A este cuadro se suman las fuertes nevadas registradas durante el invierno, que generaron una alta acumulación de reservas níveas. Durante la época estival, este deshielo alimentará con fuerza los caudales de los ríos de los que también se espera un incremento.
Un escudo en el pedemonte de Mendoza
En este marco, la provincia cuenta con un recurso sustancial para prevenir complicaciones urbanas cuando las tormentas son particularmente intensas: los diques de atenuación de crecidas y sus colectores aluvionales. Se trata de kilómetros de infraestructura diseñada fundamentalmente para evitar anegamientos e inundaciones en el área metropolitana. Sin embargo, afrontan un desafío cotidiano: para que funcionen eficazmente, deben mantenerse limpios, un objetivo complejo a la luz de las toneladas de basura que se extraen de manera continua.
Pablo Rodríguez, titular de la Dirección de Hidráulica de Mendoza, explicó que la función de estas presas consiste en retener volúmenes excedentes de caudales de lluvias y liberarlos de manera controlada.
Se concentran en la zona metropolitana y hay cinco diques de este tipo. De Sur a Norte, el sistema está integrado por: Dique Maure, Frías, Papagayos, San Isidro y Campo Espejo.
Todos estos diques desembocan en el canal Cacique Guaymallén, un colector de riego y desagüe aluvional que atraviesa toda el área metropolitana del Gran Mendoza.
“Hay que entender el ciclo del agua: la tormenta cae en el pedemonte, pasa por el dique aluvional, sigue por el colector revestido, llega al Cacique Guaymallén, de ahí va a Lavalle (a los sistemas de Tulumaya y Jocolí) y termina en las Lagunas del Rosario. Si tirás una botella de plástico acá en la ciudad, hace todo ese camino y el pobre productor lavallino la tiene que terminar sacando de su canal de riego. Esto aplica a cualquier cauce, acequia o canal”, alertó Rodríguez.
Preparativos provinciales para el verano: el Gobierno de Mendoza avanza en trabajos de limpieza y acondicionamiento de cauces y defensas aluvionales. Foto: Gobierno de Mendoza
En ese sentido, el funcionario reconoció que el verano pasado el sistema funcionó al límite y advirtió sobre la existencia de condicionantes críticos de cara a los próximos meses.
Qué función cumplen los diques de Mendoza
Para comprender el funcionamiento de estas estructuras, Rodríguez se refirió a la existencia de distintas tipologías de infraestructura hidráulica en Mendoza:
Diques de embalse (o presa embalse): almacenan agua para riego y generación de energía hidroeléctrica (como Potrerillos, El Carrizal, Agua del Toro y Valle Grande);
Diques derivadores: obras sobre el río diseñadas para derivar caudales, no para almacenar (como Cipolletti, Galileo Vitali o el del arroyo Las Tunas);
Diques de atenuación de crecidas: diques aluvionales o "diques secos" ubicados en el pedemonte. Su función es retener y almacenar temporalmente volúmenes excedentes de caudales de lluvia para liberarlos progresivamente, adaptándose a la capacidad de transporte de los colectores aguas abajo.
Estos últimos son justamente los que nos convocan en el marco de esta nota. Se trata, en realidad, de cauces naturales que han sido intervenidos sistemáticamente. Rodríguez dio como ejemplo que si se observara un mapa de hace un siglo, lo que hoy es el colector Frías era un cauce natural y torrencial que se activaba ante las precipitaciones. Con los años, estos cauces se revistieron con hormigón debido a que el crecimiento urbano demandaba ocupar esos espacios y garantizar la seguridad poblacional.
Sumó que, además, estas obras marcan fuertemente el ordenamiento territorial: el colector Frías es el límite entre Godoy Cruz y Ciudad; el Ciruelos divide Ciudad y Las Heras; el Blanco Encalada en Luján funciona como límite distrital, y el Cacique Guaymallén separa varios departamentos.
