacobo o la sumisión”, “Las sillas”, “Víctimas del deber”, “Amadeo” y “Rinoceronte”.

-Su teatro, ¿es la negación del teatro de tesis, es el teatro anti-tesis?

-Sí. Todo teatro, lo quiera o no el autor, lo sepa o no, es anti-tesis, como lo es la pintura. Por ejemplo, el “Retrato de un hombre” o “Los impulsos secretos de los ritmos cósmicos” es o no pintura sólo si se ha logrado como tal. En Francia están los jóvenes críticos, que quieren salvar el mundo, y Sartre, que también quiere salvar el mundo. Ellos opinan que hacer teatro por hacer teatro es poco. No comprenden que la poesía sirve a hacer la poesía, la existencia a hacer la existencia.

-También “Rinoceronte” es teatro anti-tesis? ¿Puede afirmarlo?

-Sí. Es la tesis de la anti-tesis. Hay un tema como punto de partida; sin embargo, espero que la obra lo haya pasado.

-Se considera que es su defensa del individualismo.

-En efecto, lo es.

La escuela de París

-¿Usted piensa que su obra constituye la vanguardia de una corriente estética, literaria o teatral o bien que se halla inserta en una corriente?

-Algunos de nosotros hemos logrado crear una corriente que marca un esfuerzo hacia la teatralización. La prueba de su validez es que este teatro comienza a hacerse un poco en todas partes. Se puede decir que es la Escuela de París o el Estilo de París y que algunos –Beckett, Ghelderode, Jean Vauthier, Boris Vian, yo- la representamos.

-¿Cuáles otras tendencias distingue el teatro mundial?

-No veo gran cosa. Pero puedo decirle que hay un joven autor inglés importante. Se llama Pinter. Lucha solo contra el conformismo y los “bienpensantes”, los moralistas de derecha y de izquierda.

Las culpas de la merma

-¿El teatro se halla en riesgo de desaparecer?

-Eso se dice desde hace mucho tiempo, pero no me parece. Sólo una cosa puede hacerlo desaparecer: el teatro popular en realidad no es teatro popular. Hay un momento de crisis, pero pasajero.

-¿De quiénes es la culpa de esa reducción: de los autores, de los intérpretes y directores, del público o del cine?

-Es culpa de los autores, porque son burgueses (fijados por una esclerosis mental en piedra académica) o bien lo contrario, persiguen un objetivo de fijación de todas las clases de realismo y de moral social o de cualquier otra. Es culpa de los críticos, que en su mayoría tienen los mismos defectos que los autores. Y es culpa de una multitud de directores, que carecen de gusto, de audacia y de imaginación, que no tienen libertad creadora.

Ser de la época

-¿El teatro que usted representa, es de la época, está avanzando o en retardo con respecto a ella?

-El teatro constituye, a la vez, una estructura permanente y algo de su tiempo. Pero es difícil conseguir que se diga que un autor es de su época, porque todos juzgan que para ser de su época hay que pertenecer a la misma ideología de ellos. Más tarde se sabe (o se sabrá) si alguien respondió a su tiempo y a lo permanente.

-¿Qué consejo podría dar usted a los jóvenes autores y directores de teatro?

-Liberarse y reencontrarse.

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