En los últimos años, los feminismos irrumpen en la escena social para poner en cuestionamiento las políticas públicas, las relaciones de pareja, el transitar por el espacio público, la política, el ámbito laboral. Por muchos años fueron espacios y ámbitos cuyo funcionamiento sostiene, promueve y justifica la opresión, la violencia y la exclusión hacia las mujeres. ¿Por qué el deporte estaría exento del sistema machista, y por lo tanto de su cuestionamiento?
Eliminar a las promotoras de las carreras de autos responde a los cambios sociales en Argentina y el resto del mundo tal como lo advirtió en su comunicado la organización de competencias a nivel nacional, pero, además responde a lo establecido por la ley 26.485 de “Prevención, sanción y erradicación de la violencia hacia las mujeres” (2009).
¿Acaso el lugar que ocupan las promotoras no responde a prácticas que fomentan la violencia simbólica y sexista? Debemos ser conscientes y responsables de que los mensajes que se transmiten en un deporte y espectáculo de tal magnitud nos ubican a las mujeres como objetos de deleite visual masculino. De esto mismo se trata la cosificación.
La cosificación lleva a que más personas (mujeres) dejen de serlo para solo ser objeto de acompañamiento resaltando determinadas características físicas y suprimiendo sus cualidades, capacidades, experiencias, vivencias y aportes para convertirla en una cosa. Tendríamos que preguntarnos
¿Deja de ser un deporte porque no haya promotoras? ¿Dejarán de asistir los aficionados a las carreras porque ya no están mujeres acompañando autos? Son interrogantes que nos permiten pensar cuál es el lugar de las mujeres en este deporte, pero además es una oportunidad para abrir el debate en otro sentido. ¿Cuántas mujeres corren carreras? ¿Cuántas son aficionadas?
Son interrogantes abiertos. Estamos en un momento social protagonizado por la movilización de las mujeres y ningún ámbito de la vida cotidiana puede obviar ese movimiento. Ponemos en tela de juicio la cosificación en los medios de comunicación y en el deporte no porque somos las “feas” que tenemos envidia de las “lindas”, como se visualiza en tantos comentarios por las redes sociales, sino porque sabemos la influencia negativa en la percepción que niñas y adolescentes adquieren de sí mismas, en la apreciación de su cuerpo, en el establecimiento de prioridades y en la formación de creencias.
Nuestro trabajo y compromiso está direccionado en desestabilizar un sistema patriarcal y machista que nos oprime por el tan solo hecho de ser mujeres teniendo como consecuencia máxima los femicidios y violaciones. Si de algo somos responsables las feministas es de pensar y accionar para reclamar al Estado políticas públicas para el abordaje de todos los tipos de violencia hacia las mujeres.