Cómo funcionan los diques y colectores para contener crecidas
Para explicarlo, el director apeló a un ejemplo ilustrativo: “Es como si llenáramos un balde de agua y abajo le hiciéramos un agujero. El diámetro de ese agujero tiene que estar diseñado de tal manera que, aguas abajo, no perturbe el crecimiento urbano”. Cuando baja una crecida desde la cuenca alta, choca contra la presa. El agua comienza a acumularse en el vaso del dique y, en la parte inferior, un descargador de fondo (un tubo de determinado diámetro) descarga caudales de forma regulada.
Un caso es el del colector Frías: “atraviesa la Ciudad de Mendoza y el Parque Cívico. Su sección y pendiente determinan una capacidad máxima de transporte de aproximadamente 250 m³/s. Los descargadores de fondo del dique Frías pueden erogar como máximo 125 m³/s cada uno. Todo el volumen excedente que desciende por la cuenca se almacena temporalmente en el vaso y se libera gradualmente”.
Calles anegadas luego de lluvias el verano pasado
Detalló que estas obras estructurales se componen de tres partes fundamentales: un núcleo o terraplén, que funciona como muro de contención principal; descargadores de fondo, que son conductos inferiores que erogan el caudal de forma controlada y el vertedero, una obra de control lateral diseñada para prevenir el colapso en caso de crecidas extraordinarias que superen la capacidad de diseño.
“La cota del vertedero se ubica por debajo del coronamiento para evitar que el agua pase sobre la presa. Ante un evento extremo, el excedente escapa por el lateral, dado que estas presas no están diseñadas para soportar el sobrepaso superior”, explicó.
El gran desafío: mantener diques y colectores limpios para que funcionen
Para que tengan una operatividad eficaz, lógicamente, sus kilómetros de trayectoria deben mantenerse sin obstáculos, una limpieza que es un verdadero desafío.
“Si los vasos de los diques o los colectores están colapsados por basura, el agua se va a desbordar y va a circular por los sectores urbanos”, advirtió Rodrigez.
“Te doy ejemplos concretos del año pasado. En algunos tramos del canal Pescara (que es un canal más rural, urbano y de riego) hubo un desborde. Cuando fuimos a ver, no se debió a falta de capacidad del canal, sino a que la basura de los vecinos había obstruido una alcantarilla. Lo mismo nos pasó en Tupungato, en el Arroyo del Molino, donde los productores tiraron restos de poda abajo de un puente y se trabó”. agregó.
En la municipalidad de la Ciudad dieron un dato estimativo del impacto: un canal obstruido con apenas un 30% de residuos ve reducida su capacidad de drenaje a la mitad. En ese estado, bastan solo 10 minutos de tormenta para generar agua en la vía pública. De todas formas, desde Hidráulica señalan que en esto incide la densidad del residuo.
En todo esto juegan diversas variables: una cuestión cultural asociada a la disposición de los residuos por parte de los usuarios, pero también hay quienes apuntan a los municipios, a quienes atribuyen no hacer limpieza y recolección adecuada. Como extra, la mayor urbanización, sobre todo hacia el pedemonte, ha dejado menos tierra “al natural” para el escurrimiento del agua de lluvia.
“Nuestro trabajo habitual es hacer el mantenimiento, pero también hay que hacer un llamado a la conciencia, esto no es una crítica al ciudadano, sino parte de una política ambiental”, subrayó.
Dijo que se tiran todo tipo de residuos sólidos urbanos. “Hace poco estuvimos trabajando en el colector Ciruelos y encontramos, en una franja de 20 metros, una gran cantidad de recortes de chapas que alguna metalúrgica o taller fue a tirar ahí para ahorrarse el costo de una disposición adecuada. Ahora estamos trabajando de manera más intensa con controles y multas para que les cueste mucho más caro que hacer las cosas bien”, señaló.
Y contó otro caso: “La vez pasada me llamaron por un incendio dentro del colector Frías, a la altura del puente San Vicente: habían tirado unas 20 cubiertas de gomería y se metieron a prenderles fuego para extraer el alambre de adentro y venderlo. Nos tiran de todo lo que te puedas imaginar”, resumió.