Chanti. “Mi mejor taller de creatividad fue tener muchos hermanos”

Santiago González Riga, más conocido como Chanti, es el creador de "Mayor y menor" y de unos 50 libros de historietas. Foto: Mariana Villa / Los Andes
Santiago González Riga, más conocido como Chanti, es el creador de "Mayor y menor" y de unos 50 libros de historietas. Foto: Mariana Villa / Los Andes

Santiago González Riga siempre tuvo en claro que quería ser historietista. A pesar de los ‘no’ que encontró en sistema educativo, agradece el apoyo de su familia y de Eliana Molinelli que siempre lo alentó. Dice que tener proyectos lo hace sentir vivo.

Cuando uno empieza a escribir Chanti en el buscador más famoso del mundo virtual, aparece definido como “novelista”. Al aceptar la opción, la bajada -eso que aparece debajo del término buscado- dice “artista de bellas artes”. La realidad es que Santiago González Riga es “un contador de historias a través de dibujos” y se recibió de diseñador gráfico en la Universidad Nacional de Cuyo.

El quinto de ocho hermanos de la familia González Riga creció con el horizonte claro: hacer historietas. Y claro que lo logró, desde aquella primera publicación profesional en El Diario de Cuyo (de San Juan, en 1991) consiguió con viajes a Buenos Aires y golpeando puertas que sus trabajos se hicieran cada vez más conocidos hasta que con su “Mayor y Menor” rompió la barrera de los nichos de audiencias para llegar a todo el país (salvo a Buenos Aires) a través de las páginas de Rumbos desde 2003. “Fue como una gran ventana”, reconoce.

Ahora que ya es nombre propio y que las publicaciones gráficas masivas están en plena transformación digital, Chanti admite que seguirá apostando por el formato impreso. “A mí los libros me encantan. No van a morir porque veo que los chicos de ahora los están leyendo. Hago cosas para chicos sobre todo y los chicos están entusiasmados”, insiste y cuenta que siempre le gustó hacer historias largas.

Puedo crear una historia desde el principio hasta el final”, dice mientras muestra “La saga de los distintos” y anuncia que está por salir el tomo 3 de esa colección.

Ese entusiasmo se ve reflejado en sus redes sociales. Es habitual ver en el Instagram de este amante de la naturaleza y la montaña a niños de diferentes ciudades argentinas que le envían fotos rodeados de los libros de historietas o resultados de proyectos escolares que lo tomaron como inspiración o giras en las que firma textos -como este fin de semana en Córdoba-.

Niños de diferentes puntos del país siguen las colecciones de historietas de Chanti.
Niños de diferentes puntos del país siguen las colecciones de historietas de Chanti.

Una niñez creativa

En el comedor de su departamento iluminado por el sol de los primeros días de noviembre, con una biblioteca que reúne sus trabajos de fondo y una escultura de Guillermo Rigattieri que representa uno de los personajes de su libro “Criaturas” que se destaca al lado de una de las ventanas, Chanti se sumerge en los ‘70 y recuerda aquellos días de niñez que lo definieron.

Esa época en la que la programación de la “tele” -al principio en blanco y negro, después a color- duraba la mitad del día y que los dibujitos o programas infantiles tenían sólo dos momentos -a la salida del turno mañana y a la salida del turno tarde-. Esa época en la que decir que uno estaba aburrido era un sacrilegio. Esa época en la que chicas y chicos jugaban en la calle, leían historietas, tenían todo el tiempo libre.

Pienso ahora en los chicos que debe ser como más difícil ser creativo, porque en ese momento uno tenía que imaginar y pensar todos los días en qué me puedo entretener”, compara en tanto ejemplifica con esas ocasiones en las que armaban “la casa fantasma” en su vivienda de El Salto cuando iban de vacaciones y acudían los vecinos o se disfrazaban con lo que tenían a mano o armaban funciones de títeres o creaban personajes en cerámica. “Estábamos con la imaginación desbordante”, sintetiza con orgullo.

Más allá de ese contexto que compartimos quienes nacimos en los ‘70 entre libros y enciclopedias, Santiago nació en el seno de una familia numerosa. Llegó quinto y, como todo el clan, aprendió a expresarse a través del dibujo, alentados y apoyados por su madre y por su padre abogado al que “siempre le gustó el dibujo e hizo cursos por correspondencia”.

“Para mí fue buenísimo tener una familia numerosa; siempre digo que el mejor taller de creatividad que tuve fue tener muchos hermanos. Los chicos son entusiastas por naturaleza. Después, cuando nos hacemos grandes, vamos perdiendo ese entusiasmo. Cuando sos chiquito, con una tontería ya se arma una fiesta y al tener muchos hermanos como que ese entusiasmo se retroalimentaba. Todos éramos de hacer manualidades”, ratifica.

La mayoría de las historietas de Chanti son -como él mismo describe- muy fantasiosas. Foto: Mariana Villa / Los Andes
La mayoría de las historietas de Chanti son -como él mismo describe- muy fantasiosas. Foto: Mariana Villa / Los Andes

Cuenta que no era el único que hacía historietas y destaca la cercanía con Bernardo y Federico, quienes solían reeditar su propia enciclopedia que ilustraban ellos mismos con información que copiaban de los textos que tenían en su casa. Esa misma recopilación que usó Santiago en la primaria para demostrarle a una de sus seños que el Aconcagua no era el segundo pico más alto del mundo.

