18 de julio de 2026 - 08:00

Aumentaron 70% los intentos de suicidio en Argentina y en Mendoza también van en ascenso

Es un tema que enciende las alarmas en Salud Mental y que está asociado a un cúmulo de factores. Cuál es la edad más crítica y qué lo detona

Los datos oficiales exponen una realidad dramática que golpea tanto a nivel nacional como provincial. El análisis de los especialistas sobre las "huellas" en la adolescencia, el peso de la frustración y el preocupante rol de la virtualidad.

Los datos epidemiológicos recientes encienden una luz de alarma imposible de ignorar en el sistema de salud. En lo que va de 2026, los intentos de suicidio sin resultado mortal en Argentina registraron un incremento del 70,65% en relación con el promedio de los cuatro años previos, según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación. Mientras que la mediana acumulada para las primeras 25 semanas del año entre 2022 y 2025 se ubicó en 3.557 casos, el acumulado durante el período actual asciende a 6.070.

Mendoza no es ajena a esta tendencia en alza. Al evaluar el periodo comprendido entre enero y el 15 de julio de cada año, los números de la provincia ratifican el incremento en la cantidad de intentos registrados en el Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA): pasaron de 499 en 2024 y 440 en 2025, a un total de 523 en lo que va de 2026.

La problemática se vuelve aún más compleja al observar las tasas provinciales de suicidio consumado por cada 100.000 habitantes, que pasaron de 8,1 en 2023 a 11,7 en 2024 (el año 2025 se encuentra actualmente en proceso de cierre por Bioestadística).

Las edades más golpeadas y las alarmas tempranas

Al analizar este escenario, Manuel Vilapriño, director de Salud Mental de Mendoza, precisó que al contrastar los datos de suicidio consumado de 2024 contra 2023, en la provincia se detectó un aumento del 40%. El funcionario aclaró que, si bien una parte del incremento puede atribuirse a un mejor registro de datos, "asimismo hay evidentemente más casos".

Aumentan los intentos de suicidio: se destacan el quiebre de vínculos reales, el consumo de sustancias y la dificultad para tolerar la frustración como factores de riesgo.

Aumentan los intentos de suicidio: se destacan el quiebre de vínculos reales, el consumo de sustancias y la dificultad para tolerar la frustración como factores de riesgo.

Los registros oficiales permiten identificar comportamientos muy específicos según la edad. Mientras que en los suicidios consumados consolidados entre 2023 y 2024 la mayor incidencia se ubica en la franja de los 30 a 39 años, los intentos de suicidio se están incrementando marcadamente en la población adolescente.

Respecto a los menores, Vilapriño introdujo un matiz técnico sobre los registros: "Uno podría decir porque no todo autocorte, no toda lesión de autoagresión es intento de suicidio franco y real. A veces están dentro del concepto amplio de lo que sería todo lo relacionado con suicidio, es decir, suicidabilidad. Pero no necesariamente alguien que se corta se quiere matar, aunque parezca raro". Añadió que, aunque estadísticamente pueda quedar comprendido como un intento, esto depende de la valoración del especialista que aborde el caso.

No obstante, el director de Salud Mental advirtió sobre la aparición de conductas autolesivas incluso en infancias, aclarando que se trata de situaciones episódicas. "Son episódicos. Pero tenés intento de suicidio en chicos el año pasado, de 5 años y de 11 años", detalló, y reflexionó: "Que vos tengas un chiquito de 5 años que haga un intento, el mensaje es muy heavy. Eso pasó en Mendoza y permite comprender la complejidad en la que estamos".

La punta del iceberg: determinantes psicosociales y biológicos

Para entender qué ocurre detrás de estas cifras, los especialistas señalan una conjunción de factores biológicos, genéticos y psicosociales que actúan como disparadores de las afecciones mentales. "El suicidio o el intento de suicidio ¿qué es? Es un fenómeno que es la punta del iceberg. Es la expresión fatal, trágica de una enfermedad mental, aunque no siempre se trata de una enfermedad (definida así desde lo técnico), pero siempre es patológico", definió Vilapriño.

