Semillas: hay que evaluar nuevas técnicas disponibles

El autor asegura que conseguir material de sanidad asegurada, termina beneficiando a los productores cada vez que inician una nueva campaña hortícola. Cree necesario defender la calidad de los productos de la región.

Las plagas y enfermedades son las principales enemigas de las plantas. Causan graves pérdidas económicas y afectan el vigor por medio de un debilitamiento general, la falta de crecimiento e incluso la muerte. A veces las plantas quedan afectadas para temporadas siguientes, por ejemplo en el caso de enfermedades virósicas.

Unos pocos patógenos, tales como nemátodos, hongos o bacterias, pueden moverse cortas distancias por su cuenta y, de esta manera, afectar en zonas cercanas a su fuente de inóculo.

Es el caso de la peronóspora de la vid, por ejemplo, que cuando infecta secundariamente a partir de la fuente primaria (el primer inóculo que produce lesiones) lo hace en saltos de 1 a 2 m de su fuente de inoculación.

En algunos casos, los hongos se distribuyen por el crecimiento de sus hifas (tejidos filamentosos que crecen en el suelo sobre materia orgánica), afectando a raíces de plantas ubicadas a unos pocos centímetros.

Sin embargo -y es el caso que nos ocupa en esta columna- muchos patógenos pueden estar presentes sobre o dentro de semillas, ser distribuidos por éstas y, por lo tanto, recorrer grandes distancias.

Cuando esas semillas son comercializadas pueden viajar de un continente a otro. Una de estas enfermedades es la que produce el tizón de la hoja en zanahoria (Alternaria dauci) o la podredumbre de la raíz (A. radicina).

Estudios locales muestran que estas dos especies de hongos, en semillas de zanahoria producidas en Mendoza y San Juan, se encuentran presentes en 0,04 y 0,23%, respectivamente, lo que refleja las buenas condiciones para la producción de semillas locales. La semilla procedente de Francia y comercializada en Australia presentaba un 0,35% de infección.

La diseminación de los patógenos a través de las semillas, material de trasplante (esquejes, bulbos, bulbillos, tubérculos, etc.) es de gran importancia porque introduce al patógeno en el área de siembra al comienzo de la temporada y permite a éste multiplicarse y ser diseminado secundariamente por el agua, insectos o elementos de trabajo (tijeras, equipos, otros).

Esta posible diseminación del agente causal de la enfermedad por medio de las semillas también es digna de cuidado porque lleva esos patógenos a nuevas áreas donde nunca habían existido.

En tal sentido, los servicios de sanidad agropecuaria (Senasa, Iscamen) monitorean zonas y evitan directamente el ingreso de material que pueda ser fuente de enfermedades.

Las empresas productoras de semillas hortícolas en general están obligadas a realizar controles y certificar ausencia de enfermedades en semillas cuando éstas son destinadas a un mercado externo, pero lamentablemente no hay muchos controles para el mercado interno.

Éste no es el caso del ajo semilla, que debe ser certificada libre de Sclerotium cepivorum, agente causal de la Podredumbre Blanca, para ser introducido en la zona de Calingasta, en San Juan (Res.234/2011. Secretaría de Agricultura, Ganadería y Agroindustria de San Juan) o el caso de otros materiales de propagación, como papa semilla o viveros, que están fiscalizados por el Instituto Nacional de Semillas (Inase).

Por otro lado, debido a la aridez de la zona de producción de semilla en Cuyo, son pocas las enfermedades que se transportan y/o transmiten por semillas hortícolas.

Las que presentan importancia son las bacterias que afectan tomate y los hongos de suelos en ajos y cebollas, como el mencionado S. cepivorum y/o Fusarium spp.

Se ha observado un aumento de enfermedades en estas semillas cuando son obtenidas por productores y no se realizan los controles apropiados en los puntos recomendados.

Las empresas semilleras realizan estrictos controles por dos motivos principales: disponer de un material de sanidad asegurada, que sea el elegido por el productor y de esta manera realizar sus ventas y también para evitar posibles demandas por parte de productores al infectar sus cultivos por patógenos que van en sus semillas.

Bajo este contexto, es que en reuniones internacionales de patólogos de semillas se presentan día a día métodos de análisis cada vez más fiables y referidos específicamente a patógenos en particular y no en general. Dicho en otras palabras, ya no se solicita un análisis de hongos en semillas sino una determinación de tal o cual patógeno en particular.

ISTA (siglas en inglés para la Asociación Internacional de Análisis de Semillas) publica en su sitio web protocolos actualizados sobre métodos de determinación de patógenos en semillas.

Esos protocolos (31 en total correspondientes a 23 hongos, seis bacterias, tres virus y un nemátodo - la suma supera 31 debido a que hay protocolos para más de un patógeno) están libremente disponibles en la web y fueron publicados luego de la realización de análisis comparativo entre laboratorios para validar la metodología.

Mediante su consulta el lector podrá inferir la infraestructura que es necesaria para llevar estos análisis a cabo. Esa infraestructura demanda equipamientos y reactivos generalmente importados y de gran costo, así como personal calificado.

El desarrollo de esa tecnología es aún más caro, dado que la puesta a punto de estas técnicas demanda dos o tres años de ensayos de laboratorio.

En el último simposio de sanidad de semillas de ISTA, el séptimo, que se desarrolló en Edimburgo (Escocia) entre el 12 y el 14 de junio, se presentaron nuevas técnicas que involucran tanto el uso de Reacción de la Polimerasa en Tiempo Real (RT-PCR) como análisis de imágenes multiespectrales o el desarrollo de secuenciación de nueva generación para la visualización de patógenos en semillas.

La primera técnica se emplea en Argentina desde hace unos años y no sólo permite identificar fidedignamente un patógeno sino también que posibilita su cuantificación en semillas.

La técnica se basa en la amplificación de determinadas secuencias de ADN propias del agente patógeno (hongo, bacteria o virus). Es una técnica muy rápida que permite, en 180 minutos, tener un resultado confiable.

De las técnicas previamente mencionadas, la última es empleada para la identificación de enfermedades en material vegetal, aunque no en semillas todavía. La segunda es una novedad que será probablemente desarrollada en el corto plazo.

Todas estas técnicas, pero en particular la primera, que es la que muestra mayor utilidad, especificidad y repetitibilidad en su implementación, necesitan del apoyo de empresas privadas o asociaciones de productores.

De esta manera, desde entes estatales se pueden desarrollar y/o adecuar estas técnicas a los cultivos de la zona, en beneficio del productor, principalmente y para defender la sanidad de la región.

En este sentido, desde la EEA La Consulta INTA, se está elaborando un proyecto para obtener financiación que permitirá costear los trabajos de determinación de Sclerotium cepivorum, agente causal de la podredumbre blanca en ajo, por PCR en tiempo real.

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