Aquel Chanti que entró a la primaria con toda la ilusión de aprender a leer y escribir para ya no depender de sus hermanos que le escribían lo que él quería contar en sus historias, pronto se chocó con la pared de un sistema educativo rígido en el que ni siquiera le permitían leer historietas durante el recreo.

“Se me abrió un mundo que era como de los adultos, yo quería saber qué decían los libros. Todo eso me encantaba. Pero fue todo con muchos ‘no’”, resume los siete años en los que tampoco pudo disfrutar las clases de dibujo que le gustaban un poco más. “Era feo las cosas que nos enseñaban a dibujar en ese tiempo en la primaria”, apunta.

El primer año de la secundaria en el Universitario Central no fue muy diferente. “No entendían que yo tenía la misma pasión por dibujar que por contar historias porque yo no era un dibujante. Solo contaba historias. Entonces la clase de dibujo me embolaban en la secundaria porque me hacían dibujar una alameda. No dice nada”, apunta.

El panorama cambió a partir de segundo año, gracias a las materias coprogramática de los sábados y especialmente por su profesora Eliana Molinelli. Si bien la reconocida escultora -fallecida en 2004- daba el taller de vitró, cuando Santiago le dijo que él quería hacer historieta no dudó en brindarle apoyo y su espacio. Tiempo después, en 6to año, hasta le organizó una muestra en el colegio e invitó al artista Mario Delhez.

“Ella era profesora de dibujo en la Facultad de Artes. Era una grossa. Me daba plena libertad. Todo el tiempo, era como súper efusiva y te alentaba. Entonces yo me empecé a sentir muy seguro con eso; además, desde que mi casa también me incentivaban y me apoyaban. Tanto mis padres como Eliana me dieron una gran seguridad de lo que hacía a pesar de los ‘no’ que me iba encontrando”, recuerda y confiesa que entonces ya había leído El Señor de los Anillos -el texto que ha leído más veces-a partir del cual quiso “hacer un libro parecido con un montón de personajes” para lo cual “hacía muñequitos y le sacaba fotos en la naturaleza”.

De profesión diseñador

A la hora de elegir una carrera universitaria, no había alguna que otorgara el título de historietista. “Cuando terminé el secundario mi gran pregunta era qué es lo que iba a hacer. Yo decía cómo se hace para ser historietista porque no tenía a nadie a quién preguntarle acá; no sabía para dónde ir y no había internet. Mi papá me dijo seguí una carrera universitaria porque eso te va a dar una herramienta y, si no te llega a ir bien, siempre vas a tener una herramienta; y, por otro lado, el estudio universitario te abre la cabeza de otra manera”, rememora.

Chanti estaba entre Diseño y Artes Plásticas. Confiesa que en aquella muestra de sexto año del CUC, Molinelli dijo a Delhez: “¿No te parece que tendría que seguir Artes Plásticas?”. Y Mario retruca: “No, andará muy bien en Diseño”.

“Me anoté en las dos y me incliné por Diseño porque iban mi mejor amigo y una amiga. Me hubiera encantado hacer Artes Plásticas, porque me faltó toda la parte de conocer materiales, técnicas. Eso me hubiera encantado conocer. Pero me sirvió muchísimo el diseño porque el diseño es comunicación visual”, especifica y explica que su profesión le ha servido para diseñar él mismo las tapas de sus libros, desarrollar algunos otros trabajos y entender a los diseñadores de las editoriales y de los medios cuando le daban las instrucciones de cómo enviar el material a publicar.

Mientras terminaba su carrera universitaria arrancó profesionalmente su trayectoria como historietista que ya supera las tres décadas con publicaciones en medios, con más de 50 libros, presentaciones en ferias y reconocimientos.

Chanti es amante de la montaña y activista del cuidado del medio ambiente.
Chanti es amante de la montaña y activista del cuidado del medio ambiente.

Como amante de la naturaleza y activista del cuidado del medio ambiente, se ha volcado por contar historias aunque sean “muy de fantasía” con animales reales. De hecho, “Mayor y Menor” ha sido lo más realista costumbrista que ha producido. Admite que se siente cómodo y disfruta crear para los niños -aunque también hay algunos para destinados a adultos-. “Me abren la cabeza porque lo bueno que tienen los chicos es que no te cuestionan las cosas, aceptan el humor de lo absurdo, son cómplices”, argumenta.

Cuenta -como ha dicho tantas veces- que sus sobrinos (tiene 16) son su laboratorio y fuente de inspiración. “La Historietería, por ejemplo, nació como un juego con ellos. Les decía que eligieran un color y, de acuerdo a eso, les contaba una historia inventada”, detalla.

-¿Cómo te ves en unos años?

-Siento que tener proyectos nuevos me hace vivir. Me gusta estar siempre innovando; por eso, cuando los chicos me piden el segundo libro de tal historieta, me pasa que yo quiero hacer otro tipo de cosas. Por ejemplo, estoy haciendo un libro de humor gráfico sobre la montaña con mis vivencias. Además, siempre tengo ganas de hacer un videoclip... También tengo ganas de escribir otra novela gráfica larga o llevar la “Saga de los distintos” a una serie en alguna plataforma.

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