Muy temprano, cuando ni siquiera amanece, el microcentro de la Ciudad de Mendoza está que arde: bocinazos, embotellamientos y tránsito a paso de hombre resultan, desde hace más de un mes, una constante de lunes a sábados.
Muy temprano, cuando ni siquiera amanece, el microcentro de la Ciudad de Mendoza está que arde: bocinazos, embotellamientos y tránsito a paso de hombre resultan, desde hace más de un mes, una constante de lunes a sábados.
El caos vehicular y el descontento de los comerciantes responde a las numerosas calles cortadas debido a las obras que puso la ciudad recientemente en marcha. En su mayoría están relacionadas con reconstrucción de lozas y cambio de cañerías de agua y cloacas.
Los sectores céntricos verán pronto sus calles remozadas, prolijas y mucho más transitables, aunque el “durante” resulta tedioso, eterno y repleto de quejas.
Tanta demora genera adentrarse en auto hacia la avenida San Martín y sus calles aledañas que muchos, a esta altura, optaron por estacionar sus vehículos a varias cuadras y llegar al “punto de conflicto” caminando.
Juan Manuel Filice, secretario de Desarrollo Urbano de la Municipalidad de Ciudad, admitió que agosto continuará generando algunas dificultades en el tránsito, pero subrayó que se trata de obras que eran indispensables encarar.
Desde el municipio se habló con los comerciantes para ayudar a mitigar la situación. Eximir de tasas es una de las medidas tomadas.
“La gente viene a quejarse como si fuéramos los responsables”, señala Gustavo Falcón, empleado de la empresa que lleva a cabo los trabajos en la esquina de Buenos Aires y San Juan, que comienza a verse “complicada” desde muy temprano y así continúa durante todo el día.
Jesús, que atiende un quiosco con Rapipago en Buenos Aires 114, dice que a esta altura ya ni escucha el ruido de las máquinas, aunque confiesa sentirse preocupado por el “combo” nada agradable que viene padeciendo en su local: invierno, pandemia y calle sin acceso vehicular con la consecuente merma de transeúntes. Solo se permite el acceso de frentistas. “Además del caos, las pérdidas económicas son impresionantes”, lamenta.
Unos metros más allá, Elena, empleada de una marroquinería, advierte que el municipio eximió de tasas a los comercios de la cuadra, pero asegura que, de todos modos, ese dinero no alcanza para compensar las pérdidas.
“De todos modos -recuerda- cuando se colocó el pavimento articulado, años atrás, fue mucho más grave, meses y meses trabajando a media máquina”.

Sin embargo, quienes más afectados se vieron en un principio --cuando no ingresaban más vehículos que los de los propios habitantes de la cuadra-- fueron las playas de estacionamiento.
“Menos mal que más tarde autorizaron a los empleados del sector a continuar dejando aquí sus coches”, expresa Claudio Albornoz, empleado en un playón.
También los tarjeteros se vieron perjudicados, como Carlos, que contó que al principio la pasó bastante mal, aunque luego le asignaron la cuadra siguiente para poder seguir trabajando.
“Por eso ahora tengo dos cuadras, porque a pesar de que Buenos Aires al 100 está cerrada, el estacionamiento se cobra igual”, dijo.
“Toda esta zona está afectada: calle Buenos Aires, San Juan, Entre Ríos y Lavalle, pero también otros puntos de la ciudad están provocando un gran caos”, indicó.
Desde el área de Desarrollo Urbano, Juan Manuel Filice sostuvo que se está trabajando en varios puntos de Ciudad, entre ellos: