Hoy se cumplen exactamente 205 años desde que José Francisco de San Martín fuese nombrado Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo. Es decir, de Mendoza, San Juan y San Luis.
Hoy se cumplen exactamente 205 años desde que José Francisco de San Martín fuese nombrado Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo. Es decir, de Mendoza, San Juan y San Luis.
La designación se llevó a cabo por Gervasio Antonio Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tras el pedido insistente del Libertador.
Para éste, era fundamental tener todo el poder sobre la región a efectos de preparar el cruce a Chile y desde allí liberar Perú, centro mismo del poder español.
Desde su llegada a Mendoza, la provincia fue para San Martín un verdadero refugio. Aquí contó con el apoyo de Tomás Godoy Cruz y Toribio Luzuriaga, quizás los hombres en quienes depositó la mayor confianza.
Su desempeño como gobernador fue descripto con gran precisión por la historiadora mendocina Teresa Giamportone. Gracias a estudios como el suyo sabemos que San Martín inculcó hábitos en los cuyanos estableciendo normas contra la vagancia, el delito y el juego. En esta línea, prohibió a los peones concurrir a las pulperías durante los días de semana. Además, las mismas debían cerrar a las 22:00. Acertadamente incorporó “alcaldes de barrio” —llamados decuriones— para mantener el orden.
El sistema de salud no fue dejado de lado. En la ciudad existía solamente un hospital, hizo entonces levantar otro exclusivo para sus soldados y propagó la vacuna antivariólica.
La situación era verdaderamente compleja pues Mendoza sufría una fuerte crisis económica. Para subsanarla tomó varias medidas. Logró, por ejemplo, que el gobierno central suprimiera los impuestos a la exportación de productos cuyanos. De todos modos no significó un alivio para la población ya que incrementó la recaudación fiscal en todo Cuyo e impuso contribuciones voluntarias y forzosas.
Otra de las maneras de conseguir fondos fue secuestrando bienes de los prófugos. También confiscó herencias españolas sin sucesión y tomó los diezmos eclesiásticos.
Pero el pueblo no fue el único en padecer privaciones, San Martín hizo reducir a la mitad los sueldos estatales, incluyendo el propio.
A todo esto sumó una serie de obras de irrigación que ampliaron la superficie cultivable en nuestra provincia. Los nuevos terrenos fueron vendidos a bajo precio y esto produjo un crecimiento enorme en la agricultura mendocina.
Nada escapaba al orden. El general llevaba una especie de agenda donde apuntaba todo. En un pequeño fragmento de la misma leemos: “El granadero de la 2° y del 3° Clemente Ahumada, se queja contra el Alférez Arias por haberle dado de palos en la formación - Carteles para los peones de la fábrica de pólvora - Llamar a Don Clemente Godoy - Preguntar a San Luis si ha llegado allí Lucas Durán - A Pescara que de los 400 caballos que debe remitir todos sean escogidos - Pedir noticia del dinero existente en caja para el primero del mes - Al Cabildo que avise a los Decuriones que la bandera encarnada es señal de alarma y la bicolor de buena suerte - Pedir la causa de Aldoy y Guerrero - Que mande el administrador dos cajones de velas a Uspallata”
Con tanto por hacer nuestro primer gobernador comenzaba a trabajar cerca de las 5:00 de la mañana. Terminando exhausto cada noche. Muchas veces no lograba conciliar el sueño. Tanta presión lo sumergía en pozos de tensión nerviosa y amargura, avivada por la desconfianza de muchos. Llegó a confesar a Tomás Guido que la idea de atravesar esas inmensas montañas le impedía dormir. En otras oportunidades los desvelos eran fruto de su mala salud.
Aún sufriendo espantosamente, los días más felices de su vida transcurrieron aquí. A medida que avanzan los meses, se sintió cada vez más a gusto. Su amor por Mendoza se hizo fuerte. Hasta el día de hoy, su “ínsula cuyana” -como bautizó a la provincia- no ha dejado de corresponderle.