En abril de 2008 el Gobierno del presidente Raúl Castro autorizó que civiles cubanos pudieran contratar líneas de teléfonos celulares, y a fines del año siguiente Zunzuneo daba sus primeros pasos apoyada en la incipiente red telefónica existente mediante mensajes de texto.
Fue en esos momentos, a principios de 2009, cuando fue arrestado en Cuba el estadounidense Alan Gross. Subcontratado por la agencia estadounidense de ayuda al desarrollo (USAID), Gross fue detenido y condenado por distribuir sofisticados equipos de telecomunicaciones satelitales precisamente en momentos en que esa entidad buscaba hacer despegar el proyecto Zunzuneo.
Gross fue detenido y, a pesar de ello, Washington siguió adelante con el proyecto. "El gobierno sabía que Gross había sido arrestado, y siguió adelante. Debía saber que eran actividades de riesgo que, si descubiertas, provocarían la ira del Gobierno cubano y potencialmente pondrían bajo riesgo la integridad de Gross", dijo el analista Marc Hanson, del Washington Office on Latin America (WOLA).
En la actualidad, Cuba posee alrededor de 2 millones de teléfonos celulares (que sirven a aproximadamente el 20% de la población), pero en 2008 eran apenas 330.000.
Como los celulares se pagan en moneda local convertible (CUC, equivalente a un dólar), la mayoría de los cubanos aún usa los celulares exclusivamente para mensajes de texto, precisamente la plataforma utilizada por Zunzuneo. Aunque el programa fue ideado, aplicado y cerrado durante el gobierno de Barack Obama, el Departamento de Estado informó que, según informaciones disponibles, ni el actual secretario, John Kerry, ni su antecesora, Hillary Clinton, sabían del proyecto.
La Oficina de Intereses de Cuba en Washington afirmó en una nota que el episodio "demuestra más que el Gobierno de Estados Unidos no ha renunciado a sus planes subversivos contra Cuba, que tienen como propósito crear situaciones de desestabilización en el país".