De acuerdo con el especialista, las enfermedades mentales comprometen el funcionamiento global de la persona a partir de un "estrés agudo o crónico" que dispara una genética preexistente. Al evaluar la franja de 30 a 39 años —donde se concentran los casos consumados—, el funcionario planteó como hipótesis epidemiológica que podría tratarse de trastornos iniciados en la adolescencia (entre los 15 y 25 años) que persistieron en el tiempo sin el tratamiento adecuado, o bien cuadros graves que ante un estresante muy importante a nivel familiar o laboral terminan desencadenando la conducta suicida.

Aumentan los intentos de suicidio: se destacan el quiebre de vínculos reales, el consumo de sustancias y la dificultad para tolerar la frustración como factores de riesgo. (Foto: Sanatorio Allende)

Aumentan los intentos de suicidio: se destacan el quiebre de vínculos reales, el consumo de sustancias y la dificultad para tolerar la frustración como factores de riesgo. (Foto: Sanatorio Allende)

Dentro de los determinantes sociales actuales que operan como factores de presión en el país, se destacan las dificultades socioeconómicas, la alta demanda laboral y la necesidad permanente de conectividad y productividad, variables que generan una profunda frustración.

El impacto de las pantallas, el aislamiento y las sustancias

El análisis oficial apunta de manera directa al quiebre de los vínculos reales frente a la virtualidad y el impacto de los consumos problemáticos en la provincia.

Por un lado, Vilapriño planteó los vínculos ficticios. Advirtió sobre el riesgo de la conexión permanente a las redes sociales en detrimento del contacto social directo. "Si vos estás permanentemente conectado con las redes y te alejas del ambiente y del resto de las personas, incluso de los vínculos... están con el celular los chicos y sin contacto con los padres, hablando poco con los padres o con los referentes de menores, y entre los mismos adultos también", describió el titular de Salud Mental, remarcando que el contacto con el otro y el núcleo familiar es un factor protector fundamental.

También se refirió al consumo de sustancias: El dato local es contundente. "En Mendoza el 87% de las personas que se suicidan tienen historia de consumo", subrayó Vilapriño, alertando sobre la naturalización social de estas conductas desde edades tempranas (como las denominadas "previas" a los 14 o 15 años) y el avance de sustancias altamente nocivas como la cocaína fumada en sectores con menores recursos económicos.

Tolerancia a la frustración y políticas a largo plazo

El diagnóstico del área de Salud Mental también describe un cambio generacional marcado por un individualismo notable y metas muy centradas en el "yo", lo que abre el debate sobre las herramientas otorgadas a las nuevas generaciones para procesar la adversidad. "Hasta qué punto estamos preparando una generación que permita tolerar las frustraciones, que permita tolerar las situaciones adversas, que permita tolerar que a veces hay que esforzarse más en la vida para lograr determinado objetivo. Todo eso es un pack que, asociado a la incapacidad de expresar las emociones porque el entorno no te escucha, porque no abre la oreja, no se acerca, va tirando, va juntando tierra debajo de la alfombra. Hasta que llega un momento que no la puede esconder más y explota de alguna forma", sentenció Vilapriño.

Finalmente, el funcionario remarcó la vulnerabilidad del cerebro durante la infancia y la adolescencia —etapa en la que el órgano mantiene su plasticidad hasta los 25 años—, señalando que cualquier trauma en este periodo deja una huella biológica y psicológica.

Ante la previsión de que las cifras puedan seguir en aumento debido al contexto socioeconómico y cultural, desde la Dirección de Salud Mental explicaron que se trabaja en el armado de una estructura preventiva más sólida en lo comunitario y territorial. Sin embargo, advirtieron que para lograr cambios sustanciales se requiere establecer políticas de Estado sostenidas en el tiempo: "Haciendo todo bien, en no menos de 10 años pueden verse cambios", concluyó.

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