El sacerdote católico francés que estuvo secuestrado durante un mes y medio en Nigeria por un grupo islamista llegó ayer a París desde Camerún, donde fue recibido por el presidente François Hollande.
El sacerdote católico francés que estuvo secuestrado durante un mes y medio en Nigeria por un grupo islamista llegó ayer a París desde Camerún, donde fue recibido por el presidente François Hollande.
El avión que traía a Georges Vandenbeusch desde la capital camerunesa, Yaundé, junto al ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, aterrizó en el aeropuerto militar de Villacoublay, cerca de París, poco después de las 6.30 locales (2.30 hora argentina), constataron los periodistas.
El ex rehén, sonriente, fue recibido por unos diez familiares, por miembros de la diócesis de Nanterre y por François Hollande, que destacó "el valor, la lucidez y la abnegación" del sacerdote.
El presidente francés pidió a las familias del resto de rehenes franceses en el mundo "comprensión" y "paciencia" con la estrategia discreción del gobierno en estos asuntos.
"Mientras no hayamos rescatado a todos nuestros compatriotas, continuaremos luchando discretamente para asegurarnos que ningún francés se encuentra secuestrado por ser francés", dijo Hollande, y señaló que las autoridades "hacen todo lo posible por liberar" a los seis rehenes franceses en el mundo, dos en el Sahel y cuatro en Siria.
El sacerdote, de 42 años, fue secuestrado el 13 de noviembre por hombres armados que irrumpieron de noche en su parroquia en el extremo norte de Camerún, y se lo llevaron a la vecina Nigeria.
El secuestro fue reivindicado poco después por el grupo islamista nigeriano Boko Haram, que ha sembrado el terror en su país en numerosos atentados contra cristianos y objetivos del gobierno.
Tras su liberación, anunciada la mañana del martes por Hollande, el ejército camerunés llevó a Vandenbeusch a la capital Yaundé, y lo acompañó hasta la residencia de la embajadora francesa. El sacerdote apareció el martes más delgado, con barba, y vestido con una simple camiseta blanca.
"Valoro la suerte que he tenido. Hay rehenes que permanecieron por desgracia mucho tiempo secuestrados", declaró.
Vandenbeusch dijo estar "en plena forma", y describió su cautiverio como muy aburrido, ya que se pasó todo el tiempo bajo un árbol, sin poder leer, oír la radio o hablar con otras personas.
Sin embargo, dijo que sus secuestradores no lo maltrataron.