15 de junio de 2018 - 00:00

¿Qué cambiará en Cambiemos? - Por Carlos S. La Rosa

Será el oficialismo el que deberá cuidarse de los excesos, que pueden incluir rupturas y resentimientos.

Desde el punto de vista político, el debate sobre la legalización del aborto recién a partir del día después a su media sanción, cobrará efectiva carnadura. Hasta ayer muchos sospechaban que se trataba de una mera cortina de humo para tapar otros problemas, pero ahora, se haya querido eso o no, la cuestión adquiere gran envergadura porque de aprobarse en Senadores se tratará de un cambio histórico que más allá de su trascendencia intrínseca, también pondrá a prueba las lealtades políticas como efecto del voto absolutamente transversal que se produjo.

Lealtades que afectarán mucho más al partido de gobierno que a la principal oposición, la cual sigue siendo un abanico de desuniones donde además es uso frecuente cambiar de camiseta ideológica según conveniencia (como aquel diputado que con el menemismo votó la privatización de las  jubilaciones y con el kirchnerismo su estatización, pero además fue el miembro defensor informante en ambas casos demostrando un grado de esquizofrenia política total; no sólo el legislador, sino el partido que lo colocó en esos dos sitios opuestos).

El actual oficialismo, en cambio, es una conjunción electoral reciente que mantiene una unidad política más o menos precaria entre gente de muy diversos orígenes e ideas que ahora, en este tema de valores, pondrá a prueba si marcha hacia una verdadera coalición de gobierno o si es un amontonadero más capaz de conquistar el poder que de ejercerlo.

Justamente en este momento en que Cambiemos está más cuestionado que nunca económicamente y donde no son pocos los que dudan si Macri sabrá conducir la crisis o si su gobierno tiene un rumbo, la cuestión del aborto será un desafío que servirá para fortalecerlo o debilitarlo según la respuesta que sepa darle en cuanto a la manutención de la unidad política entre sus sectores internos.

En principio, luego de una larga década donde el partido y el gobierno fueron nada más que la voluntad única de un matrimonio líder y la totalidad de sus legisladores meros levantamanos o aplaudidores, ver la libertad con que ayer cada diputado del oficialismo y del resto de los partidos ejerció su voto, fue un soplo de aire puro.

Además el debate se dio entre valores quizá inconciliables, cosa que debería ser normal en una democracia, tal vez el único sistema capaz de vivir con diversos criterios de verdad, donde la verdad puede buscarse desde la libertad personal y no desde la imposición de sus supuestos exégetas.

Hemos vivido ayer una sesión en las antípodas de la más horrible que se vivió en nuestra democracia: aquella donde desde el poder con ínfulas de absoluto, se obligó a todo el oficialismo legislativo a votar a favor del ignominioso pacto con Irán que de hecho buscaba indultar a los acusados del crimen de la AMIA. Allí, la conciencia de una inmensa cantidad de legisladores oficialistas les indicaba no votarlo, pero sin embargo todos bajaron la cabeza y obedecieron la irracional orden monolítica. Fue el momento más bajo de nuestra democracia. Ayer se vivió lo contrario.

Pero, ahora será sobre todo el oficialismo quien deberá cuidarse de los excesos, que pueden incluir rupturas y resentimientos del más variado tenor.

Y también autoritarismos varios.

Deberá cuidarse Cambiemos de actitudes como las de los chicos de Franja Morada que quisieron imponerle a dos legisladores mendocinos el voto a favor de la ley cuando ambos ya habían expresado su negativa. Y a la inversa, deberá también cuidarse de exabruptos como en un rapto de furia pronunció ayer Elisa Carrió que indignada por lo contrario de lo que defendían los de Franja Morada y porque su gobierno esta vez votó en contra de lo que ella piensa, amenazó con romper todo como si fuera su patrona.

Es que habrá que ver, ahora más que nunca, si el gobierno que hoy nos gobierna es capaz de contribuir a derrotar las intolerancias que aún hegemonizan casi todas las prácticas políticas argentinas, o si sucumbe a sus tentaciones.

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