Julian Assange asegura haber ayudado al ex analista de la NSA Edward Snowden a organizar su huida, una asistencia que tiene sabor de revancha para el fundador de WikiLeaks recluido desde hace un año en la embajada de Ecuador en Londres y temeroso de caer en el olvido. Snowden se encontraba ayer con paradero desconocido tras no haber tomado el vuelo Moscú-La Habana que tenía reservado, pero el australiano dijo que estaba “en un lugar seguro y con buen ánimo”.
“Desafortunadamente no podemos revelar en qué país se encuentra en este momento”, agregó Assange en una teleconferencia de prensa desde la legación diplomática, explicando su silencio por “las amenazas belicosas procedentes de la administración estadounidense”. WikiLeaks reveló el domingo que Snowden, requerido por espionaje por la justicia de Estados Unidos, les había pedido poder utilizar “su pericia legal y su experiencia para garantizar su seguridad”.
La web especializada en filtraciones anunció al mismo tiempo que el estadounidense, de 30 años, se dirigía “a Ecuador a través de una ruta segura con el fin de obtener asilo”, tras haber abandonado “legalmente” Hong Kong, su refugio desde el 20 de mayo, acompañado de “diplomáticos” y una consejera legal de WikiLeaks, Sarah Harrison.
Snowden, cuyo pasaporte fue invalidado por Estados Unidos, abandonó el domingo la ciudad china rumbo a Rusia con un “documento de paso de refugiado” que le emitió el gobierno de Quito.
WikiLeaks precisó que el fugitivo no solo pidió asilo a Ecuador sino también a otros países.
Su portavoz, Kristin Hrafnsson, citó a Islandia, donde operan organizaciones de defensa de los derechos cívicos en relación a la vigilancia de datos privados, y luego agregó con misterio: “Creo que nos vamos a abstener de decir más en este momento”. Los gastos del viaje corrieron a cargo de WikiLeaks, sin la ayuda de ningún otro gobierno u organización, señaló Assange.