Jorge Sampaoli es el entrenador del Seleccionado argentino de fútbol desde hace al menos un semestre. La diferencia es que ahora fue blanqueada su situación, la cual flotaba en el ambiente de la dirigencia futbolística sin que ninguna voz lo expresara con claridad. El flamante conductor de la Selección ya se presentó abiertamente en su condición de tal durante una conferencia de prensa realizada el viernes pasado en Sevilla, donde reside. Nada que sorprenda: lo sabían los jugadores del plantel, los dirigentes de la AFA y también Edgardo Bauza, el anterior director técnico.
Ya en diciembre del año pasado, el recambio del cuerpo técnico del equipo nacional se había corporizado como un secreto a voces.
Tampoco ésto obró como una novedad: el gatopardismo - cambiar algo de forma para que nada se modifique de fondo - ha sido el modus operandi de la Asociación del Fútbol Argentino desde hace años, reforzado como nunca en la gestión de Julio Humberto Grondona durante poco más de tres décadas. Sin la presencia física del líder hegemónico indiscutido, la sucesión para ocupar el sillón presidencial estuvo consensuado por el llamado 'grondonismo sin Grondona'. El reparto de los cargos principales en el comité ejecutivo afista así lo testimonia.
Con dos meses de gestión, la conducción que encabeza Claudio "Chiqui" Tapia en la AFA está claramente ligada a la capacidad de la toma de decisión que demuestra el vicepresidente Daniel Angelici. Éste, a su vez presidente de Boca Juniors, ejerce el poder real dentro de la entidad aunque en lo nominal ocupe el segundo cargo en importancia. El titular xeneize es el nexo directo con Mauricio Macri, tras una relación anudada cuando la máxima autoridad del Ejecutivo presidía el club xeneize. Hasta el propio Tapia, quien además es el yerno de Hugo Moyano, se contradijo con declaraciones que se tornaron extemporáneas aún bajo la permanencia de Bauza: "¿Quién dijo que el "Patón" se iba? Es el técnico de la Selección y tiene contrato". Diez días después, apenas, se produjo la desvinculación del DT de manera oficial.
Sobrevive una matriz cultural en las entrañas del fútbol argentino que se resiste al cambio hasta por una cuestión identitaria. Los entramados de los sucesivos círculos aúlicos que han gobernado la AFA desde su constitución - mediados de la década del '30 - a la fecha representan un sello distintivo a la hora de reproducir el control. El espíritu de cuerpo transforma al colectivo como un ente corporativo en el cual la pertenencia se paga a cambio de una sumisión absoluta. El lobbismo es el gen de la dirigencia futbolística cual si aquél fuera parte de su documento de identidad. La delgada línea entre pertenecer o no al grupo dominante condiciona la recolección o permanencia de miembros hasta por auto censura. Y así, las variaciones que se reclaman desde los menos favorecidos siguen lejos de consumarse hasta que el eventual pedido de equiparación entre clubes grandes y chicos se va extinguiendo como una vela encendida.
En épocas de crisis, el pésimo manejo en AFA de la transición entre un cuerpo técnico y otro implica una erogación calculada en alrededor de 100 millones de pesos, una suma a pagarse en concepto indemnizatorio por triplicado. Los acreedores son los dos precedentes - Bauza y Gerardo Martino - y también el nuevo grupo que dirige Sampaoli, ya que se debe afrontar el monto de la cláusula de rescisión con el Sevilla español porque el contrato regía hasta junio del año que viene. En otra actitud que roza el papelón, una de las intenciones de la actual dirigencia afista es abonarle menos a la entidad andaluza ofreciendo a cambio la presentación de la Selección en un partido amistoso. Ergo: uno de los seleccionados más prestigiosos del mundo exponiéndose a jugar gratis para compensar una suma por indemnización a un entrenador, lo cual presupone un grotesco propiamente dicho.
El eje del problema marca que la transparencia es parte de una utopía en la realidad del fútbol nacional. Las variantes que se anuncian como hechos transformadores terminan decantando en que sólo se cae en la sensación de una renovación parcial y no total de las estructuras que mantienen el poderío. El silencio y las negociaciones entre bambalinas son una marca registrada y logran que el entorno se auto satisfaga y suponga que los plazos por venir le favorecerán respecto de sus intereses primarios. En consecuencias, la política del cortoplacismo domina la escena por sobre el proyecto a mediano o largo plazo.
El caso Sampaoli es apenas uno más en un escalonamiento de decisiones que se desencadenan en un efecto dominó. Toda una estrategia de manejo que logra confundir, disuadir y amesetar toda posibilidad de variación real hasta que la impetuosidad del reclamo inicial va perdiendo gravitación tarde o temprano. La astucia de Julio Grondona supo convertir este tipo de procesos hasta naturalizarlos como lo único posible. Sus sucesores aggiornaron la idea madre: control de manera discrecional y desactivación inmediata de cualquier oposición detectada. Caudillismo patriarcal, en síntesis.