Los Liceos Militares y el Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno están pasando una vez más por un momento crítico; esta vez no es por agresiones externas, sino por errores no forzados.
Los Liceos Militares y el Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno están pasando una vez más por un momento crítico; esta vez no es por agresiones externas, sino por errores no forzados.
Ante la publicación el fin de semana, en diversos medios de comunicación masivos, de la destacada trayectoria personal y profesional de dos egresados de nuestros institutos, pensé que tal vez no existe un conocimiento acabado del "diamante" que el Estado tiene entre sus manos para generar recursos humanos altamente calificados a fin de mejorar el estado de cosas, no sólo de nuestro querido país, sino del mundo. Sí, parece una exageración, pero no lo es: tenemos egresados que se destacan en el mundo.
Estamos dejando morir de a poco la gallina de los huevos de oro. Primero fue el intento fallido de reformular la Visión y Misión de los Liceos Militares, ahora es la falta de respuesta ante el justo y desesperado pedido de nuestros docentes para que les equiparen el sueldo con los de las jurisdicciones donde desarrollan su extraordinaria labor educativa. Sólo piden equidad, no aumento salarial, ni situaciones de privilegio; sólo cobrar lo mismo que cobra un docente de su provincia y recibir los aumentos cuando corresponda en el mismo porcentaje.
Para los que pasamos por estos magníficos institutos está claro que sus fortalezas se apoyan en dos pilares: uno, la calidad académica; el otro, la impronta de valores que transfiere la formación militar. El primero está herido gravemente; no quiero decir herido de muerte porque estaría induciendo a pensar que ya no hay solución. Hay solución y no es compleja ni onerosa a la luz de lo que nuestros institutos le devuelven a la sociedad a través de sus egresados. No estoy dispuesto a pensar que hay una intención velada de que los Liceos y el ISMDDC desaparezcan, aunque muchos lo piensan y lo dicen.
A través de estas líneas quiero llegar a quienes se sientan involucrados, en forma vertical y horizontal, directa o indirectamente en el sostenimiento y mejora de este peculiar modelo educativo.
Los institutos dependientes del Ejército forman personas que se insertan profundamente en nuestra sociedad, el país y el mundo. Los recursos que se invierten en esta tarea no caen en saco roto, entonces, ¿por qué tantas dudas en sostener uno de los pilares que permite devolver a la sociedad hombres y mujeres de tanto valor?
Los institutos se podrían transformar fácilmente en referentes de la educación pública en las provincias donde están presentes, sólo hay que tomar la decisión.
Le pido, a la comunidad educativa en su conjunto, a los egresados y a todos los que sientan que pueden hacer algo para retornar a las fuentes de nuestros Institutos que lo hagan de inmediato, antes que la gallina de los huevos de oro muera.
Nos hemos alejado un poco de lo que el Coronel Ernesto Florit escribió en la primera Orden del Día del LMGSM, con la dureza y frontalidad que caracterizaba a los hombres de la época, decía:
"… De ello se deduce que el Poder Ejecutivo persigue, con patriótico afán, el propósito decidido de hacer del Liceo Militar un instituto modelo, donde las familias argentinas puedan tener la seguridad más absoluta de que sus hijos habrán de hallar las nobles virtudes que forjaron el carácter de los grandes varones de nuestra patria, la cultura científica media que sus mentes necesitan antes de abordar estudios superiores, la preparación militar que la defensa nacional requiere de ellos y las reglas de urbanidad que corresponden a su condición de futuros oficiales y futuros universitarios. Tan importante obra de cultura nacional implica una gran responsabilidad para los encargados de ejecutarla y es por ello que, desde el director hasta el más modesto empleado de este instituto, deben ajustar su conducta a las más severas normas de justicia, corrección y cumplimiento del deber, sin consideración de ninguna especie hacia las necesidades o los intereses personales. Pero esa misma misión y ese mismo carácter determinan, con igual rigidez, el aplauso y el premio del colaborador eficiente, de la iniciativa útil y de la conducta ejemplar. Ser del Liceo Militar es un honor que es preciso merecer con dignidad, calidad y patriotismo".
Esta idea fue la que hizo que nuestros institutos aún perduren, más allá de las tormentas. En el contexto actual, volvamos a las fuentes.