15 de agosto de 2019 - 00:00

Sobre el tratado de libre comercio - Por Ricardo Ruiz Vega

La historia nos enseña que el intercambio de bienes y servicios hizo grandes a los pueblos que lo practicaron.

Recordemos los fenicios, fundadores de importantes factorías circundando el Mediterráneo y litoral Atlántico. También Cartago, que disputó a Roma la hegemonía del Mare Nostrum, motivando las Guerras Púnicas. En tiempos más recientes Inglaterra que, desde islas sin mayores recursos económicos, dominó el mundo. A Portugal y Holanda, cuna de comerciantes exitosos. Concluyendo con este brevísimo repaso, la “ruta de la seda“ uniendo China e India con Constantinopla (hoy Estambul) llevando riqueza a Venecia, Florencia y Génova. Hoy China la reconstruye con modernas autopistas y vías ferroviarias.

El comercio crea y/o aumenta el valor de los bienes transables intercambiando, además, cultura entre los pueblos. Siendo verdad de perogrullo es posible leerlo en bibliografía elemental como libros destinados al estudio de alumnos secundarios en escuelas de comercio.

En consecuencia los tratados tienen como finalidad facilitar la realización de negocios, creadores de riqueza.

En junio de 1999, hace 20 años, comenzaron las tratativas tendientes a concretar el Tratado de Libre Comercio entre la UE y el Mercosur.

Fue una política de Estado, realizada por diferentes gobiernos argentinos que gobernaron en ese lapso, actualmente concretado, salvándose muchísimas dificultades.

El tratado implica la integración de la región con un mercado de 800 millones de habitantes, casi una cuarta parte del PBI mundial, y más de US$ 100.000 millones de comercio bilateral de bienes y servicios.

Sin embargo, hemos escuchado varias voces oponiéndose al acuerdo logrado; muchas, de personas que ejercieron importantes cargos durante gobiernos anteriores. Ello, sin considerar que faltan aproximadamente cinco años para que pueda entrar en vigencia, pues debe ser ratificado por los países europeos (28) y sudamericanos (4). Aún queda largo camino por recorrer y muchas vallas que salvar.

La necedad de las críticas y/o el egoísmo electoralista, no pierde oportunidad para oponerse y así llevar, otra vez, a que nuestros empresarios puedan evitar dificultades para concretar negocios y, con ello, contribuir a que Argentina se ponga en marcha para alcanzar el ansiado desarrollo, comenzando a salir de la postración y decadencia que lleva alrededor de 90 años.

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