Pasaron más de siete años desde que salió a la venta "Vinagre y rosas", el decimoquinto álbum de estudio del cantautor español Joaquín Sabina, sin contar el que grabó en 2012 con Joan Manuel Serrat y que llevó por nombre "La orquesta del Titanic".
Pasaron más de siete años desde que salió a la venta "Vinagre y rosas", el decimoquinto álbum de estudio del cantautor español Joaquín Sabina, sin contar el que grabó en 2012 con Joan Manuel Serrat y que llevó por nombre "La orquesta del Titanic".
Ahora, el autor de "19 días y 500 noches" ha vuelto al ruedo con "Lo niego todo", álbum que salió a la venta en marzo y que el artista presentará en Mendoza el último día de octubre, cuando arranque su gira por cuatro ciudades argentinas.
En "Lo niego todo" Sabina apela a textos profusos, donde una y otra vez se regodea en visitar las aristas del personaje nocturno, mujeriego, excesivo y perdedor que ha sabido delinear en su vasta obra.
Pareciera con la reciente placa querer refundar su propia leyenda de trovador desde un repertorio autorreferencial hasta la médula y con sonido industrial.
Envuelto en los sonidos propuestos desde la oficialidad rockera por la producción de Leiva y con la apoyatura del poeta y escritor Benjamín Prado en ocho de las 12 canciones registradas entre octubre de 2016 y enero de este año, Sabina cambió bastante para seguir siendo el mismo.
La nueva aventura del cantautor de 68 años apela a textos intensos, en los que quizá la única arista novedosa sea, con cuentagotas, mirar más de cerca la vejez y la muerte que se acerca.
Sin embargo, aunque en "Lágrimas de mármol" asegure que "dejé de hacerle selfies a mi ombligo", todo el cancionero de "Lo niego todo" es un incesante regodeo en historias intimistas y personales donde no solamente por la utilización de la primera persona se desprende que Joaquín es Sabina.
En ese derrotero, las plumas del juglar y de su compinche Prado abundan en esas tramas de alcoba, de maldiciones urbanas y de críticas que nunca van más allá de los pies de la cama.
Y es una pena, porque si bien Sabina no es un compositor de barricada, sus pinceladas sociales daban cuenta de una mirada aguda para derrumbar los supuestos de la sociedad de consumo, pero ese aporte deberá esperar a un próximo material.
De hecho, la única pieza con referencias políticas es la atractiva "Leningrado" donde apela a una relación pasajera y trunca para cuestionar no ya al sistema imperante en todo el planeta sino al derrumbado régimen comunista.
En el registro destaca nítidamente la que da título al disco ("Si es para hacerme daño/sé lo que me conviene/He defraudado a todos/empezando por mí") y la trama de "Postdata" con música de Ariel Rot ("Tú firmabas la paz/yo buscaba el desquite/Hubo un error de cálculo/En ser nosotros dos").
Pero la más lograda expresión del universo sabinesco en la placa se aprecia en la balada de cierre "Por delicadeza" que comparte con Leiva y donde le dice a su pareja: "Me acusas de abrazarte al por menor/de barajar las cartas boca abajo/Me acusas de encontrar siempre un atajo/Para tratarnos peor/".
En el debe del flamante cancionero hay que apuntar la forzada voluntad radiable y multigénero de las melodías que acompañan las canciones, ofreciendo pizcas de diversos estilos para entregar su bloque híbrido.
Tampoco suma el escaso aprendizaje del cantautor acerca de la igualdad en materia de género y culturas cuando escribe en "Quien más quien menos" que el protagonista de la historia "cambió a la familia por dos mulatas de culo obsceno".
La gira argentina
La vuelta de Sabina con "Lo niego todo" se corporizará, por ahora, en cuatro ciudades argentinas de la mano de un tour que comenzará el 31 de octubre en el Arena Maipú de Mendoza y que seguirá el 4 de noviembre por el Orfeo de Córdoba y el 8 se hará notar en el Metropolitano de Rosario.
La estada más prolongada de Sabina será en el Luna Park porteño donde ya agotó las funciones de los días 11, 12, 15 y 16 de noviembre y sacó a la venta cuatro nuevas fechas para 22, 23 y 29 de noviembre y 1 de diciembre.