Home Riggs Popham, almirante británico-irlandés, diplomático y político, decidió en 1806 atacar Buenos Aires sin autorización oficial de su gobierno. La empresa parecía prometedora y consiguiendo una victoria poco importaría si existía o no algún permiso. Fue éste el peldaño inicial hacia las "Invasiones Inglesas".
Nuestro territorio estaba a cargo por entonces del virrey Rafael de Sobremonte y Núñez, que consciente de un posible ataque inglés, tomó medidas preventivas. A pesar de lo cual su figura ha sido muy maltratada por los historiadores, basándose para relatarla en informes de sus enemigos políticos.
Previendo un posible ataque Sobremonte solicitó refuerzos a España. Al no recibirlos, comprendió la necesidad de "armar al pueblo", pero no tenía elementos suficientes.
A diferencia de lo que normalmente se dice, actuó y muchas de sus medidas fueron acertadas, como contratar a dos buques corsarios al mando de capitanes franceses para proteger la zona.
De todas formas consideró que Buenos Aires no sufriría un ataque formal, sino intentos de saqueo. Idea alimentada por informes erróneos de sus subalternos.
Todo comenzó el 24 de junio de 1806, cuando Santiago de Liniers identificó a la pequeña flota de Popham por la Ensenada e hizo fuego impidiendo el desembarco.
Como los extranjeros tenían más aspecto mercantil que belicoso y tras el fuego se alejaron, este oficial francés al servicio de España los creyó inofensivos. Envió entonces un mensaje equívoco al virrey, donde arriesga: "… aunque la distancia deja descubrir bien los cañones, a beneficio de un buen anteojo, solo puede distinguirse que son barcos alterosos y de poca guinda, muy diversos del aspecto de los buques de guerra ingleses que tengo vistos hasta ahora… ".
Consecuentemente las medidas tomadas aquel día fueron escasas y -ante la falta de amenazas- Sobremonte resolvió asistir a una función de teatro. Un hecho por lo cual se lo fustiga aún, partiendo de la versión intencionalmente inexacta que dio Mariano Moreno:
"... Para el 24 de junio a las oraciones llegó un parte del comandante de la Ensenada en que comunicaba haber intentado los ingleses un desembarco por aquel lugar y haberlos resistido con el fuego de la batería. El marqués recibió esta noticia y se dirigió inmediatamente a la Comedia con la misma serenidad que en una paz tranquila… ".
Las naves regresaron y comenzaron el desembarco. Buenos Aires entró en pánico. Buscaron detenerlos pero la superioridad bélica inglesa los apabulló. Los invasores no se inmutaron y tomaron la ciudad. El virrey marchó a Córdoba, buscando organizar la reconquista y fue tildado inmediatamente de cobarde. Sin embargo, su "huida" y traslado del tesoro hacia Córdoba era exactamente lo que debía hacer. Se trataba del plan de defensa virreinal, establecido en 1797 por el virrey Antonio Olaguer Feliú. En el artículo 33 del documento leemos:
"Si tomada la plaza de Montevideo intentasen los enemigos ir a Buenos Aires (… ) se providenciará que todo caudal que haya en aquellas reales cajas se conduzca tierra adentro hasta Córdoba o más adelante según pareciere conveniente".
Como vemos, la historia se encuentra plagada de hombres y mujeres juzgados muy a la ligera.