El objetivo es analizar si la altitud, la radiación, la amplitud térmica, el estrés ambiental y las condiciones propias de la montaña modifican el perfil químico y morfológico de la planta. Y allí el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza, IHEM, dependiente del CONICET y la UNCuyo, tendrá un rol central para registrar, analizar y documentar lo que la ciencia confirme.
“A nivel mundial hay antecedentes científicos sobre cannabis y cáñamo cultivados en zonas de altura, especialmente en regiones como el Himalaya. Pero no hay estudios documentados en condiciones como las que ofrece Vallecitos, cerca de los 3.000 msnm. Si ya se observaron diferencias a alturas mucho menores, la pregunta que nos hacemos es qué puede pasar en la montaña mendocina”, explica a Los Andes Gonzalo Llamas Bianchetti, responsable del proyecto V3k.
Llamas Bianchetti será quien, junto a su equipo técnico y en articulación con los investigadores del IHEM-CONICET, aporte el material vegetal y los sitios de cultivo para llevar adelante el ensayo comparativo entre altura y llano.
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Cannabis medicinal: el inédito proyecto mendocino para producir a 3,000 msnm y que aportará información clave
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El equipo científico del IHEM-CONICET está integrado por los doctores Milton Aguilera, Martín Pavarotti y Oscar Bello. Además, el proyecto contará con acompañamiento agronómico para el seguimiento del cultivo a campo del ingeniero agrónomo Tomás Gómez.
“Tenemos la hipótesis de que la altura puede inducir cambios significativos en la producción de cannabinoides, terpenos y otros metabolitos de interés. El THC y el CBD son los más conocidos, pero la planta tiene más de 100 cannabinoides y decenas de compuestos que pueden tener valor terapéutico, agronómico o industrial. La montaña somete a la planta a condiciones muy particulares, y eso puede modificar su expresión”, resume Llamas Bianchetti.
El estudio trabajará con tres variedades nacionales. Una de ellas es Chatterbox, variedad propia de Llamas Bianchetti en proceso de inscripción ante INASE. La segunda es Aromito, variedad registrada por la empresa argentina Nisor SRL, y por último la variedad Batekú registrada por Jorge Magnone del Criadero Loco Yorsh, ambas se incorporarán como referencia comparativa bajo un acuerdo formal para investigación.
“La planta de cannabis suele quedar reducida en la discusión pública a una sola sustancia, el THC, que es el componente psicoactivo más conocido. Pero incluso el THC tiene aplicaciones terapéuticas en determinados contextos médicos. Y, además, hay muchos otros compuestos con potencial. La idea es estudiarlo con seriedad, medirlo y poner esa información al servicio de la medicina, la producción legal y la ciencia”, explica.
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El marco legal y la situación en Mendoza
En 2025, Mendoza sancionó y reglamentó la Ley 9.617, que regula el desarrollo del cannabis medicinal y el cáñamo industrial en la provincia. De esta manera, la provincia avanzó en la creación de un marco legal propio para ordenar, autorizar y fiscalizar proyectos vinculados a investigación, producción, industrialización y comercialización.
El eje central de la normativa es la creación del Registro Provincial del Cannabis y Cáñamo Industrial, organismo encargado de autorizar, controlar y fiscalizar toda la cadena productiva. La reglamentación establece que podrán participar personas físicas, empresas, ONG y asociaciones civiles, siempre que cumplan con los requisitos y obtengan las licencias correspondientes.
Otro punto clave es la trazabilidad. La normativa apunta a que cada etapa, desde la genética y el cultivo hasta el producto final, pueda ser registrada y controlada, con el objetivo de garantizar calidad, seguridad jurídica y legalidad.
La aprobación de esta ley y su reglamentación abrió una nueva etapa para distintos emprendimientos mendocinos. En diciembre de 2025, además, se puso en marcha el régimen de adecuación simplificada para que quienes ya contaban con autorizaciones nacionales pudieran iniciar su adecuación al marco provincial.
“En diciembre se abrió la inscripción al régimen simplificado, que permite que quienes ya venimos trabajando con habilitaciones nacionales podamos adecuarnos al régimen provincial. A nivel nacional cuento con Licencia Agrícola ARICCAME para cultivo y con credencial de INASE como fitomejorador. Ahora estamos avanzando con la aprobación del proyecto científico ante el Ministerio de Salud, que es un paso clave para terminar de ordenar el esquema de investigación, genética y producción”, explica Llamas Bianchetti.
El convenio de colaboración con el CONICET fue suscripto el 24 de abril pasado. De todos modos, el inicio de la producción a campo quedará sujeto a la aprobación final del proyecto por parte del Programa Nacional de Cannabis del Ministerio de Salud.
En este contexto, V3K se posiciona como uno de los primeros proyectos mendocinos en articular formalmente con el sistema científico para estudiar cannabis en condiciones de alta montaña. La apuesta no es solo productiva: busca generar información científica propia, con datos locales y bajo un esquema legal y trazable.
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Un proyecto sin antecedentes documentados a esta altitud
El proyecto que contará con acompañamiento del CONICET está compuesto por dos cultivos comparativos. Uno se realizará en Santa Rosa, en el llano mendocino, y el otro en Vallecitos, en plena zona cordillerana. La lógica del ensayo es partir de las mismas variedades, controlar el desarrollo del cultivo y comparar luego los resultados.
“Vamos a partir de la misma genética y de un diseño de cultivo comparable en ambos sitios. Se va a hacer seguimiento desde la germinación, el trasplante, el desarrollo vegetativo, la floración y la cosecha. Después se analizará qué produjo cada planta en términos de cannabinoides, terpenos, morfología y otras variables. La pregunta es muy concreta: qué cambia cuando llevás esa planta a la altura”, prosigue el responsable.
El ciclo completo de cultivo a campo demandará cerca de cuatro meses desde la germinación hasta la cosecha, aunque los tiempos dependerán de las condiciones climáticas y de la aprobación administrativa previa. La ventana estimada para comenzar sería entre septiembre y octubre, una vez superada la temporada de heladas.
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Para Llamas Bianchetti, el valor del proyecto está en combinar tres dimensiones que hasta ahora no habían convergido de esta manera en Mendoza: genética nacional, investigación científica y producción legal en altura.
“Si Mendoza quiere desarrollar una industria seria, no alcanza con cultivar. Hay que medir, documentar, registrar variedades, generar datos y trabajar dentro de la ley. Ese es el camino. Puede ser más lento, pero es el único que permite construir una industria real”, sostiene.
El posible aporte para la medicina
Desde el sector productivo entienden que una futura licencia provincial que autorice la comercialización de lo producido -siempre bajo control, trazabilidad y destino legal- permitiría que la investigación no termine únicamente en datos científicos, sino también en un aporte concreto al sistema de salud y a las organizaciones autorizadas.
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“Hoy uno puede cultivar plantas para investigación y, si no tiene autorizado el destino productivo o medicinal de ese material, debe destruirse: se quema, se composta o se hace una disposición final. Y es una pena, porque se trata de biomasa con posible valor terapéutico, producida bajo control. La licencia provincial permitiría que esa producción, si cumple con todos los requisitos, pueda ponerse a disposición de organizaciones habilitadas”, concluye Llamas Bianchetti.